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| Javier Méndez Vedia de el Extra, El Deber, para ¡OH! |
Más de 300 ex trabajadores de YPFB viven en el limbo del subempleo | Miran al futuro desde su profesión de electromecánicos, electricistas, especialistas en perforación y en seguridad industrial. No ocultan la añoranza por los tiempos en que Camiri mantenía al TGN, pero tampoco están amarrados al pasado. Ese futuro tiene un camino: Ley de Hidrocarburos y dos destinos: gerencias de exploración y explotación para Camiri
El hombre se levanta cada día y ve que el espejo le devuelve una esperanza que se resiste a morir. Calza unas botas de cuero con puntas aceradas, viste su camisa caqui y comienza su diario periplo. El hombre vive en la joven ciudad de Camiri, fundada el siglo pasado; joven pero, paradójicamente, antigua capital petrolera.
En lugar del casco petrolero, se enfunda una gorra y amarra a la cintura la bolsita con coca. Ahora, que venga la jornada. El cachete brilla con su carga verdosa, el músculo está listo y las ganas sobran. ¡A perforar!, parece decirle su cuerpo, pero todo ese ímpetu tiene que aplastarse en una de las bancas del Sindicato de ex Trabajadores Petroleros. Ahí, donde antes bullían las multitudes organizando movimientos para pedir el 11% del 11% de regalías, donde se exigía al centralismo capitalino la instalación de servicios públicos, ahora unos cuántos vegetan esperando los retazos de un empleo. Como Ricardo, el hombre de la camisa caqui, cerca de 300 esperan hacer cualquier cosa para poder 'parar la olla'.
Y pensar que antes, a unos metros de ahí, los brazos faltaban. A la entrada de la ex empresa se colgaban letreros: "Se necesitan trabajadores". Y llegaban oleadas de ingenieros, perforadores y mecánicos de
Argentina y de otros países. Estamos hablando de 1936, año de la fundación de YPFB e inicio de la posguerra del Chaco. Es necesario saber que Sergio Almaraz y otros autores, incluso argentinos, demostraron que la Standard Oil hacía embarques de petróleo a Paraguay en plena Guerra del Chaco.
Hasta saboteó al Ejército boliviano, arrojando al río Bermejo las herramientas de zapa que se necesitarían para abrir brechas. La Standard se negó a elaborar gasolina de aviación en Camiri. El gerente Blocker dijo que era imposible y absurdo. El Gobierno encomendó la tarea a técnicos bolivianos y el Ministerio de Guerra ordenó la apropiación de la producción de Camiri. Así fue montada una pequeña planta para elaborar la gasolina requerida.
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En fin, quedamos en el letrero y en las oleadas de ingenieros y obreros. Así llegaban chicuelos como Hugo Montero Arroyo. A él le tocó trabajar a principios de la década del 50, cuando, venciendo todos los pronósticos de las empresas extranjeras, YPFB no sólo pudo explotar nuestras riquezas, sino que tenía una utilidad que superaba los $us 20 millones. El trabajo de Hugo no merecía que lo llamen otra cosa que 'el chango'. Empezó como copero, pero llegó a ser alarife, es decir, ayudante de topógrafo. Nombres musicales y míticos, como Sararenda y Guapoy, pueblan su memoria. Ahí atesora la imagen de Andrés Unter, un ingeniero alemán que marcó pozos para la Standard. Algunos de los informes de Unter quedaron grabados en pequeñas placas de metal que el joven Montero recuerda. "La Standard tiene los datos más importantes", le comentaba Unter a los geólogos. "Hay petróleo hasta en la plaza de Camiri. Sin exagerar. Los datos no mienten", comentó el alemán a colegas como Enrique Tomás Maurich, Guillermo Kelly o Amelo Russo. Incluso exploró la zona de Incahuasi, donde se ha 'descubierto' un nuevo pozo de gas, pese a que la exploración y explotación en la zona empezó en 1895. "Ellos decían que la riqueza era inmensa, y que de aquí nacería la nueva era del petróleo". Con una tremenda lucidez, Montero comenta: "Se nacionalizó el petróleo, la Standard se fue pero volvió con otros nombres". Acertó. Chevron, Esso, Mobil, Amoco, Caltex, Socony, Exxon, son, en realidad, variaciones del mismo nombre.
La empresa dio mayor impulso a la exploración que a la producción. Una carta del gerente Schultz, desde Buenos Aires, fechada el 3 de agosto de 1936, menciona por primera vez las arenas petroleras que hicieron rabiar a Víctor Montenegro cuando fue entrevistado por Extra.
Antes, es necesario mencionar algunos de los mitos que condujeron a la capitalización. En primer lugar, tenemos al petrolero mañoso, bebedor, mujeriego y vociferante, que hacía todo lo posible por engañar a la empresa. Cobraba puntualmente (incluidos sus bonos de frontera, compensación por zona insalubre y otros que no le importaban), comía hasta templar la panza y se las daba de exigente y criollo gourmet en los campamentos, de donde huía cuando podía para visitar los prostíbulos. Y cuando estaba en el pueblo, contrataba bandas y hacía correr ríos de cerveza, y que vengan todos mis amigos que para eso soy petrolero y camireño, carajo. Aunque parezca una caricatura, hubo gente así. Pero no eran los dos mil y pico obreros que le ponían sacrificadamente el hombro a la empresa. También estuvieron los gerentes y jefes de almacén irresponsables, expertos en inflar facturas y en fraguar compraventas que producían comerciantes súbitamente enriquecidos (ahora irreparablemente arruinados). Otro culpable es el gobierno y esa vorágine llamada Tesoro General de la Nación, que se tragaba hasta el 55% de los recursos que generaba la empresa.
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Los males de ese tiempo eran el nepotismo, según denunció todo el mundo, y los sindicatos, según dijo Francesco Zaratti, delegado de la capitalización. Curiosamente, cuando los fondos se iban para alimentar el nepotismo del gobierno. En 1985, el dirigente David Coulthard iniciaba una huelga destinada a conseguir un millón de dólares que serían destinados a la exploración. "Un millón es una pichanga para la industria petrolera", dice. ¡Obreros haciendo huelga para trabajar más!
El ex dirigente vive ahora en Santa Cruz y forma parte de una empresa de ex trabajadores que se formó para prestar servicios a las capitalizadas. Sintió en carne propia las barreras que ponía el Fondo Monetario Internacional y el BID. Cuando los vientos capitalizadores ya arreciaban, fueron a tocar las puertas de esos organismos para pedir dinero. La respuesta fue un rotundo no. "El dinero no será entregado a los gobiernos. Los proyectos tienen que ser privados para que podamos apoyarlos". En ese momento, la deuda de YPFB llegaba a $us 500 millones y, según Coulthard considera, era necesario atraer capitales.
Claro, a la empresa estatal no le daba el cuero para alcanzar las profundidades de más de 5.000 metros donde yace el gas. Coulthard y su gente llegó a hablar con el presidente Gonzalo Sánchez de Lozada para que, por lo menos, una empresa corrupta como Enron no se haga cargo del transporte de los hidrocarburos. Goni fue directo y claro: "No puedo. Tengo presiones enormes". Coulthard asegura que, por lo menos, lograron que Shell se asocie con Enron. Como ya se sabe, de ese maridaje nació Transredes para controlar el gasoducto a Brasil, pese a que Petrobras había ofrecido construir el gasoducto. Ahora ya se sabe que el contrato fue firmado en secreto en Miami (Goni volaba en aviones de esa empresa) y sometido a las leyes del estado de Nueva York. La firma quedó fuera del conocimiento de las intituciones y del pueblo boliviano durante dos años.
Pero hay otra anécdota que cuenta Coulthard. Los trabajadores querían que YPFB maneje al menos el transporte. "No hay riesgo en eso. No hay cómo perder plata con los gasoductos". Con ese argumento visitaron a Enrique García, presidente de la CAF. Bolivia necesitaba $us 500 millones para su contraparte en la construcción del gasoducto a Brasil. "Hay 350 millones de dólares", respondió García. Contentos, los trabajadores visitaron al ministro de Desarrollo Económico, Javier Villalobos.
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"Ministro, hemos negociado con la CAF. Hay plata para el gasoducto"
"A ver, vamos a consultar", dijo, extrañado el ministro.
Inmediatamente, llamó desde su celular a García. Poco después, el titular de la CAF entró a la oficina y se encontró con los trabajadores. "Se puso blanco", recuerda Coulthard. García se dio modos para salir del paso hasta que dos funcionarios del Banco Mundial les dijeron que ese dinero no podía ser entregado sino a manos privadas, porque los préstamos para los estados se habían acabado. "Así llegué a la conclusión de que la plata es la misma. Viene del mismo lugar. Nos pueden matar de hambre", dice Coulthard.
Poco después, cuando llegó el MIR al gobierno, de la mano de ADN, los trabajadores tenían la esperanza de que la capitalización sería ‘suavizada’. En realidad, la profundizaron. Y si cambiamos de escenario y regresamos a Camiri, lo que cuenta José Mejía es indignante. "Los adenistas se llevaron equipos. El más barato costaba cinco mil dólares".
Por el contrario, cuando otros equipos de perforación pasaron a las capitalizadas, el más caro costaba $us 5.000. En cambio, José Mejía tuvo que pagar $us 8.000 por un viejo camión 'Inter' y luego invertir $us 6.000 en la reparación. Con ese equipo, como ex trabajador y junto a ocho colegas de seguridad industrial, formó la empresa de servicios Sipsa. Cuando ocurre el reventón de un ducto, ellos están ahí.
Son expertos en control de pozos y explosiones. Mientras no haya una explosión, se ocupan de hacer el mantenimiento de los extinguidores de todos los campos.
Esta empresa que formó Mejía, y otras como la que fundó Juan Velasco, se llamaron emprendimientos.
Fueron alentadas por exigencia de los financiadores de la capitalización. En realidad, eran un estorbo para las capitalizadas, que tienen su propia constelación de empresas satélite que les prestan servicios.
Pese a eso, Velasco ganó licitaciones y ahora tiene dos contratos con Repsol. Compró cisternas, montacargas y un camión pluma o grúa. Parte de su finiquito se fue en esa inversión. Su empresa ocupa el fondo del antiguo terreno de YPFB. Ese terreno tiene como límite el río Parapetí, y guarda como reliquia dos bombas de agua de 1927. Como el lugar está a cargo de la Alcaldía, espera que algún día ese lugar forme parte de un tour urbano. Así podrá mostrar a los visitantes, además de la chatarra por la que tuvo que pagar casi $us 16.000, las bombas de agua que aún podrían funcionar. Con esos ingresos podría romper lo que llama una sutil regulación de las grandes empresas. "De los 5.000 dólares mensuales del contrato, se van 2.700 en diesel, 1.500 en sueldos, el resto en seguros y lo que resta, para sobrevivir".
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Tal vez le fue mejor a la gente de Pegaso, otra empresa de ex trabajadores que funciona en Santa Cruz.
En su momento de mayor gloria, empleaba a 250 personas. Operadores, instrumentistas, soldadores, químicos y electricistas trabajaban para las empresas que pusieron en marcha la planta de gas del bloque San Alberto. Los columnistas genuflexos la mencionaban como un ejemplo de la generación de empleo que, supuestamente, llegó con las capitalizadoras.
Pero las cosas están cambiando para Pegaso. Los contratos han empezado a escasear y han visto cómo los grupos satélites de las transnacionales se adjudican las licitaciones. Pegaso compite con precio y calidad, pero, según sospechan algunos de sus trabajadores, nunca se prestarán a inflar los precios de los servicios. En cambio, los del grupo, sí. Algunos llegan a mencionar el uso de paraísos fiscales en Bahamas para esconder el dinero que consiguen con el petróleo boliviano.
Ahora es el momento de contar la rabia de Víctor Montenegro, un técnico superior electromecánico que trabajó en YPFB desde 1970 hasta 1988. Trabajó 11 meses en el campo San Alberto. Este lugar fue el canto de cisne de la empresa estatal. Desde 1981 a 1985, la gerencia de Exploración de YPFB descubrió el mayor campo productor de gas y condensado de la historia de Bolivia.
Desde 1987 hasta 1990, la empresa nacional perforó el pozo profundo de San Alberto X-9, y llegó a 4.518 metros. Fue el 6 de septiembre de 1990.
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"El descubrimiento de esta mega-estructura era el mayor triunfo del país a través de su empresa estatal, pero también vino a constituirse en el día fatídico para la enajenación de YPFB", dicen los integrantes del Sindicato. Las pruebas de producción fueron exitosas y se realizó la terminación del pozo. Como aún no había mercado para este gas, se le puso candado, dejándolo en reserva. San Alberto X-9 ya era productor de gas natural y condensado. Los trabajadores cuentan cómo Víctor Montenegro y José Ponce Chavarría no pueden disimular su rabia y su tristeza porque este pozo fue declarado campo nuevo. "Sin basarse en lo técnico, pasaron a la norma jurídica para determinarlo campo nuevo.
El
Estado perdió, por bajar del 50% al 18%, más de 2 millones de dólares", dice un informe de los ex trabajadores. La Ley de Hidrocarburos de Gonzalo Sánchez estipula que los campos existentes pagan un 50%, y los nuevos, 18%. Por eso, Montenegro corrió a mostrar las arenas de una formación llamada Huamampampa, extraída durante los trabajos de exploración. Esa arena indica que debajo hay mucho gas y petróleo. La formación se extiende hasta Bulo Bulo, Santa Rosa y llega hasta Brasil. Recordemos que se ha mencionado la nota del gerente de la Standard, que en 1936, saltaba de alegría al mencionar la arena de "un lindo pocito". "Mire, tómeme aquí la foto. Al lado del portón de la gerencia de exploración", pide Montenegro, mientras exhibe las muestras. El portón de la gerencia está ahora cubierto de vegetación.
Claro, de los 2.000 trabajadores que antes se movilizaban en ese lugar, ahora no quedan más de 12. En el espacio que antiguamente (es un decir, porque no han pasado ni diez años) estaba destinado a la Biblioteca para estudiantes, se ve ahora un salón velatorio para los jubilados.
Según algunos jubilados, los libros pasaron al municipio, y según otros, fueron a dar a algunas casas particulares.
¿Por qué fue declarado nuevo el pozo San Alberto?
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El informe que entregó el delegado presidencial sobre temas de capitalización es tan escueto que insulta la inteligencia. "Esta comisión ha emitido los informes técnico y legal; de acuerdo a los mismos, el campo San Alberto no estaba en producción a la fecha de la promulgación de la Ley 1689, requisito contemplado en dicha norma legal para su clasificación como campo nuevo".
Así nomás. Los trabajadores recuerdan cómo los ejecutivos de YPFB ordenaban el cierre de pozos productivos en San Alberto. "Ya sabían que se venía la capitalización", dice con el ceño fruncido un mecánico. Un informe que el Ministerio de Desarrollo Económico presentó ante la Cámara de Diputados dice lo mismo: "El campo San Alberto fue clasificado como nuevo debido a que en el año de la promulgación de la Ley de Hidrocarburos no se encontraba en producción, aunque existían trabajos de perforación que demostraban la presencia de hidrocarburos". El informe alude también al artículo 72 de la Ley de Hidrocarburos, que introduce el concepto de "campos marginales" y por lo tanto no rentables y sujetos al pago del 18% de regalías. Con 19 campos clasificados como marginales, los bolivianos dejaron de recibir $us 718 millones. Así vivieron y así viven ahora los hombres del oro negro: esperando la aprobación de la nueva Ley de Hidrocarburos y masticando una verde esperanza para sus hijos... como todos los bolivianos.