Texto | Rosario López L.
Fotos | Trópico y Los Tiempos
PROYECTO | Desde muy pequeños, los pobladores del Corredor Amboró-Madidi aprenden que cuidar su medio ambiente es también cuidar su vida. El Programa de Conservación de Paisajes desarrolla en esta región un proyecto de educación con un enfoque medioambiental.
Para Miguel Ortiz, comunario de la población de San Buenaventura, la frase “gases de efecto invernadero” quizás no signifique nada; sin embargo, celebra que su hija Dorita aprenda a pronunciarla e incluso a jugar con ella. Es que Dorita, de 11 años, aprende jugando que el aire, la tierra, los ríos, las plantas y los animales que la rodean son parte indispensable de su vida cotidiana y que debe cuidarlos. Dorita y los 24 niños que se divierten simulando ser el sol, la tierra y otros componentes del ecosistema, aprenden que pueden elegir ahora el mundo en el que quisieran vivir mañana.
Es la primera vez que los niños del Centro de Desarrollo de San Isidro, ubicado en el municipio de San Buenaventura (provincia Itullalde, La Paz), reciben la visita de los integrantes de la Carpa Verde. Vestidos con mandiles escolares, en un espacio abierto de su precaria escuelita, reciben con sonrisas a sus ocasionales visitantes. Están listos para jugar y aprender.
El taller lo dirigen Tito Lipa, guardaparque del Parque Nacional Madidi, y Yovanka Delgado, integrante del Ecoclub de San Buenaventura.
Lipa toma un banner y comienza a explicar qué es el Parque Madidi y qué la Reserva de Pilón Lajas, áreas protegidas de gran riqueza en biodiversidad que se encuentran próximas al territorio que habitan.
Los niños miran con atención y de cuando en cuando dejan escapar una sonrisa cuando Lipa se hace llamar el “monito Lucachi”.
Yovanka toma otro banner y habla de quiénes son los guardaparques y de la importancia de colaborar con su trabajo.
Con la ayuda de un tercer banner, la joven habla de las características del ecosistema que los rodea y de la necesidad de protegerlo.
“Qué dichosos son ustedes que cuando se despiertan pueden ver desde su ventana un cielo azul, pajaritos, ranitas y muchos árboles”, les dice a los niños. Luego insiste en que depende mucho de ellos que la belleza de la naturaleza que los rodea se conserve como tal.
Posteriormente, el aprendizaje se convierte en juego. Hay un “niño Sol”, que gira alrededor de una “niña Tierra”. Los pequeños aprenden cómo se conforman los gases de efecto invernadero, qué ocurre con los cambios climáticos y cuál debe ser su comportamiento con relación a todo ello.
Una competencia de conocimientos pone a prueba a los más atentos.
Las niñas se apresuran a tomar la delantera ante los varones a la hora de responder a una pregunta. Los premios (cuadernos, lápices de colores, etc.) van y vienen, así como las risas infantiles.
Al otro lado del río Beni, en Rurrenabaque, la experiencia se replica con otros protagonistas, estudiantes del colegio Villa Lourdes y soldados del Centro Recreacional del Ejército de Rurrenabaque. Estos últimos hacen gala de sus habilidades pedagógicas y su carisma para entretener a los adolescentes, pues las risas y los gritos de entusiasmo que provienen de las dos Carpas Verdes en que se hallan divididos, así lo revelan.
La participación de soldados en esta actividad educativa obedece a su propia iniciativa. Tras anoticiarse de que un grupo de jóvenes implementaba el programa en Rurrenabaque, San Buenaventura y poblaciones aledañas -a requerimiento de las unidades educativas-, solicitaron ser parte activa del proyecto.
Enfoque de medio ambiente
La Carpa Verde es un programa pedagógico itinerante, que busca sensibilizar a las personas que habitan en las áreas protegidas y zonas cercanas a éstas, para que mediante un proceso de apropiación y participación dentro de su territorio, se genere mayor valoración y, a largo plazo, actitudes favorables a la conservación de la biodiversidad. El programa apunta, además, a demostrar que las prácticas de conservación y el desarrollo son procesos complementarios.
Con financiamiento de Usaid, este proyecto es impulsado por el Programa de Conservación de Paisajes y ejecutado en el corredor Amboró-Madidi por el consorcio Asociación Boliviana para la Conservación (Trópico), Conservación Internacional, Federación de Asociaciones Municipales de Bolivia (FAM), Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN) y Building Capacity Worldwide (Pact).
La meta del programa es llegar a cinco mil estudiantes (primaria y secundaria) en los cuatro años de duración del proyecto, objetivo conseguido en un 80 por ciento, según Boris Fernández, coordinador nacional de Trópico.
“Tenemos mucho que ofrecer al mundo”, advierte Fernández.
“Hay gran riqueza biológica concentrada en el Corredor Amboró-Madidi y tenemos que hacer esfuerzos especiales -junto a los actores locales- para que la actividad humana no afecte demasiado a este entorno”.
Fernández hace alusión a prácticas agrícolas y forestales inadecuadas, a un desarrollo carente de planificación estratégica y a una baja participación social en el manejo de las áreas protegidas.
El Programa Conservación de Paisajes nació precisamente bajo ese enfoque: rescatar los saberes culturales relacionados al respeto y uso de los recursos naturales por parte de las comunidades beneficiarias y, en ese marco, promover iniciativas económicas sostenibles.
El ecoturismo indígena y comunitario, la producción de jatata, majo y café ecológico son muestras exitosas de estas iniciativas, cuyos actores locales son, según explica Fernández, indígenas tacanas y mosetenes, entre otros, además de inmigrantes quechuas y aymaras.
“Con los quechuas y aymaras que han emigrado a esta zona -como culturalmente no conocen de forma suficiente este área- hay que trabajar de forma que se familiaricen con este nuevo ambiente, que conozcan prácticas culturales que no degraden la naturaleza y, por otro lado, hay que trabajar en las generaciones nuevas de estas familias, que tampoco tienen un identidad cultural y un conocimiento adecuado en este medio”, comenta el experto.
Poblaciones intermedias
Rurrenabaque (Beni) y San Buenaventura (La Paz), poblaciones intermedias ubicadas entre Parque Nacional Madidi y la Reserva de la Biosfera y Tierra Comunitaria de Origen Pilón Lajas, son grandes receptoras -particularmente la primera- de turistas e inmigrantes del altiplano, de ahí la necesidad de crear mecanismos para que éstos establezcan lo que Fernández denomina “prácticas amigables con el ambiente”.
“Uno de los componentes del Programa Conservación de Paisajes es la planificación territorial. Nosotros hacemos planes de ordenamiento territorial municipal y planes dentro del suelo municipal; se hace un diagnóstico agroecológico del suelo, del tipo de cobertura vegetal y de sus potencialidades, en función de eso se planifica el tipo de desarrollo más compatible con la conservación y el desarrollo sostenible”, dice Fernández.
Jóvenes en acción
Las dos líneas de acción principales del Programa Conservación de Paisajes están enmarcadas en la educación formal (capacitación de docentes y proyectos educativos de núcleo) y la educación no formal (centros de interpretación contextualizados según el área de preservación y los lugares de influencia).
Además de las Carpas Verdes, los Ecoclubes constituyen instrumentos de gran eficacia dentro de lo que significa la educación con enfoque de medio ambiente.
Se trata de organizaciones creadas con el objetivo de lograr la participación activa de los jóvenes en la toma de conciencia sobre la importancia de la conservación y el uso adecuado de los recursos naturales.
Alrededor de 60 adolescentes y jóvenes forman parte del Ecoclub de San Buenaventura; unos 30 integran el de Rurrenabaque. En la práctica, a la hora de desarrollar actividades de promoción de los valores y beneficios ambientales de las regiones que habitan, todos se confunden y se asumen como amigos de la naturaleza.
En Ixiamas y Guanay también existen Ecoclubes. Todos cuentan con ciertas herramientas de trabajo (equipos de vídeo, audio, computadoras, etc). que les permiten desarrollar mejor sus actividades como talleres, juegos educativos, charlas, ferias, producciones audiovisuales y otros.
Los cuatro Ecoclubes tienen el aval de autoridades educativas y municipales de la región, de ahí que algunos docentes y voluntarios participan en diferentes tareas de capacitación, comunicación y difusión, con el mismo ímpetu con el que lo hacen los jóvenes.
LA CARPA VERDE Y EL ECOCLUB
María Vázquez
Dir. Centro Educativo San Isidro
Me alegra mucho que vengan (Proyecto Carpa Verde), ésta es la primera visita que nos hacen. Qué importante es la revalorización y la conservación del medio ambiente en lugares como éstos, donde realmente se puede hacer los cambios. Este tipo de actividades pedagógicas, que además incluyen juegos y dinámicas muy participativas, son excelentes para los niños y también para la comunidad. Todos deben estar concienciados para proteger debidamente su presente y su futuro.
Pablo Vera
Soldado Centro de Recreación del Ejército
Estamos haciendo una colaboración para la protección de las áreas protegidas. Trabajamos enseñando a los niños y a los jóvenes a proteger el medio ambiente que nos rodea para que éste no se contamine; los incentivamos a cuidar de nuestras plantas y a respetar a nuestros animales.
Los niños son inquietos, captan y se interesan. Ellos saben que no deben botar basura en las calles o en los ríos; van aprendiendo más de acuerdo a lo que van creciendo.
Ana García Sempértegui
Prof. Unidad Educativa Evangélica Filadelfia
Nosotros, como centro turístico, tenemos que cuidar nuestro medio ambiente, la gente que viene del extranjero viene a ver la flora y la fauna en vivo, cosa que en su continente quizás hay pero con escasez y no con tanta belleza.
La filosofía de los Ecoclubes es que los jóvenes formen conciencia de que el medio ambiente se debe proteger y cuidar, porque nosotros sin él no tendríamos razón de ser.
En los Ecoclubes también abordamos otros temas como las enfermedades, la fiebre amarilla, el paludismo, etc.
Miguel Ortiz
Comunario San Isidro
Está muy bien que nuestros hijos aprendan a respetar y a proteger a la naturaleza, nosotros vivimos rodeados de ella; gracias a la naturaleza tenemos casa y comida. Para nosotros mismos, los padres, es muy positivo aprender más y aclarar dudas, por ejemplo, cómo mejorar nuestras tierras. Aquí producimos arroz, plátano, maíz, yuca, tomate y otros. Queremos que nuestros hijos también aprendan más, por ejemplo, cómo y dónde botar la basura, cómo tratar a los animales, etc.