El Convento de San Francisco en Tarija | lleva a
cabo un importante proyecto que atesora la historia
escrita de la región.
El reloj ha empezado la cuenta atrás. Las obras en el convento de San Francisco de Tarija, fundado como “Convento de Santa María de los Angeles”, que incluyen la adaptación de un nuevo museo y la organización de sus tres enormes bibliotecas, pretenden estar listas el próximo año para celebrar los 400 años de la creación de lo que fuera el predio más importante de evangelización de los franciscanos en la zona del Chaco, y que continúa siendo uno de los símbolos religiosos más emblemáticos de la región.
El camino de la fe
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Fundada el 4 de mayo de 1606 a pedido del pueblo de Villa San Bernardo de la Frontera (actualmente la capital de Tarija), la orden franciscana empezó su labor evangelizadora en una pequeña Iglesia del tamaño de un corral, que poco a poco fue convirtiéndose en el ente más importante de doctrina para las tribus selvícolas de los Tobas, Matacos, Chulupis, Caicuris y Chiriguanos ubicados en la zona del Chaco argentino, boliviano y paraguayo.
De acuerdo a las indicaciones del padre Lorenzo Calzavarini, actual director del Centro Eclesial de Documentación del Convento de San Francisco, la cronología de las actividades franciscanas en la zona pueden establecerse de la siguiente manera:
1606 – 1755: Tiempos de destino latinoamericano del
continente, cuando la estructura estatal – colonial ensanchaba su control; el proceso inverso será la expansión de la presencia eclesial, que elabora sus quehaceres espirituales y culturales como “pueblo de Dios”. El Convento de San Francisco se ubicó en la organización franciscana de la provincia de Charcas: se inicia el núcleo de su estructuración arquitectónica, vida conventual y comienzo misionero.
1756 – 1825: Momento de nacimiento del Colegio de Propaganda Fide y su acción territorial en las
zonas del actual Chaco boliviano, con presencia de misioneros hispanos.
1826 – 1917: Reapertura del colegio de Propaganda Fide con personal misionero internacional, italianos en su mayoría. Se amplía la zona misionera desde Yacuiba hasta el río Parepetí. Al mismo tiempo, se desarrolla una acción en el territorio eclesial, que será después la Diócesis de Tarija, con consolidación de la acción parroquial.
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1918 – 1984: Presencia de sólo padres de la provincia Franciscana de Florencia, que aceptó proporcionar el personal misionero. Con la colaboración de los Colegios de Potosí y de Tarija se permite la configuración del Vicariato de Cuevo. Con la clausura de los Colegios de Propaganda Fide, el Convento de San Francisco operó como casa de apoyo para el vicariato de Cuevo y profundizó aspectos de inserción franciscana en la ciudad y departamento de Tarija.
1985: Por la nueva organización de los franciscanos, el convento de Tarija es parte de la Provincia Misionera de San Antonio de Bolivia. La sede provincialicia reside en la ciudad de Cochabamba. En estos años se evalúan positivamente elementos de la “memoria” del pasado, proyectado hacia un futuro, que parece anclarse en aspectos de acción intelectual y de formación religiosa. Es en este periodo que se da especificidad al Archivo y Bibliotecas antiguos, se crea el Museo Fray Manuel Marí y el Centro Eclesial de Documentación con biblioteca especializada en documentos jurídicos, socioeconómicos y civiles, además de la colección arqueológica de Bolivia del P. Anselmo Andreotti . También se da paso a la publicación de ediciones históricas a cargo de los padres Gerardo Maldini, Pedro de Anasagasti, Lorenzo Calzavarini y José Rossi.
Los tesoros, hoy
El convento de San Francisco, reducido en la actualidad a un manzano de extensión (de los seis que ocupaba) donde también funcionan la librería y la imprenta (creadas ya en la época de los colegios de propaganda Fide y que funcionan hasta la fecha), guarda la memoria escrita de Tarija con documentos que datan desde 1606 y que se han agrupado en tres bibliotecas: la nueva, la antigua y la del “centro”, llamada así por su ubicación en el convento. Las tres reúnen aproximadamente 35.000 obras, siendo las más antiguas los escritos lingüisticos de la época colonial como los diccionarios y catecismos guaraní y mataco, escritos por Nicolás Yupanki con asesoramiento de los franciscanos, en 1727, el Diccionario Chiriguano-Español de 1899, escrito por el padre Giannecchini y una edición de lujo de La Iliada de antes de 1500.
El primer catálogo que contenía el total de las obras, data de 1916 y fue escrito por el Padre Conrado. Años después el catálogo fue complementado por el padre Maldini y hasta hoy continúa siendo una de las referencias para la organización de las bibliotecas.
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A medida que avanzaron los años, los aportes de los mismos padres franciscanos y los de los habitantes tarijeños, aumentaron el archivo con escritos en las más diversas áreas y con documentos que narran el acontecer de las distintas épocas tales como el Testimonio de la Provisión, escrito en 1759, la nómina de las tribus chiriguanas existentes en 1758 y diferentes contratos suscritos entre partes que datan de entre 1775 y 1919.
Los documentos están siendo clasificados en la actualidad en lo que Diego Oliva, uno de los encargados del archivo, califica como una misión tan difícil como importante.
Entre los estantes de la biblioteca antigua, ordenados de acuerdo a las letras del abecedario pintadas en
oro, con empastados de cuero y hojas de seda, se encuentran libros de teología, filosofía, derecho, sociología, antropología, etc., de tal manera que no hay un aspecto sin cubrir ni un momento importante en la vida de la región, que no esté registrado en los archivos del Convento ubicados en las distintas bibliotecas.
La organización de las mismas comenzó de mano del padre Lorenzo Calzavarini en 1973, cuya actividad como catedrático en la Universidad Mayor de San Simón, junto a sus intereses antropológicos acerca de la realidad boliviana, se sumaron a varias donaciones de ilustres ciudadanos como el doctor Eduardo Salinas, el doctor Rafael Ugarte y la contribución de fundaciones como la de Humberto Vásquez Machicado que legó al Convento, las obras completas del autor y los catálogos completos de Gabriel René Moreno.
Las fotografías antiguas forman parte de otra importante colección que incluyen retratos individuales de los monjes, “post-mortem” y de los principales personajes de las distintas épocas.
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Además del tesoro bibliográfico que guarda San Francisco, también se tienen varios objetos litúrgicos que se exhibirán en el nuevo museo, todos fabricados en plata dado que el voto de pobreza de los franciscanos prohibía el uso del oro como tejidos, muebles, cálices, objetos religiosos y cotidianos, además de una fantástica pinacoteca con más de 95 pinturas antiguas y 61 obras de arte religioso moderno entre las que se destaca el cuadro de San Francisco, que data del año 1680 y procede de la escuela arequipeña. Se están restaurando también más de 250 obras de arqueología.
En la actualidad los franciscanos continúan siendo un referente importante en la vida tarijeña. Ocupan el convento 4 sacerdotes y 3 hermanos quienes dividen su tiempo entre las labores evangelizadoras, la misa, la imprenta, la librería y la organización de las bibliotecas y el museo. Su aporte es imprescindible para conocer el pasado de una de las regiones con más historia en el país. El Convento de San Francisco y su proyecto cultural, permitirán a las nuevas generaciones reconocerse en el tiempo y valorar la cultura del país.
(Con datos del suplemento Cántaro del El País)