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Domingo, 27 de enero de 2008
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América, ¿los guerrilleros toman el poder?

Néstor Kirchner

Textos | Rafael Sagárnaga

Fotos | Archivo

Durante años, tuvieron en común el haber sido perseguidos, torturados, encarcelados por lustros íntegros. Coinciden también cuando guardan en su memoria secretos, detalles de crueles asesinatos, extorsiones y asaltos. Hasta fines de los 90 el paralelo cuadraba allí. Hoy, los asemeja y hasta liga otra coincidencia: gobiernan o están cada vez más próximos al poder de algún país latinoamericano.

Si la evidencia sólo se resumiera a listas, para los viejos anticomunistas de EEUU y los dictadores de los 70, éste sería el escenario de sus peores pesadillas.

¿Qué habrían sentido hoy Alfredo Stroessner, Augusto Pinochet, Juan María Bordaberry o Hugo Banzer al ver lo que sucede en el continente? ¿Qué pensaría Nixon? Es más, ¿que sentirán los languidecientes ex dictadores argentinos, hoy, para variar, procesados?

Sin embargo, el panorama tampoco sería sencillo para los viejos teóricos y caudillos guerrilleros de ese tiempo. Cuando madura la primera década del siglo XXI, muchos de sus discípulos y camaradas tienen mando y predicamento nacionales, pero gracias a las urnas. Es más, conviven y negocian con Washington y los centros del gobierno europeo, y guardan, si no respetables, muy buenas relaciones con empresarios de toda índole.

EL CASO ARGENTINO

Lo cierto es que, sea como sea, los guerrilleros de otrora, hoy están en el poder. Posiblemente uno de los casos más llamativos resulte el argentino. La pareja de Néstor y Cristina Kirchner marca uno de los ejes de hegemonía más significativos en por lo menos medio siglo. El mismo empezó a gestarse en 1971 cuando ambos militaban en la Federación Universitaria de la Revolución Nacional (FURN). Aquel frente estudiantil se convirtió paulatinamente en una organización de superficie de los Montoneros, el grupo guerrillero más importante de los 70 en Argentina. Cuando la dictadura de Rafael Videla precipitó la guerra interna que causó 30 mil muertos, la pareja “K” inició una larga etapa de sucesivas mudanzas. En cada hogar o refugio provisional, los Kirchner convivieron con importantes dirigentes montoneros como Carlos Negri, Oscar Vásquez, Hugo Bacci y su gran amigo Carlos Labollita. En 1974 sufrieron un arresto de 28 días en Río Gallegos junto a Vásquez.

Labollita figura en la lista de desaparecidos por la dictadura. Sus captores han sido arrestados y procesados. Tras asumir la presidencia, una de las primeras acciones públicas de Néstor fue un homenaje a Labollita en el que descubrió una placa conmemorativa. Tampoco olvidó a los sobrevivientes Montoneros. Al menos 20 ex militantes notables se convirtieron en legisladores, diplomáticos o miembros de los gabinetes de la pareja “K”.

En la lista figuran el escritor y diputado Miguel Bonnaso, el ex subsecretario de la Presidencia Carlos Kunkel, el subsecretario de Relaciones Exteriores Marcelo Fuentes, la subsecretaria de Asuntos Legales de la Presidencia Ofelia Cedola, el embajador en España Carlos Bettini, como los ya mencionados Oscar Vásquez y Hugo Bacci, ahora devenidos en diputados.

En 1976, ese Kirchner rodeado de guerrilleros enfrentados a una máquina de guerra, asumía el curso que casi un cuarto de siglo más tarde lo llevaría al poder.

“Vámonos del país, por favor. Nos van a destrozar a todos. Van a venir con una Caterpillar y no va a quedar nada”, le repetía su esposa Cristina, tras la riesgosa decisión de volver a la Universidad de La Plata, decidido a concluir el último semestre de su carrera y tras años de virtual clandestinidad.

“Quédate tranquila. Primero me voy a recibir y después nos volvemos al sur a ganar plata. Tengo que ganar mucha plata para ser gobernador…”.

Cruzando el Río de la Plata, el retorno de los guerrilleros cobró una característica más corporativa en Uruguay. Los recordados tupamaros a los que derrotó la dictadura arropada bajo el gobierno del abogado Juan María Bordaberry, asumieron en conjunto a finales de los 70 un paciente camino al poder. De 5.000 militantes que había tenido el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros en su pico de insurrección (1969), para 1978 quedaban sólo 400. Ese grupo, convertido en Movimiento de Participación Popular (MPP) y encabezado por Raúl Sendic, inició esta vez batallas legales y políticas en base a un discurso renovado y conciliador. Se convirtió en uno de los mensajes que mayor desgaste empezó a generar en el eje derechista de los partidos Blanco y Colorado que se alternaban en el poder.

Sin duda, una señal de aquel avance la marcó la multitudinaria despedida que homenajeó a Sendic cuando éste murió en abril de 1989. Se estimó entonces que más de 100 mil personas marcharon por Montevideo. Una década más tarde, la organización sumaba el 15 por ciento de los votos del Frente Amplio que empezó a encabezar el socialista Tabaré Vázquez. Entonces, pese a la derrota presidencial, los tupamaros obtuvieron dos senadores y cuatro diputados.

En 2003, los ex guerrilleros uruguayos llegaron al poder, esta vez liderados como bloque por uno de sus fundadores: Eleuterio Fernández Huidobro. Se estimó que el frente amplio ganó un 40 por ciento de sus respaldos gracias a los ex tupamaros. Y la muestra del poder que alcanzaron se consagró en el Congreso. José “Pepe” Mujica y Nora Castro, representantes del MPP, asumieron respectivamente las presidencias del Senado y de la Cámara de Diputados. A Mujica también le correspondió la titularidad de la Asamblea General. Nora se convirtió la primera mujer en la historia política de Uruguay en ser presidenta de la Cámara Baja.

A tres años de la administración izquierdista de Tabaré Vázquez, “Pepe” Mujica figura en las encuestas como una de las figuras presidenciables. Una de las frases que más se le recuerdan habla de su conversión de guerrillero a demócrata: “Si vos no cambiás, no cambia nada”.

Mientras, la otrora exitosamente revolucionaria Nicaragua vive un singular caso de la llegada de ex guerrilleros al poder. Daniel Ortega, el que fuera líder de la revolución sandinista de 1979, resultó elegido presidente en 2006. Su retorno cobró gran polémica entre propios y extraños. Sólo tres de los nueve históricos líderes sandinistas lo respaldan en su actual esquema. A todos los afectan graves antecedentes de corrupción. Volvió al Gobierno tras pactar con el multimillonario ex presidente derechista Arnoldo Alemán, arrestado por graves estafas al Estado.

La vuelta de Ortega también sorprendió por un marcado proceso de reconciliación con la Iglesia Católica. Incluso se comprometió a la ilegalización del aborto terapéutico. Ortega se esmeró además en el cambio de colores y símbolos de los viejos guerrilleros. Pero ya en el poder, pareció recobrar algo de sus viejos aires radicales, pese a la fortuna que ostenta. Pronto se alineó con el eje La Habana – Caracas que hoy radicaliza al continente. En estos días, aún resuena otra de las transformaciones sorpresivas de su campaña. Mientras entre los 70 y los 80 Ortega repetía el estribillo “luchamos contra el yankee enemigo de la humanidad", en 2006 cantaba la pacifista consigna de John Lennon "Dale una oportunidad a la paz".

EL CASO BOLIVIANO

El caso de Álvaro García Linera y los ex guerrilleros bolivianos que hace dos años se convirtieron en autoridades y legisladores oficialistas, tiene también sus particularidades. Esta vez suman corrientes y generaciones dispares. Por una parte cuentan casos como los del senador Antonio Peredo, su hermano y concejal edil Oswaldo, como la asambleísta Loyola Guzmán. Los tres pertenecieron a las guerrillas que inspiró Ernesto Che Guevara en 1967 y 1969, en las zonas de Ñancahuasú y Teoponte. Guzmán incluso combatió al lado del mítico guerrillero y junto a dos de los hermanos de Peredo. Luego soportó una tortuosa detención por parte de las dictaduras militares. Se sabe que uno de los ejes centrales del Gabinete de Evo Morales responde al grupo que dirige Antonio Peredo, con al menos tres ministros. Sin embargo, el actual Gobierno boliviano es asimismo influenciado por el grupo de García Linera. Éste tuvo su génesis en el Ejército Guerrillero Tupaj Katari (EGTK), organizado a principios de los 90. Tras su precoz desarticulación, las autoridades condenaron a García Linera, acusado de actos terroristas. El actual Vicepresidente junto a sus compañeros pasó cinco años de reclusión en la prisión de alta seguridad de Chonchocoro. Su reconversión a intelectual conciliador ha merecido elogios como críticas. Los simpatizantes advierten en él la clave de la armonía para la crisis política boliviana. Sus detractores lo acusan de un doble discurso tras el que escondería una radicalidad a la que no habría renunciado.

A poco de asumir el poder, García Linera dejó grabada una frase de múltiples connotaciones. “Le comparan con Stalin”, le dijo una periodista española.

“Yo me veo como uno de los últimos jacobinos de la revolución francesa, y a Morales, como Robespierre”, respondió éste entre risas.

Así el aire de reconversión de ex subversivos marca al continente. Incluso en Brasil. Allí la otrora guerrilla maoísta de Araguaya, surgida del Partido comunista do Brazil, cuenta con una bancada de diputados que respalda al Gobierno. Adicionalmente, sus representantes son o han sido parte de al menos 10 ejecutivos estatales.

Incluso el aire de cambios toca al presidente peruano Alan García. A este se le recuerda su larga amistad, convivencia y co-militancia con el líder del Movimiento Revolucionario Tupaj Amaru (MRTA), Víctor Polay. Curiosamente, Polay pudo escapar durante la primera presidencia de García de la cárcel de máxima seguridad en la que había sido recluido.

En Chile, hace unas semanas, viejos militantes del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria reclamaron la necesidad de nuevas estrategias en el esquema gubernamental. La demanda muestra la presencia de grupos otrora armados en el actual Gobierno.

En el horizonte electoral latinoamericano se advierten además nuevos intentos de llegada al poder por parte de ex ultraradicales. En el Salvador, el izquierdista Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) proclamó el domingo pasado a un periodista crítico del gobierno y un ex comandante guerrillero como sus candidatos a la presidencia y vicepresidencia para las elecciones del 2009. Anticipándose a los demás partidos, el FMLN, declaró en un estadio de San Salvador a Mauricio Funes, de 48 años y reconocido periodista de la televisión, como su nuevo abanderado para la presidencia, que el partido busca desde 1994. Su compañero de ruta y candidato a la vicepresidencia de la nación latinoamericana será el ex comandante guerrillero Salvador Sánchez Cerén.

En campaña pre electoral también, el candidato liberal izquierdista paraguayo Fernando Lugo, nombró a principios de mes, jefe de campaña a Miguel López Perito, miembro de la guerrillera Organización Militar Paraguaya (OMP) de los años 70.

Mientras, sin desligarse en lo mínimo de lo guerrillero, Colombia y Venezuela cuentan con historias aparte sobre la actual pugna por el poder. Pero los tres casos merecen capítulos y tratamientos extendidos y particulares. En todos o algunos de sus poderes se ubican quienes hace décadas propugnaban caminos ajenos al sistema y otra vía de llegar al poder. Hoy son, en muchos casos, confesos y triunfantes equivocados.

 
 
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