Texto | Rafael Sagárnaga L.
Fotos | Rodolfo Goitia
Educación | Jaime Escalante es sin duda uno de los profesores más exitosos dentro y fuera de Bolivia. En un momento en que la educación en el país atraviesa por varios conflictos y ajustes, su opinión y experiencia son fundamentales para aclarar el panorama.
Son tiempos de intensa polémica sobre la función más importante, pero a la vez más descuidada por el Estado: la Educación. El debate se hace controversial y resulta difícil definir las causales de la aguda crisis que en esta materia afecta al grueso de la población. En ese contexto, Jaime Escalante, el referente individual más exitoso de la historia pedagógica contemporánea en Bolivia, recuerda sus experiencias y lanza sus observaciones.
¡OH!: ¿Quiénes fueron sus profesores, es decir, quiénes le motivaron el método que usted concibió para triunfar en sus emprendimientos pedagógicos?
El mejor profesor que tenemos es la experiencia. En los años 50, en La Paz, fui profesor de los colegios San Calixto, Bolívar y fundador del Colegio Gualberto Villarroel. También trabajé en el Colegio Militar. Por lo tanto, estuve expuesto a diferentes culturas y clases de alumnos. En el San Calixto se exigía responsabilidad y cumplimiento, y el trabajo duraba casi 12 horas. Los jesuitas tenían la idea de mantener al alumno el mayor tiempo posible en el colegio. Eso lo apliqué en EEUU. Así los jóvenes se alejaban de senderos equivocados, como las pandillas, porque no tenían ningún control en la casa.
¡OH!: ¿Y en cuanto a personas?
Claro, a eso iba, mi madre era profesora, y aprendí de ella. Por ejemplo, cuando era niño me pedía que le ayude a llevar naranjas a la escuela. No me gustaba la idea porque yo quería jugar, pero ella luego tomaba la naranja y hacia referencia a la esfera. Después cortaba alrededor y decía: “éste es el círculo”, cortaba por la mitad y hablaba de simetría.
Vengo además de una familia de educadores. Soy sobrino de Elizardo Pérez Gutiérrez, el fundador de la primera Normal Rural de Warisata quien trabajó junto a su hermano, Raúl. Ellos les enseñaron allá a los campesinos aymaras que no conocían el idioma. Yo veía que tenían que enseñarles sonidos y darse modos. Comprendí la paciencia que hay que tener. Con esas experiencias, más las de mi hermana, que también es profesora, y de mi tía, Candelaria, hermana de Elizardo, quien inició los programas del desayuno escolar, fundé el colegio Villarroel. Sumo la etapa en la que de niño era ayudante del laboratorio de física del San Calixto Andaba siempre con preguntas al padre Koch, y él muy amablemente me respondía o me pedía un poco de paciencia.
¡OH!: ¿Qué conclusiones sacó?
Con el trabajo de varios años en el colegio Bolívar y alguna experiencia más en Puerto Rico vi que era necesario desarrollar la habilidad personal de los alumnos, interpretarles y aprovechar todo lo posible de lo que ellos puedan dar. No creo en los superdotados, creo en los jóvenes que ponen un poco de ganas y pueden responder.
¡OH!: ¿Por dónde empieza?
En EEUU lo primero que hice fue infundirles confianza en la materia que todos tenían con imagen negativa. Luego procuré atraer a los padres de familia porque la escuela sola no podía educar. También vi la necesidad de apoyo económico, entonces pedí ayuda a una compañía petrolera que me colaboró. Con esos tres aspectos consolidados busqué a algunos profesores que me siguieran en la metodología basada en el criterio de “aprender haciendo”. Se me ocurrió además la idea de preparar a los jóvenes para los exámenes de ingreso a la universidad en química, física y matemáticas. Además estaba siempre participando en competencias de matemáticas, y esto estimulaba a los alumnos. Era una dedicación completa, allá y aquí, por querer demostrar que las matemáticas no son difíciles, que sólo necesitan un poco de concentración. Esa fue la base.
¡OH!: ¿En qué invirtió el apoyo económico?
Me permitía darles la forma de un equipo. Los uniformaba, les compraba chamarras, mochilas. Los mantenía en la clase. También me permitía usar la música, música boliviana. Les decía, por ejemplo, que los pasos del caporal eran muy interesantes, les prestaba videos. Ellos así adquirían confianza. También cuando ya hubo alumnos que se hicieron médicos, empezamos a hacer que a los nuevos les revisen la vista u otros aspectos de salud. Así veían que uno se preocupaba por ellos.
¡OH!: Dentro de ese contexto, ¿Puede precisar algunas otras claves que le ayudaron a que sus alumnos luchen hasta aprender?
El secreto era tener a los alumnos por cuatro años, más cuatro (vacaciones) de verano, con el mismo profesor o con el grupo de profesores que había entrenado. Así los jóvenes tenían éxitos en los exámenes de admisión o las competencias.
¡OH!: Más allá de la motivación y el apoyo, ¿qué particularidades introdujo que diferenciaron su método de los métodos tradicionales?
Primero nunca entrar por la definición del tema que uno va a hablar. Siempre relacionar las cosas con algo que uno conoce o sabe. De ahí enlazar y sacar el concepto que uno quiere. Después comprendí que se debe enseñar digamos por unos diez minutos y luego pasar hojas de trabajo, lo que llamábamos de laboratorio, y organizar a los alumnos en grupos. Vi que era importante hacerlos trabajar en mesas de a cuatro, hacer que se colaboren. Me decía: “cuando éstos egresen un día van a trabajar juntos en las compañías donde vayan. Necesitan esta relación”. Sólo los exámenes eran individuales y diferentes para que no usen su mirada en diagonal.
¡OH!: ¿Ha patentado su método, ha hecho una escuela del mismo que hoy siga su propia dinámica?
No lo he patentado, pero sí tiene su propia dinámica. Hay profesores que han hecho lo mismo y siempre que voy allá me llaman. Hay un señor al que le dicen “Mister Vi”. Apellida Villavicencio, es de Nicaragua. Él ha hecho su propio programa en base al mío. Hay otros en Texas que hicieron lo mismo y un grupo en Los Ángeles que aplica el método en la primaria. El método ha sido denominado “Enriquecimiento de matemáticas-método Escalante”.
¡OH!: ¿Puede citar a los alumnos más exitosos que ha tenido?
Actualmente tengo a cuatro ingenieros que trabajan en la NASA. Uno de ellos trabaja en el proyecto Galileo. Ellos generalmente me invitan para que les hable a sus colegas. Les citan recuerdos de partes importantes de su vida porque estos muchachos eran pandilleros. También tengo varios médicos y especialistas en complejas cirugías odontológicas y estéticas. Uno de los que más recuerdo es Mando Islas. Él hoy es multimillonario, tiene su propio hospital. Generalmente los medios le hacen entrevistas y él me menciona mucho. Dice: “Gracias a él ahora tengo todo lo que tengo porque si no hubiese conocido al profesor Escalante, estaría lavando platos como varios de mis compañeros que no siguieron las instrucciones que él daba.”
¡OH!: ¿Y qué faltó en aquellos que hoy lavan platos?, ¿fueron muchos?
Hubo muchos, tal vez más de diez, haciendo una apreciación indirecta. No todo sale bien. Uno se ve frustrado cuando el joven no quiere cambiar su estilo de vida. Y especialmente pasa cuando ya está cerca que, como se dice, se quema el pan en la puerta del horno.
¡OH!: ¿Qué opina de aquellos psicólogos que recomiendan qué carrera debe uno estudiar o califican la capacidad intelectual de los estudiantes?
Es imposible hacer una predicción sobre lo que un muchacho pueda llegar a ser. Suele ser que en colegio hay alumnos muy buenos y otros a los que se considera mediocres o flojos. Pero cuando van a la universidad muchas veces los que son considerados buenos se quedan a la zaga y los otros triunfan. Esto depende de la influencia que recibe el alumno en el barrio y en la casa que es la primera escuela. Eso se define con la clase de profesor que se tiene. En nuestro medio, por ejemplo, los chicos son vivos, tienen una habilidad matemática para poner sobrenombres a los profesores. Si el profesor ha hecho un impacto de primer orden, el muchacho tiende a seguirlo y va modelándose. Tiene un respaldo y busca un camino relacionado con lo que le gusta hacer.
El psicólogo no puede cambiar eso. Matemáticamente es imposible medir el cociente intelectual de un alumno. Lo que falta es motivación. Falta hacerle entender al joven que cualquier carrera que él quiera seguir tiene que estar relacionada con algo que él puede o sabe, para que tome ventaja de ello y se inserte en el mundo laboral. Si no entonces pica de una y de otra.
¡OH!: ¿Y Usted cómo realizaba la orientación vocacional?
Invitaba a profesionales de todo tipo a darles conferencias los sábados. Ellos les explicaban cómo habían llegado a ser médicos, industriales o policías, etc. Pero además es muy importante, por ejemplo, en la transición de tercero a cuarto de secundaria, preguntarles, en la clase, qué quieren llegar a ser. Según las respuestas, uno debe orientarles a estar expuestos a las oportunidades que les dé la vida para que se apliquen en esas áreas. Si él dice periodista, entonces recomendarle que escriba a diario oraciones; si dice ingeniero, pedirle que se concentre mucho en resolver ejercicios de matemáticas y los relacione a la física y la química, etc. El colegio debe ofrecer un buen ambiente pedagógico que le responda al alumno sobre lo que quiere y va a ser. Si el profesor sólo se concentra en su materia y no orienta, entonces no está educando. De lo contrario poco después aparecen los psicólogos y dicen que el joven tiene un bloqueo. Le piden que haga esto o el otro, pero ya puede ser tarde.
¡OH!: ¿A qué edad se puede trabajar mejor la vocación?
En la pubertad uno tiene como una masa para darle la forma que uno quiere. Como yo daba clases cada día tenía que combinar las actividades de enseñanza con música y películas para no hacer la matemática odiosa. El profesor tiene que inspirar confianza, decirle al joven que nada es difícil y que lo que está aprendiendo se puede relacionar con cuestiones objetivas. Yo no comulgo mucho con los psicólogos porque hacen teoría. La práctica es la clave. Yo les enseñaba a multiplicar con los dedos o les daba geometría en base a la Puerta del Sol y les explicaba además que era una sola piedra y también la cultura de Tiwanaku.
La matemática no es estar, como en Derecho, todo el día sobre un libro. La matemática inspira y orienta para múltiples vocaciones, a cualquier carrera.
La educación boliviana según Escalante
¡OH! ¿Qué cree que le falta a la Educación Boliviana? Ya vamos a otra reforma tras una en la que gastaron cientos de millones de dólares y tiempo, pero parece que no hay resultados.
Hay que entender que hacer una reforma es mejorar la educación. No es insertar cualquier cosa que venga con el nombre de reforma y gastar un montón de dinero sin que se vea el producto. Yo formé aquí parte de una reforma, cuando era Presidente Paz Estensoro, y lo único que se hizo fue cambiar la escala de calificación de 1 a 7 en lugar de 1 a 5, y copiar algunos libros.
La reforma no significa decir que no hay más exámenes. Al contrario, debe estimularse que el alumno se haga un poco más comparable a los otros y se vea a los alumnos que estudian. No se anticipó las consecuencias de la última reforma. Hay demasiados trabajos que se copian del Internet por 50 centavos. Ya no se le exige, no se estimula el razonamiento de presentar proyectos, ir a la biblioteca y estudiar. La cantidad de billetes que gastaron en esa reforma debían haberla dirigido a construir bibliotecas e infraestructura pedagógica.
¡OH! ¿Y en la nueva reforma qué deben hacer?
Tiene que ser para mejorar, no para retroceder 500 años. Estudiar idiomas o hablar mucho de pueblos originarios no nos va a conducir a nada. Tenemos que estar un poco más actualizados de acuerdo a la corriente tecnológica mundial. Hay que enseñarles a los alumnos a que sepan estudiar para pasar de curso. Hoy no están preparados y se ve que cuando dan exámenes de ingreso a las universidades y no pueden, recurren a crucificarse o hacer huelga de hambre. Entonces no hay cualidad de educación.
Los profesores se nota que no saben evaluar la capacidad del alumno. No hay alumno malo, pero les crean traumas de que no pueden. Por eso recurren a los psicólogos.
La parte administrativa también tiene que preocuparse de actualizar a los profesores. Me preocupa cómo aquí siguen enseñando con el Baldor que salió hace 50 años. Si no se cambia todo eso la nueva reforma también será un fracaso.
¡OH! La educación en EEUU hoy también está en problemas. ¿Qué modelo cree que debía de alguna manera emularse en Bolivia?
En EEUU, la educación tiene altibajos. Se optó por clasificar con exámenes, desde primaria, a los alumnos entre superdotados, normales o que necesitan ayuda. Yo tuve éxito porque peleé contra aquello y demostré que no era necesario pasar por eso, no sólo en exámenes de ingreso, sino en competencias abiertas.
En Bolivia necesitamos hacer laboratorio de matemáticas donde el alumno relaciona las cosas. No hay que dar tareas grandes, sino aquellas en las que el alumno no ocupe más de media hora, pero aprenda, no hay que agotarlo, sino estimularlo en base a los quehaceres del día.
En Japón por ejemplo tienen el ábaco como ventaja y enseñan la matemática de manera lúdica. Igual en Corea se estimula el relacionamiento. En suma, si al alumno se le enseña a pensar y a comunicarse la Reforma Educativa está hecha.