Volver a Los Tiempos
Edición Semanal
ACTUALIDAD
Cochabamba - Bolivia
Revista de Domingo Para Toda La Familia
Domingo, 26 de marzo de 2006
CONTENIDO
Actualidad
Bolivianos en el reino de la ‘migra’ y los ‘coyotes’
La Juana de América Se habla de ella, pero pocos la conocen bien
Yanacachi: La Puerta de Los Yungas
Entrevista
“Siempre hallé placer en escribir”
Tendencias
Única y especial…
Los niños y el deporte
¿Dolor de espalda?
Paparazzi
Maribel Arce Pinto
María Luisa Doria Medina
Familia Campero

Staff

PRESIDENTE EJECUTIVO
| Gonzalo Canelas

CONSEJO EDITORIAL
| Fernando Canelas
| Alfonso Canelas

DIRECTORA EDITORIAL
| Maria Reneé Canelas


EDITORA DE ACTUALIDAD
| Mónica Oblitas

EDITORA DE TENDENCIAS
| Mónica Luján

EDITOR DE HABITAR
| Leonardo Terán



Galería de Fotos Miss Bolivia 2008
Elección Miss Universo 2008

Historia

La Juana de América Se habla de ella, pero pocos la conocen bien

Texto | Ricardo Herrera de El Extra para ¡OH!

Fotos | Fuad Landívar, Archivo

Este mes se cumplen 190 años de la batalla de El Villar. Una de sus victorias más resonantes en la Guerra por la Independencia | De ella se han escrito canciones y poemas. es uno de los personajes más conocidos de Bolivia, pero sólo de nombre, reclaman algunos historiadores. El aporte de su esposo Manuel Ascencio Padilla en el conflicto es menos conocido aún. Vivió hasta los 82 años y murió sola, abandonada y en la pobreza total. Los reconocimientos llegaron tarde

Con su nombre se han bautizado plazas, calles, escuelas y provincias en Bolivia, Argentina y otros países de América. Inspiró obras de teatro, canciones, poemas y algunos libros en los que se habla de sus hazañas en las luchas por la independencia de América. Pero, ahora que existen estatuas en su honor y se la cita en los libros, sigue siendo un personaje de nuestra historia que se menciona mucho, se conoce poco y de la que aún queda mucho por investigar.

Precisamente, este mes se cumplen 190 años de la batalla de El Villar, quizás la más importante que le tocó librar y que extendió su fama tanto entre los patriotas como entre sus enemigos, ya que como contara Bartolomé Mitre: "Tenía doña Juana una guardia de amazonas que la acompañaban siempre; 30 fusileros criollos y 200 indios armados de hondas, palos y flechas", con ellos enfrentó a las tropas españolas a las que derrotó de forma admirable, "Padilla había confiado la defensa de varios puestos a sus capitanes, uno de ellos, que le parecerá al lector algo raro, al mando de su esposa, mujer extraordinaria, doña Juana Azurduy. El enemigo fue completamente rechazado después de haber dado furioso ataque; y esa mujer heroica tuvo la satisfacción de presentar a su esposo la bandera enemiga tomada con sus propias manos" escribió Gregorio Funes (Deán) en su Historia de las Provincias Unidas del Río de La Plata (de 1816 a 1818).

Existe mucha confusión en fechas y acontecimientos de la vida de Juana Azurduy. Una de ellas es la de su nacimiento. Algunos autores dicen que fue el 8 de marzo de 1781, sin embargo, en la partida de bautismo que encontró Joaquín Gantier indica como fecha de su natalicio el 12 de julio de 1780 en Chuquisaca. El historiador, que fuera el primer custodio de la Casa de la Libertad de Sucre, recuperó en 1945 la olvidada memoria de la heroína en su libro Doña Juana, que ha servido como fuente principal para posteriores biografías e investigaciones.

Hija de Matías Azurduy y Eulalia Bermudes, quedó en la orfandad cuando aún era muy joven. Ella y su hermana menor pasaron a manos de su tía Petrona Azurduy, cuyo esposo se haría cargo de administrar las propiedades dejadas por su padre. A poco tiempo de cumplir 17 años ingresó en un convento, donde no pudo adaptarse a las costumbres y vida del monasterio. Ella estaba acostumbrada a la vida del campo y al contacto con los campesinos e indígenas que, además de apreciarla, la respetaban; por eso, fue importante que su tía decidiera devolverla a su hogar. Tiempo después conocería a Manuel Ascencio Padilla, su vecino de finca con el que se casaría en 1805.

Los abusos de poder, los privilegios de los que gozaban los españoles y los impuestos que eran cobrados para la corona empezaron a preocupar y luego a ser cuestionados por parte de muchos criollos. Los Padilla Azurduy no estuvieron ajenos a estos problemas. Manuel empieza a vincularse con las personas que luego gestaron la revuelta del 25 de mayo de 1809, que de un disimulado apoyo a Fernando VII, derivó luego en la rebeldía contra España.

En los años siguientes, la pareja comprometerá más su apoyo a los rebeldes y luego la participación directa de Manuel como uno de los líderes guerrilleros. "En la Guerra de la Independencia existieron varias fases. La primera fue la sublevación general de indios que se dio a partir del 1780 y luego el movimiento de las ciudades que sobre todo se concentró entre 1809-1811 en lo que hoy es Sucre, La Paz y otros pueblos. Al ser derrotados estos movimientos ciudadanos se inició el movimientos de guerrillas (o republiquetas) que tuvo varios focos, uno de los más importantes fue el que se desarrolló en Chuquisaca encabezado por Manuel Ascencio Padilla y donde también jugó un rol importante Juana Azurduy", explica el historiador Fernando Cajías. Juana ya era madre de cuatro hijos cuando decidió acompañar a su esposo en la lucha. Sin embargo, la tragedia asaltó nuevamente su vida al perder a sus hijos en una ocasión en la que escapaban de la persecución de los realistas. "Ellos estaban ocultos en una región selvática. Dos de sus hijos murieron allí. Poco tiempo después los otros dos. Casi todos fallecieron en los brazos de su madre y ella tuvo la admirable entereza de sobrellevar sus muertes. Su convicción a la causa patriótica la mantuvo firme. Fue una mujer excepcional. Luego de muchos años, ella se volvió a embarazar y tuvo a su quinto hijo (Luisa). En medio de los fragores de una de las batallas tuvo que retirarse para dar a luz a su hija. Lo hizo cerca de un río ayudada por una india. Situaciones como éstas forman parte de la vida de Juana, que fue una mujer excepcional", sostiene Patricia Fernández, historiadora y docente de la Universidad Mayor de San Andrés, que en 1997 publicó un libro sobre la heroína chuquisaqueña para la colección Protagonistas de la Historia.

Fernández indica que sobre Azurduy se han escrito muchas cosas alejadas de la verdad, pero que la historia no puede ser totalmente objetiva. En este caso, una serie de cartas de Azurduy, que hay en el Archivo y Bibliotecas Nacionales de Bolivia junto a otros documentos y bibliografía, le sirvieron de base para reconstruir la vida de la que fuera nombrada teniente coronel del ejército auxiliar argentino. "Algo que me parece importante es cambiar esa idea de que doña Juana participó en la guerra porque era una "marimacho". Ésta fue una versión que circuló mucho en Chuquisaca por parte de algunas personas que quisieron quitarle valor a ese periodo de las luchas independentista. A doña Juana la despreciaban en la sociedad chuquisaqueña por haber intervenido en la guerra al lado de los indios, a los que no podían ni sentir en esa época", indica Evelín Ríos de Reyes, historiadora que investigó durante siete años la vida de Juana Azurduy en archivos de España, Argentina y Bolivia. Producto de esas pesquisas es una tesis de grado y un libro que aún espera ser publicado.

Ríos señala como una fecha decisiva el 14 de noviembre de 1813, cuando Belgrano la invita a "la Juana" a comandar el grupo de indígenas del ejército argentino: "La aceptaron en el ejército, porque los españoles utilizaban a indígenas para los combates, los que eran enviados por los caciques aliados a los españoles. El ejército argentino reclutó también indígenas, pero tenían el problema que no sabían su lengua. La única que pudo ayudarlos a comunicarse con ellos era doña Juana, que dominaba esa lengua desde que era propietaria de haciendas y, sobre todo, porque le tenían confianza", asegura la historiadora.

La muerte de Manuel Ascencio Padilla y de otros importantes guerrilleros debilitó las republiquetas. Pese a ello, Juana Azurduy llamó a la unión entre los grupos que habían quedado sin sus líderes. Luego de dejar a su hija a buen cuidado prosiguió su viaje hacia el sur hasta incorporarse al ejército de Güemes en Salta. Allí permaneció durante varios años y decidió regresar a su tierra cuando se anunció la victoria de las fuerzas independentistas. Sin embargo, su retorno no tuvo la gloria ni la resonancia que hubiese merecido. Con escasos recursos pudo llegar a Chuquisaca y sobrevivió gracias a una pequeña pensión otorgada por el nuevo gobierno, que luego le fue retirada. Se sabe que los últimos días los pasó en la extrema pobreza, sola, y que fue sepultada en una fosa común el 25 de mayo de 1862 a la edad de 82 años. Muchos años después, y demasiado tarde, llegarían los reconocimientos y los honores. "A pesar de simbolizar esa fase heroica de la guerra, también simboliza la derrota y la desaparición de todo un grupo de guerrilleros que lucharon por la patria. Ella pertenece a esa generación que luego fue olvidada y arrinconada, porque los que fundaron la República no fueron los protagonistas de la guerra. Ahora es uno de los personajes más conocidos de Bolivia, pero sólo de nombre y muy poco en profundidad. En especial los cuatro años de lucha junto a su esposo, el que también merece ser recuperado en investigaciones y en la memoria colectiva", explica Cajías.

En 1962, centenario de su muerte, a sugerencia de Gantier y siguiendo las indicaciones dejadas por Indalecio Sandi, que fue el niño que acompañó en sus últimos días a la guerrillera, se extrajeron restos humanos que se supone pertenecen a Juana Azurduy. Ahora éstos se conservan en una urna en la Casa de la Libertad. Sin embargo, Ríos no cree que los huesos encontrados pertenezcan a la heroína: "El mismo Gantier dijo que fue sepultada en una fosa común y en una fosa común los cuerpos se mezclan con otros y es muy difícil asegurar que los restos encontrados le pertenezcan a doña Juana", afirma la historiadora. "Es un personaje sorprendente y mucho más si se toma en cuenta la época en la que vivió donde era difícil encontrar una mujer emancipada, con las agallas para combatir a la par de los hombres. Lo cierto es que hasta ahora no le hemos dado el valor que se merece", comenta Fernández. "Las condiciones en las que ella vivió eran totalmente distintas a las de hoy. Las mujeres eran consideradas legalmente como menores de edad y no tenían ningún derecho. Las mujeres en Bolivia no podíamos votar, administrar nuestros bienes ni siquiera a opinar hasta la revolución del 52, pero Juana Azurduy se atrevió a romper esos mitos muchos años antes", concluye Ríos.

 
 
Untitled Document
© Cochabamba - Bolivia