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El Castillo, turismo en la «ruta del fantasma»

Por Mónica Oblitas - Los Tiempos - 19/04/2009


 Vista de El Castillo del Loro. - Redacción central  | Los Tiempos

Vista de El Castillo del Loro. - Redacción central | Los Tiempos

“Dicen que aparecen fantasmas”, “dicen que hay espíritus que pasean por los salones”, “dice que son almas de soldados”, “dice que la que aparece es una mujer”… Con muchos y distintos comentarios sobre los espíritus que habitan en el viejo castillo, según varios que conocen el lugar, se inicia esta aventura.


Sin duda, el hotel El Castillo del Loro es un lugar singular que, para quien viaja a los Yungas, es necesario conocer. Ubicado a la entrada de Chulumani, la más importante población de Sud Yungas, el Castillo del Loro está a dos horas y media de la ciudad de La Paz, por carretera primero asfaltada y luego de tierra, poco a poco se está convirtiendo en el lugar escogido de quienes quieren experimentar una interesante combinación de relax con adrenalina y naturaleza, una mezcla poco probable en otros lugares. Porque hay verdes y verdes. En este lugar lo impactante de la naturaleza yungueña, que tiene características únicas, se mezcla con la historia del país y con el más allá… aunque usted no lo crea.

El viaje


Para llegar a El Castillo del Loro se puede tomar cualquiera de las movilidades, flotas y uno que otro minibús que viajan hacia Chulumani, los cuales en el más absoluto desorden parten desde la esquina del ex surtidor de Villa Fátima. Desde ya el viaje se pinta interesante porque a lo folklórico del transporte, donde no hay más ley que la que imponen el chofer y su gusto musical, se suman paisajes impresionantes que muestran cómo es posible trasladarse en pocas horas desde el frío altiplánico de la cumbre nevada, hasta la frondosa naturaleza que se muestra en los interminables precipicios, famosos mundialmente y bien aprovechados por las agencias que ofrecen a los turistas hacer biking por el “camino de la muerte”.


El camino transcurre tranquilo hasta el nuevo Unduavi (desde donde los automóviles se desvían ya sea hacia Coroico en Nor Yungas o hacia Chulumani y las otras poblaciones de esta región), con la compañía y asesoramiento “médico” de un vendedor peruano que hace las delicias de los pasajeros explicando el funcionamiento de cada órgano humano y sus posibles problemas, a los que el hombre encuentra todo tipo de solución casera. Al final ofrece gingseng en pastillas “llegadas directamente desde China”, que muchos compran convencidos por el maratónico discurso que casi promete salud eterna. Este pueblito, con casas de calamina en su mayoría, reemplazó al Unduavi viejo cuando se asfaltó la carretera nueva a Coroico. El pueblo abandonado parece un pueblo fantasma. La mayoría de las casas son de cemento, pero la necesidad de la gente ha hecho que deba trasladarse lo más cerca posible a la carretera asfaltada. En el nuevo Unduavi, donde también se vende comida y bebidas (el pollo frito y el plato paceño se ofrecen en bolsas a los clientes que no necesitan ni bajar de bus), está el primer control policial. Pese a que año tras año ocurren accidentes, la revisión de tránsito no dura ni 30 segundos, y allá van los automóviles hacia los entreverados caminos de Yungas, librados a su destino.


Curvas van, curvas vienen, lo cierto es que desde que se asfaltó el camino hacia Coroico, la mayoría del turismo, tanto nacional como extranjero, se dirige hacia Nor Yungas, habiéndose dejado un poco de lado el encanto del sur de esta región, pero esto está cambiando gracias a la iniciativa de empresarios privados como los concesionarios de El Castillo del Loro, Fernando Álvarez Plata y Mirtha Bustamente, que junto a las comunidades se han propuesto reactivar el turismo en esta zona del país a través de la promoción, la señalización del camino y la creación de nuevas alternativas. El “plato fuerte” de este menú es sin duda el hotel, que se divisa a lo lejos en medio de la naturaleza, imponente y misterioso.

El turismo


Construido en 1935 por orden del presidente José Luis Tejada Soriano, quien apenas pudo conocer la obra terminada, El Castillo está hecho en su mayoría de piedra y tiene varios niveles en los que ahora se han habilitado las habitaciones para los huéspedes, todas con baño privado y lo necesario de la modernidad: luz y agua caliente.
Se encuentra justo al frente de la comunidad Chaco, compuesta por 40 familias, la mayoría dedicada al cultivo de flores. La pequeña aldea está viendo cómo las actividades se reanudan en El Castillo después de muchos años y está dispuesta a participar.  
“El Castillo estuvo cerrado casi 15 años y tuvimos que reconstruirlo en gran parte, tardamos en ello casi dos años”, explica Fernando Álvarez Plata. “Tiene capacidad para 45 personas, un área de camping para unas 50 personas y dos espacios que son para estudiantes, en los que se colocan varias camas y que tienen un precio más económico”.


El hotel tiene sauna, piscina, beach volley, un mini golf y el parque ecológico. “Se han logrado abrir nueve kilómetros de senda donde el turista que llega puede disfrutar de las cinco cascadas, de los puentes colgantes y de la ecovía que parte de la antigua estación de trenes de Chuspipata, desde donde el tren debía llegar hasta Coroico. Ese tramo fue abandonado, pero hace unos años la Alcaldía de Coroico hizo una apertura para que la gente pueda entrar caminando y nosotros hemos logrado hacer un desvío para una caminata de ocho horas hasta el hotel. Es un paseo muy atractivo y se puede disfrutar de la naturaleza, ver animales, etc.”, explica Álvarez Plata.


Dentro de los proyectos para la zona se han incorporado también las bicicletas, a través de las agencias Gravitty y Topaz, que bajan con los turistas por el camino de tierra hasta el hotel. Con una frecuencia de cinco llegadas por semana, los ciclistas pueden disfrutar del vertiginoso recorrido, luego del sauna, la piscina, una refrescante ducha y una deliciosa comida en El Castillo. Los que se quedan a dormir, pueden aprovechar el karaoke, la mesa de billar y los juegos de mesa.


“El hotel también está construyendo la infraestructura para hacer cañoping, en cuatro etapas y hasta fines de abril se inaugurará el circuito de puentes tibetanos y un puente de columpios. También se hará cañoping, que es el descenso por soga en las cascadas, bajo el agua”, cuenta entusiasmado el empresario. En la ecovía habrá un peaje de aproximadamente tres dólares, de los cuales la mitad va hacia la comunidad y el resto para el mantenimiento del tramo.


Conjuntamente se está trabajando en estos proyectos con el municipio de Yanacachi, pueblo ubicado a 18 kilómetros de El Castillo, que está cerca de la mina La Chojlla y que conserva intacta su identidad. Yanacachi es el punto final del Takesi, también llamado el Camino del Inca. En la zona se ha logrado hacer la señalización turística para cuatro circuitos, el primero es el Camino del Inca, el segundo el de la Ecovía, luego el que sale de Palca hacia Mina Reconquistada, que está al lado de Yanacachi, y por último el que une La Paz-El Chaco-La Florida-Yanacachi y La Chojlla, terminando con una visita a la mina. Siendo que la mayoría de la publicidad está abocada a promocionar Coroico y su famoso “Camino de la muerte”, en esta zona se ha denominado “La ruta del fantasma” a los atractivos que se ofrecen.


El Castillo del Loro en sí ya es un atractivo aparte, porque la caminata hacia las cascadas o el río es fabulosa. No muy lejos del hotel, se puede apreciar la naturaleza yungueña en pleno, el camino no es largo y rápidamente cruzamos el río Chaco. Al otro lado está la gruta del deseo (donde, según los lugareños, se cumplen los deseos del que llega) y las cinco cascadas.

Los fantasmas


“Los turistas que vienen acá cuentan que han visto al fantasma en el hotel. Particularmente yo no lo he visto nunca, pero hay mucha gente que sí”, dice Álvarez Plata. Si bien él no ha visto nada, a su hija le sucedió que en una ocasión, visitando El Castillo con unos amigos, sacó fotos en la sala y al revelarlas pudo ver cómo entre los fotografiados aparecía claramente la silueta de un hombre mayor.


En la comunidad se habla de que el Presidente tenía una novia en la comunidad, y que el fantasma que aparece es el de ella esperándolo. Otros dicen que es Tejada Sorzano. Algunos también comentan que las almas de los prisioneros paraguayos se han quedado en el lugar. Varios de los lugareños trabajan en El Castillo, como es el caso de Miguel Santos, quien junto a su esposa Natividad y su hija Camila son piezas claves del lugar. Miguel hace y sabe de todo y trabaja en El Castillo desde hace 10 años, ahora como administrador; Natividad se encarga de la cocina. Gracias a ella es que los turistas pueden disfrutar de platos como la “Trucha del Presidente” y la trucha con almendras, especialidades de la cocinera. Mientras, la pequeña Camila, aficionada a los niños, juega con ellos y los entretiene de forma que los padres alojados puedan descansar mejor. Miguel es el primero en aclarar los rumores que nos acompañaban desde el inicio del viaje. “Claro que hay fantasmas, pero son buenos, no hacen daño a nadie. Tal vez asusten un poco, pero luego uno se acostumbra”, dice el hombre.


Miguel inicia las anécdotas que han hecho famoso el lugar contando que una de las noches en las que cuidaba El Castillo, que estaba sin utilizar desde hace varios años, decidió entrar a la cocina para prepararse algo de comer, “estaba en la cocina y escuché cómo alguien silbaba en el comedor. No quise hacer caso, pero el silbido seguía, insistente. Al momento de salir, fue como que alguien me empujase hacia la puerta. Creo que al fantasma no le gustó que no le hiciera caso”, -ríe.


En otra ocasión Miguel recuerda que estaba listo para dormir, ya en cama, cuando sintió que una persona se le abalanzaba encima, pero no había nadie. “No me dejaba mover los brazos. Era como si me sujetase, pero no sentí miedo. No era una mala presencia. Luego de un momento me soltó”, dice Miguel. Según él, se escuchan pasos, se cierran puertas, pero es un fenómeno que se presenta sólo para quienes creen en los fantasmas, para aquellos que no, la visita a El Castillo suele transcurrir sin ninguna presencia inesperada. Ahora nos toca el turno. Estamos alojados en la torre, en la habitación más emblemática, donde al igual que en el resto de El Castillo los muebles son antiguos y se han mantenido las características de la época. Esperamos ansiosos, pero no tenemos suerte. Esta vez parece que el fantasma ha decidido tomar unas vacaciones, aunque es cierto que la atmósfera es distinta y algo inquietante, quizá sea la antigüedad del lugar.


La noche pasa y dormimos arrullados por el sonido del río y de los animales nocturnos. Al día siguiente, temprano, el desayuno de deliciosos buñuelos con miel se sirve en el inmenso comedor. No hubo sorpresas en la noche y más bien tuvimos un reconfortante descanso. Aunque no vimos ningún fantasma, según Miguel, estuvo ahí, sólo que nos permitió descansar. Será la próxima.


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