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Cochabamba - Bolivia
Revista de Domingo Para Toda La Familia
Domingo, 22 de octubre de 2006
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Sergio Di Nucci: “Al boliviano le late más rápido el corazón”
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Sergio Di Nucci: “Al boliviano le late más rápido el corazón”

TRADICIÓN La fiesta de la virgen de Copacabana es una de las celebraciones que los residentes bolivianos en el vecino país más festejan

Texto | Ricardo Herrera F /de El Deber El extra para ¡OH!

Fotos | Cecilia profético Revista Viva copyright

Su relato acerca de la vida de los inmigrantes bolivianos en Buenos Aires ganó el prestigioso premio de novela La Nación - Sudamericana | Donará el dinero a una institución que ayude a los residentes de nuestro país en argentina. Tiene 32 años y es traductor y colaborador del suplemento Radar, de Página /12

E l pasado dos de septiembre el jurado calificador del prestigioso premio de novela que organiza el diario argentino La Nación y la editorial Sudamericana dio como ganadora, entre 244 relatos presentados al concurso, la obra Bolivia Construcciones. Bajo el seudónimo de Bruno Morales se escondía Sergio Di Nucci, un joven escritor argentino, de 32 años, que comparte su trabajo de traductor con colaboraciones en el diario Página /12. No sólo sorprendió a muchos el casi desconocido nombre del ganador, sino también el anuncio que hizo, ya que destinará el dinero del premio ($us 19.000) a una de las instituciones que ayuda a los bolivianos residentes en ese país. Di Nucci se valió de la ficción para describir la vida de los inmigrantes bolivianos en Buenos Aires, que él ha conocido de cerca y la que reivindica en sus aspectos más alegres y divertidos.

A pocos días de que el libro llegue a las librerías de Argentina y de España, Di Nucci conversó vía telefónica con la revista Extra sobre el origen de su relato y la visión que tiene de ese mundo del inmigrante, que para muchas personas, aquí, resulta totalmente desconocido. Ese rostro de la otra Bolivia, muchas veces olvidada y que empieza a multiplicarse en otros países con otros y nuevos matices, pero con similares costumbres ancestrales.

¡OH!: ¿Cómo ocurrió tu acercamiento a ese mundo del inmigrante boliviano en Buenos Aires?

-Viajé a Bolivia por primera vez en 1992. Estuve en las principales capitales. Fue un viaje con pocos recursos, mas en la onda de mochilero. Después de eso conocí el barrio de bolivianos en Bajo Flores, de Buenos Aires, donde hice amigos. Es un lugar al que sigo yendo (ayer estuve en la fiesta de la virgen de Copacabana), porque, además de que la gente es hospitalaria, uno puede comer y beber muy bien. La comida argentina es muy aburrida, muy monótona, en cambio la boliviana o las comidas bolivianas, porque hay de distintas ciudades, son ricas y variadas.

Las historias que cuento en la novela son historias que oí a los inmigrantes y después inevitablemente las transformé.

¡OH!: ¿Por qué la novela se llama Bolivia Construcciones?

- Primero, porque el protagonista trabaja en una modesta empresa de albañilería que se llama así, pero también porque los bolivianos deben enfrentarse con todas las construcciones imaginarias que tenemos los argentinos sobre Bolivia, pero no por eso menos operantes y activas. Incluso, la misma novela es una construcción literaria que recurre a todo tipo de recursos ajenos y propios.

¡OH!: ¿Cómo se desarrolla la historia?

- La historia empieza con el cruce de Villazón a La Quiaca. El personaje, que es el narrador de la novela, es un adolescente. Viene acompañado por otra persona mayor, que es llamada Quispe. No se dice nada del tipo de relación que tienen entre ellos, pero el chico lo llama tío. Ellos viajan desde allí hasta Buenos Aires. En el trayecto son detenidos cuatro veces por la gendarmería, que trata de volverlos a Bolivia, pero se logran zafar de ellos y finalmente se instalan en Bajo Flores, donde el protagonista consigue trabajo como ayudante de un albañil que se llama Pedro, el que lo sumerge de una manera abrupta dentro de la vida en Argentina. Es una novela cómica, no es trágica ni se dedica a describir los sufrimientos de los inmigrantes. Trata de ser bastante ágil y no argumentativa. No recurro a la literatura de denuncia o periodística, tampoco es una novela realista en el sentido de que lo entienden los medios de comunicación, más bien ridiculiza las realidades presuntamente establecidas en Argentina.

¡OH!: ¿Por qué en declaraciones a la prensa has dicho que tu relato es la historia de una felicidad?

- La novela no pretende, de ninguna manera, ocupar la voz de un inmigrante boliviano, porque ellos tienen su propia voz y es bien sonora. Es una novela sobre la Argentina y las distintas fealdades que los argentinos practicamos contra los bolivianos. Esas fealdades muchas veces están disfrazadas, como suele ocurrir, bajo la forma de bondad, de paternalismo o aun de la militancia de izquierda. Lo que el protagonista, que es el narrador, trata de contar es su encuentro con este país, pero es también una historia de la felicidad que ellos encuentran aquí. Felicidad, a pesar de que tienen absolutamente todo en su contra. Gran parte de la propaganda (tanto de derecha como de izquierda) sobre la inmigración boliviana es la de pensar que vienen de un lugar que es arcaico, pastoral, primitivo y más auténtico y que, por lo tanto, no tienen por qué venir donde los van a tratar mal, porque se enfrentan a una sociedad mucho más industrial y comercial. Por eso se preguntan: ¿para qué vienen si aquí no van a ser felices? Pero muchos lo son. El problema de los bolivianos no es el desarraigo, el problema de los bolivianos es cómo los tratamos los argentinos.

¡OH!: Un estereotipo frecuente es que es más aceptado como trabajador, porque es más sumiso. ¿Crees que es cierto?

- Se dice que es más sumiso que el paraguayo o que el peruano, pero es una idea falsa, porque los bolivianos cuando se enojan, como ustedes saben, pueden quemar hasta a un alcalde corrupto, como sucedió en el altiplano. Varios meses atrás salieron a protestar en la capital (debido a la muerte de personas indocumentadas que eran retenidas en estado de esclavitud en textileras) exigiendo trabajo y no sólo que legalicen sus papeles. Otra cosa que se dice es que los bolivianos vienen a quitarles el puesto a los argentinos, cuando en realidad hacen labores que la mayoría no quiere realizar. Ellos tienen una profunda cultura de trabajo y eso para algunas personas es un mal ejemplo. Además de que sus labores están fuera de todo tipo de asistencia social. La presencia misma del inmigrante en cualquier lugar es interesante, porque cuestiona el contexto al que llega.

¡OH!: ¿Cómo percibes los hechos de violencia contra los bolivianos en Argentina?

- Son casos que tienen mucho valor argumentativo, que la mayoría de los bolivianos conoce y que son horribles, pero la forma más frecuente de violencia no llega a los titulares. Son más de situaciones cotidianas, son menos periodísticos, pero no por eso menos importantes.

¡OH!: ¿Por qué decidiste donar el dinero del premio a una institución que beneficie a los inmigrantes?

- La idea de escribir el libro no era literaria o la del escritor que gana el premio y dice "muchas gracias" y se guarda el dinero en el bolsillo. Para mí la novela era una herramienta para ganar el premio y esto era una herramienta para conseguir la plata para que pueda ser utilizada en beneficio de los inmigrantes bolivianos. No tengo pretensiones literarias, sino lograr que, a través del libro, se hable del tema; porque de una persona que lo leerá, habrá otras 100 que se enterarán de que existe por los medios de comunicación. No creo que todas las personas que lean esta entrevista vayan a leer la novela, pero quisiera también que los que lo hagan se diviertan con ella, porque es antisolemne. Esa es otra característica de los bolivianos que no se toma en cuenta y es su enorme sentido del humor. Aquí se cree aún que son una "raza de bronce".

¡OH!: ¿Habías escrito antes algo sobre los bolivianos?

- Hace tiempo el semanario Vocero Boliviano propuso a sus lectores que escribieran historias de vidas de inmigrantes. Por eso decidí escribir una historia en primera persona. Lo bueno fue que gustó y lo publicaron. Fue una primera prueba con respecto al texto. Era una historia ficticia presentada como real, que me sirvió de espaldarazo para continuar con la idea de la novela. En ese primer relato, el personaje dice que Argentina, como las mujeres, nació para ser amada, pero no comprendida. Ése es un paradójico agradecimiento a los argentinos que también aparecen en este último relato, que es una especie de desarrollo de aquella historia.

¡OH!: ¿No crees que la mayoría de los acercamientos al mundo de los bolivianos en Buenos Aires ha priorizado el aspecto investigativo más que el espacio del disfrute?

- Es así, por ejemplo en la celebración de la virgen de Copacabana a la que fui ayer, era notorio ver un montón de señores de anteojos y barbas que trataban de conseguir que los bolivianos se acercaran a sus cámaras y contestaran preguntas difíciles acerca de los dilemas de la inmigración o respondieran preguntas con presupuestos sociológicos, pero en el fondo todos los veían como un dato "interesante", un ‘objeto a estudiar’. También los protagonistas de la novela se topan con personas que le dicen cómo deben actuar para dejar de ser lo que son.

¡OH!: ¿Se le tiene lástima?

- Si fuera sólo lástima no sería tan malo, pero por un lado hay la conciencia de su situación y por otro una cierta irritación por su presencia. Es por eso que la novela trata de combatir aquellas ideas de que los bolivianos estarían mejor si se quedarán en su país o que nosotros los queremos siempre y cuando permanezcan allá y no vengan para acá. En eso no veo que haya un deseo de integración, sino de marginación extrema.

¡OH!: ¿Cuánto tiempo te llevó escribir la novela?

- Me llevó un buen tiempo, pero no podría decirte que realicé muchos esfuerzos y sufrí haciendo correcciones de estilo o que tal vez pasé muchas noches en vela por cambiar una coma. Nada de eso, porque realmente me gustó muchísimo escribirla. Tengo varios recuerdos felices de los encuentros con los bolivianos que me dieron la idea de la historia, pero me da mucha vergüenza decirles que soy un escritor o una cosa por el estilo; por eso, prefiero que la novela se publique con el seudónimo que utilicé para el concurso y que es el de Bruno Morales. Además quiero escribir otras historias de bolivianos en Argentina, que tal vez tengan como protagonista al de Bolivia Construcciones, del cual no sabemos nada de su historia personal y del que podemos aprender mucho.

¡OH!: ¿Qué aspectos destacas del inmigrante boliviano en Argentina?

- El orgullo por el trabajo, el luchar frente a la adversidad y su espíritu solidario. Por ejemplo, en la fiesta de la virgen de ayer, la gente lo estaba pasando muy bien. Bebían y celebraban, pero todos estaban pendientes de que sus amigos lleguen bien a casa, porque muchos habían venido de lugares muy lejanos. Había una verdadera preocupación por el otro.

¡OH!: En ese contacto frecuente con los bolivianos ¿qué costumbres son las que más disfrutás?

- No sé, son muchas. Sería más fácil decirte que es lo que no disfruto (risas). Creo que Bolivia es un país con taquicardia y eso me gusta. Esa intensidad cotidiana con la que viven todas las cosas. Los bolivianos son grandes trabajadores, pero cuando se trata de festejar, tampoco tienen límites.

¡OH!: ¿Cómo es eso de que es un país con taquicardia?

- Sí, Bolivia me parece un país con taquicardia. Un poco por las alturas que tiene, como por su historia. Un país en el que a sus habitantes el corazón le late dos veces más rápido que en cualquier otro lado y eso es realmente muy lindo.

 
 
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