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Domingo, 19 de octubre de 2008
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El amable señor Bout y sus exitosas empresas de armas

Texto | Rafael Sagárnaga L.

Fotos | AP

Traficante | Es considerado el mayor traficante de armas del mundo. Fue detenido hace poco en Tailandia. Sus relaciones con Bolivia llegaron a ser tan estrechas, que su mayor colaborador tiene pasaporte boliviano y uno de sus principales socios tuvo importantes relaciones y negocios en el país.

Un “amor” de gente. De trato amable y, pese a su incalculable fortuna, sencillo para vestir y relacionarse con los demás. Se le ha visto en espontáneos gestos caritativos con los necesitados. Un tipo sano. Vegetariano, no tiene vicios y le encanta practicar deportes. Ni hablar de su vida en familia: no se le conocen amoríos extramaritales y se nota que es buen padre. Su esposa rusa, Alla, tiene una tienda de alta costura en el centro de Sharjah, el emirato árabe donde instalaron su mansión. Sus dos hijos pasan clases de violín. La familia solía pasear distendida hasta principios de este año en un sedán dorado.

El personaje es sencillo hasta de porte. Como si imitara una caricatura de los años 30, supera apenas los 1,60metros, algo regordete y afecto a usar un grueso mostacho. Próspero empresario. Ha conseguido amigos y socios virtualmente en todo el mundo, incluso en Bolivia.

Su forma de ser, no tan ligada a sus dones de gente, ha inspirado ya tres películas de Hollywood y seis libros de reputados escritores. Un currículum académico envidiable, que parte de un coeficiente intelectual de 170, del que sólo goza el 2 por ciento de la población mundial. Habla ocho idiomas: ruso, francés, inglés, portugués, xhosa, zulú, mandinga y, claro, castellano. Además es piloto. Esa vocación lo llevó a crear y a ser gerente de varias aerolíneas.

Apolítico declarado y, por qué no decirlo, comprobado. Al menos en sus negocios no ha discriminado ni a etnias, ni a clases sociales, ni a corrientes políticas. Pero, además, se declara militante de causas nobles. Bueno, dijo ser ambientalista, cuando en febrero de este año fue detenido por las autoridades de Tailandia. Cayó tras años de estar en la mira de la Interpol y haber motivado varias investigaciones especializadas de la ONU en específico sobre su persona. Pronto cumplirá 48 años y se le acusa de ser el mayor traficante de armas de la historia.

Su nombre, el verdadero, es Victor Anatoliyevicht Bout. Su origen, al parecer el verdadero, es ruso, aunque los servicios de inteligencia sudafricanos difundieron una versión donde aseguran que es ucraniano. En estos registros se abre otra particular faceta de Bout: ha acreditado decenas de nombres y nacionalidades. A veces Victor Bout, otras Victor Vitali, otras Victor Sergilov, también Victor Butle y varias combinaciones adaptables a cada continente. Para ello tenía a disposición virtualmente una colección de pasaportes extranjeros, incluido el boliviano. La Interpol le requisó seis, pero las pesquisas de su historial permiten ubicarlo con varios otros.

Esa práctica le generó el primero de sus apodos: “El hombre de los 20 nombres”. Pero tiene otros. Por ejemplo, “lobo solitario”, porque repite que “no se fía de nadie”. También su fama corrió, especialmente en África, bajo el alias de “El mercader de la muerte”. Sin embargo, gracias a la promoción que el cine ha hecho de él, ostenta uno que le heredó Nicolas Cage: “El señor de la guerra”.

Hombre emprendedor

La guerra o la preparación para ella lo hizo buen camarada. De principio, a finales de los ‘70, se formó como oficial del ejército del aire soviético. En los ‘80 el régimen comunista lo hizo agente de la KGB. Ingresó como funcionario al sistema de evaluación a quienes la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) preveía vender o donar armas. Bout luego se graduó en el Instituto Militar de Lenguas Extranjeras de Moscú y hasta 1991 trabajó como intérprete en Bielorrusia. Era un buen camarada, pero el Estado socialista estaba al borde de la implosión y la gente, del hambre.

Un año más tarde, la Unión Soviética se había desmoronado. No había comida ni dinero ni abrigo para millones de personas. Lo único que abundaba eran armas en inmensos arsenales apenas controlados en medio de la anomia. Hacia el desocupado oficial Bout y su círculo de amigos llegaron personas de tierras en las que abundaban el dinero y la droga, pero no las armas: los viejos amigos de la afgana Alianza del Norte, gente ayudada encubiertamente por la CIA.

A fines de 1991 salió de Rusia y se trasladó a vivir a la ciudad portuaria belga de Ostende, donde creó su primera compañía de transporte aéreo. Trasladó medio centenar de viejos Antonov rusos, otro recurso abundante, pero inútil en los depósitos de la ex URSS. Claro, su mercancía favorita siempre fueron las armas.

Trabajador como él sólo. En el transcurso de aquella década y aprovechando el caos del imperio soviético, Bout dio grandes saltos en su carrera. Junto con sus socios consiguió sacar ilegalmente de Ucrania la tercera parte del armamento almacenado en sus arsenales, obteniendo un beneficio estimado de 32 millones de euros.

Gran diplomático, persona que usa las palabras y la serenidad. Así diversificó su mercado. Bueno, también lo ayudó el destino. En agosto de 1995, uno de sus aviones cargados con armas fue interceptado por las tropas talibanes, ya enemigas de la Alianza del Norte. Obligaron a aterrizar la nave en su capital, Kandahar. Durante la negociación para liberar su aparato, Bout fue lo suficientemente hábil como para abrir una línea comercial con los defenestrados estudiantes coránicos. Inmediatamente los incluyó en su incipiente lista de clientes. Durante años, según informes oficiales de EEUU, vendió todo tipo de armamento al régimen talibán. En la lista de provisiones incluyó veneno cianídrico para la fabricación de bombas biológicas- por valor de 15 millones de euros.

Buen estudiante. Bout valoró la rentabilidad de vender armas a ambos frentes de cada guerra en la que entraba.

Se expandió a otro continente, y en Angola el "Señor de la guerra" aprovisionó de armas al Gobierno y simultáneamente a la opositora guerrilla UNITA. Luego, en el Zaire, una de sus naves fue contratada por el derrocado líder Mobutu Sese Seko. Le pidió que lo ayudara a huir y a cubrir su salida. El presidente ultracorrupto escapaba de los rebeldes que sitiaban su última fortaleza con las armas que les había vendido Bout.

Personaje de mundo y grandes contactos. Mientras, a fines de los ‘90, nutría de armas a las guerras africanas, su flota de aeronaves logró contratos con organismos humanitarios y eventos filantrópicos. Sus aviones trasladaron flores frescas y cigalas desde Sudáfrica hasta Europa. Cuando sus relaciones tocaron América, en 1993, sus Antonov llevaron fuerzas militares de EEUU a Somalía para combatir la hambruna. Luego, en 1999, trasladaron tropas de los cuerpos de paz de la ONU desde Pakistán hasta Timor Oriental.

Empresario versátil, intrépido y nada conformista. Sus relaciones con las células de la naciente Al Quaeda presentaban complicaciones. Los pagos de las guerras se hacían complejos en África. Entonces, los socios de la empresa de Bout apostaron a cambiar las armas por diamantes o droga. A esas alturas, investigadores y políticos en EEUU empezaron a denominarlo oficialmente a principios de la década del 2000 el mayor traficante de armas del mundo.

Y hasta Bolivia…

Pero en el interín entre el calificativo y los debates donde militares y agencias de investigación abogaban en su favor, obtuvo un crédito singular: reportes del Gobierno británico señalaron que entre 2003 y 2004 las naves de Bout realizaron 195 misiones en Irak. Misiones tanto para aprovisionamiento como para las obras de reconstrucción, “pese a que los servicios de inteligencia compartían información sobre Bout”.

Ubicado en el tiempo, se integró aceleradamente a la globalización y puso sus ojos en Sudamérica. Pese a que ya ingresaba en la clandestinidad entre 2005 y 2006, advirtió que países como la Venezuela de Chávez empezaron a adquirir armas rusas. Toda una invitación para que, a través de sus buenos contactos, aporte con lo suyo a la guerrilla colombiana de las FARC. Eso ya entre 2006 y 2007.

Amigo de gente poderosa. Entre sus principales socios e incluso subordinados suman desde capos de la mafia hasta especuladores multimillonarios y, por supuesto, grandes traficantes de armas. En la lista ingresan el senegalés Samí Osailly. Traficante de carta mayor capturado en abril de 2008. El cargo: acusado de ayudar a los terroristas de Al Qaeda en el soborno de un millón de dólares que presuntamente recibió el presidente de Liberia por su intermediación en la compra de misiles para el Gobierno talibán, después del 11 de septiembre de 2001. Otro socio: Sanjivan Ruprah, el maquillador de las ventas de armas.

El brazo derecho de Bout, Leonid Minin, otrora uno de los cabecillas de la mafia de Odessa, cayó entonces en Italia. El 30 de noviembre de 2005, un comité de Investigación de la ONU estableció la relación directa entre Minin y Bout. Reveló, además, los detalles personales del brazo derecho de “El mercader de la muerte”:

Minin, Leonid Efimovich

Nacionalidad: Israelí

PASAPORTE BOLIVIANO: 65118; pasaportes alemanes falsos 5280007248D y 18106739D. Pasaporte griego sin detalles. Pasaporte ruso K108661177.

Amigo de conocidos. No sólo el pasaporte Minin acercó a Bout a Bolivia. Otro de sus grandes y reconocidos socios en varios negocios fue (¿es?) Marc Rich. Fundador de la empresa petrolera Rich Company, a la que después renombró como Glencore.

Rich ha sido (¿es?) uno de los más cercanos socios de Gonzalo Sánchez de Lozada desde la década de los "70. Juntos compraron minas y concesiones. Es más, tras la huida de Sánchez de Lozada de Bolivia, sus propiedades mineras pasaron a propiedad de la Glencore que hoy las explota.

La cercanía entre Rich y Bout era tan regular, que el día en que fue capturado Minin contaba entre sus documentos pruebas de pago por un total de 10.263 dólares. Es más, la publicación Frontline World de mayo de 2002 revela una sociedad directa: Glencore compartió línea telefónica en Londres con una de las compañías de Minin, la Galaxy Management.

En fin, quién sabe algún día se sepa si Bout y Minin tenían amigos netamente originarios en Bolivia. Por ahora, se halla preso en Tailandia. EEUU hace gestiones para que sea procesado por la justicia estadounidense. Sin embargo, diversos organismos humanitarios han pedido que se rechace el pedido, dadas las amistades en el Congreso de la primera potencia que tiene el "Señor de la guerra".

Ése “el hombre que hacía posible las guerras”, causante de millones de muertes y mutilados, padrino de miles de criminales. Pero, sin duda, para estos tiempos, para este siglo XXI, un ejemplo de superación personal. Flor de tipo, aunque muchos, al conocer la vida de Bout, de inmediato no hablen bien de su mamá.

Con datos de: EFE, El Mundo de Madrid, IARNoticias, Victor bout´s file (www.ruudleeuw.com/vbout19.htm), Madsen Wayne (5/2005), Global Research (24/04/2007), Patria Grande (artículo de Andrés Soliz Rada), BBC Mundo (07/03/2007).

 
 
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