Las guardianas salineras de Villa Rivero

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Publicado el 20/08/2018 a las 0h00

Texto y Fotos: Gunther Revollo Soria

En la segunda sección de la provincia de Punata, en el valle alto de Cochabamba, muy próxima a la localidad de Villa Rivero, se encuentra la zona conocida como Salinas, otrora extractora de sal para fines domésticos y hasta industriales. Hoy está detenida en el tiempo y apenas algunas personas mantienen la tradicional actividad artesanal del secado de la sal.

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Históricamente, se denomina salina al lugar en el que mediante la evaporación de agua salada se procede a desecar y acumular la sal. Es un procedimiento que existe en el mundo desde la época del emperador chino Huangdi y se remonta al 2.670 a.C. en los lagos salados de la provincia de Shanxi. Luego, fue intensificado en tiempo de los romanos y fue traído a América por los españoles durante la colonia. Sin embargo, se sabe que los Incas extraían sal en los pozos de Kachi Raqa, ubicados a unos 40 kilómetros del Cuzco y también mediante evaporación de los lodos salinos en zonas próximas a Bogotá, desde la dominación de la tribu de los muiscas, quienes ya realizaban esa práctica.

Cuando los españoles identificaban manantiales o terrenos con alto contenido salino, se procedía a establecer granjas de sal en las que se construían eras o parcelas de secado, a las que, mediante canales, se conducía el agua salada para este propósito extractivo. De esta manera, en el territorio boliviano existen varias regiones denominadas salinas.

 

CARÁCTER ESTRATÉGICO DE LA SAL

Desde la antigüedad la sal fue un producto estratégico para la sociedad, siendo uno de sus principales usos –además de servir de condimento– la preservación de alimentos, práctica también generalizada en nuestra región desde tiempos precolombinos. Conocemos, por ejemplo, que se emplea en la preparación del ch’arqui, voz quechua que ha traspasado al castellano (charque) y hasta al inglés (jerky) para referirse a la carne salada y secada expuesta al sol.

En tiempos del Imperio Romano, cerca al año 500 a.C., fue construido un camino entre las salitreras de Ostia y Castrum Truentinum, en el mar Adriático, que pasaba por Roma y se denominaba Vía Salaria. La sal era tan valiosa que se realizaban pagos con este producto: el salarium argentum, o sea plata (dinero) en sal; de allí también deriva la palabra salario en nuestro idioma.

Durante siglos mantuvo su importancia en la cocina y el comercio al permitir el traslado de alimentos preservados por distancias largas. Las salitreras se hicieron tan preciadas que fueron incluso motivo de enfrentamientos bélicos para mantener su control.

Ya entrando en la era industrial hubo investigadores que fueron estudiando los componentes de la sal, hallando nuevos usos para la misma. Sin embargo, a finales del siglo XIX se encontraron también medios alternativos para la conservación de alimentos, por lo que se redujeron el valor y la utilización de este producto.

 

LA PROPIEDAD DE SALINAS

La sal se explotó en este rincón del valle alto a lo largo de varios siglos. Se producía para uso familiar, principalmente destinado a la cocina y se comercializaba en los mercados de las diferentes localidades de la región, enviándose también a la ciudad de Cochabamba. Entre los propietarios de Salinas se puede citar a don Diego de Salazar, don Pedro de Salazar, doña María de Ayala, don Diego de Cosío y don Fernando Osinaga.

Se tiene referencia sobre otras dos finalidades que dieron a la sal de Salinas, que son de interés histórico. En el siglo XVII, primero el súbdito francés Antonio del Castillo y luego Federico Panoso, originario de la isla de Malta, desarrollaron la fabricación de vidrios en la zona de Toquillo, próxima a Cliza. Uno de los insumos utilizados en sus hornos era la sal del valle. Como se sabe, la sal y la arena son dos componentes de uso ancestral en la producción de vidrios. Su actividad vidriera se mantuvo durante varias décadas.

Posteriormente, en tiempos de la lucha por la independencia, luego de que el naturalista, botánico, zoólogo y geólogo checo, de origen alemán, Tadeo Haenke estudiara la transformación del nitrato de potasio en nitrato de sodio en el desierto de Atacama, el salitre sódico fue empleado en la fabricación de explosivos. Para entonces, el sabio residía en Cochabamba y las familias propietarias de las salitreras de Salinas aportaron con su producto para la causa patriota.

Relatos familiares refieren que en aquel tiempo, teniendo noticias sobre el próximo ingreso de Goyeneche en el valle alto, don Francisco del Rivero, propietario de tierras en Toco, se trasladó hasta Muela (hoy Villa Rivero) y organizó a un grupo de valientes que se apostaron fuera del pueblo, sobre un pequeño cerro en la propiedad de Salinas. Allí esperaron a los realistas y se registró una cruenta batalla. Sería por esta hazaña que luego se cambió el nombre del pueblo de Muela honrando al líder patriota en 1915.

 

ÚLTIMOS AÑOS DE PRODUCCIÓN

En el siglo XX, Salinas perteneció a las familias Soria López, Sánchez López y López Prado, que la recibieron por herencia de la rama materna, de sus ascendientes Fermín López y Victoria Osinaga.

Siguiendo la estructura productiva republicana, dichos propietarios organizaban el trabajo de extracción de la sal dotando de los insumos necesarios a los trabajadores. Además de ocuparse de la faena extractiva, los obreros también sembraban en las porciones aptas para la agricultura, viviendo en la propiedad y recibiendo el 50 por ciento del producto obtenido.

Un manantial de agua salada manaba de las proximidades del pequeño cerro mencionado anteriormente, irrigando las eras de evaporación que semejaban colmenas blancas en toda la extensión del fundo de salitreras. En cada parcela de secado bullían numerosos organismos halófilos pigmentados de color rojo, los mismos que se encuentran en las profundidades del mar. Se realizaba permanente mantenimiento de dichas eras y de los canales de irrigación, conocimiento heredado por siglos de tradición y administrado por los propietarios.

La sal se destinaba al uso doméstico de las familias y se comercializaba tanto en el mercado local como en los diferentes municipios del valle. Entre sus usos industriales, se suministraba sal de Salinas a las instalaciones de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) en Valle Hermoso.

Una antigua leyenda del lugar relataba que dicho cerro se había formado por el lanzamiento de una piedra con una honda. Basándose en este relato, los lugareños indicaban que su posesión debía retornar al ayllu. De alguna manera, esto fue posible después de la Reforma Agraria, en que los propietarios entregaron porciones de la extensa propiedad a las familias que las habían trabajado. Los aparceros beneficiados fueron Pedro Rojas, Francisco Rojas, Ricardo Lizarazu, Gregorio Vela y Manuel Pérez. Sin embargo, las salitreras, por no ser tierra agrícola, no fueron afectadas por las disposiciones de la reforma, aunque se quedaron en usufructo de los lugareños.

 

AÑOS RECIENTES

Durante las últimas décadas del siglo XX, no se procedió con el necesario mantenimiento del manantial y las eras de secado. Equivocadamente, las hicieron más profundas convirtiéndolas en pozas que ya no eran aptas para el proceso de evaporación. La vertiente de agua eventualmente se secó y la actividad de extracción de sal desapareció durante mucho tiempo.

Recientemente, algunas familias han rescatado el conocimiento antiguo sobre la producción de la sal. Éstas han fabricado eras de evaporación aisladas a las cuales llevan agua para realizar el proceso de secado. Se puede adquirir el producto en las casas de los comunarios, en proximidades al cerro de Salinas o en los días de feria en lugares como el Coca Katu de Punata.

En algunos lugares del mundo se mantiene este tipo de labor extractiva reconociendo el valor etnográfico e histórico de estos espacios. En España, por ejemplo, las salinas están siendo reconstruidas y mantenidas por sus gobiernos locales (ayuntamientos), dando lugar a la puesta en valor de esos espacios como destinos turísticos.

 

SAL EN EL INCARIO

Los conquistadores españoles se admiraron por la explotación de la sal por parte de los naturales de Suramérica. Además de la extracción de sal marina, observaron que en las zonas del interior se producían panes de sal. El colonizador Jiménez de Quezada a su ingreso en 1.536 en la región que ahora es Colombia, siguió las rutas de la sal de los pueblos muiscas, al identificar el uso del producto como elemento de intercambio. Este pueblo había sido conquistado por los Incas, quienes también confiscaron salitreras de otros pueblos por el valor que se asignaba a este producto. En Maras, cerca del Cuzco, siguen en producción unas 3.000 pozas de sal con la misma técnica desde el tiempo preincaico.

 

PROCESO PRODUCTIVO

Principalmente, son mujeres las que se encargan del trabajo de extracción de sal en Salinas, hoy en día. Según relata Indalecia Zeballos, una comunaria del lugar, recibió el conocimiento de su abuelo. Ella durante su infancia vio las salitreras en todo su esplendor. Tanto Indalecia como Pilar Rojas y Simona Rodríguez, entre otras, formaron las parcelas de secado con sus propias manos en los espacios asignados por la comunidad. Regularmente, acarrean el agua en baldes a pie desde sus casas y con todo esmero van obteniendo la sal que luego utilizan en sus cocinas y comercializan en los mercados. Mote, haba y quesillo, son solamente algunos de los productos que elaboran empleando esta sal.

 

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TRADICIÓN Con la sal en las venas, parece que vivieran las salineras del valle alto. Algunas siguen todavía extrayendo la sal con el mismo método que usaron durante medio siglo sus antecesoras
Gunther Revollo Soria

SABOR CRIOLLO

En el municipio de Villa Rivero, siguenactivos los hornos de barro y hay quesillos para la venta. Gunther Revollo Soria

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