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Narcogolpe Las cuentas pendientes de 1980

Por Rafael Sagárnaga L. - Los Tiempos - 26/07/2009


Foto 1 - , ¡ Oh ! Redacción Los Tiempos

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    Texto    |    Rafael Sagárnaga L.
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¿Cuáles son las secuelas hoy de aquella época ‘blanca’, cuando la cocaína se vendía casi libremente y la dictadura militar se campeaba en las calles?   |  Pasado el aniversario del golpe de García Meza y con Arce Gómez preso en suelo boliviano, es necesario brindar nuevos detalles

Hay villanos, autócratas, criminales -o como se los quiera llamar- con una gran estrella. Ése es el caso de Luis Arce Gómez. Su actual compañero de reclusión, Luis García Meza, tampoco puede quejarse. Menos aún lo habría podido hacer el tercer hombre clave del golpe del 17 de julio de 1980, Hugo Banzer Suárez.


La lista no se limita a ellos. Entre las paradojas de esta historia, tanto verdugos como víctimas de aquel tiempo coinciden en que la frase “se hizo justicia” es inmensamente falsa. Y dan fe viviente de ello. 


El recién llegado ex coronel Luis Arce Gómez cuenta en su haber con los favores de al menos diez presidentes. Los delitos que cometió no impidieron que mandatarios, tanto de izquierda como de derecha, le concedieran un tratamiento privilegiado. Un estudio realizado por el Latin America Bureau (LAB) en 1982 (1) recuperó la historia del Ministro del Interior de la llamada ‘narcodictadura’. Allí se recuerda que el entonces teniente Arce Gómez fue expulsado del Ejército en 1960 por violar a la hija de un superior. 


La justicia militar no porfió en que el delito sea asumido por los tribunales ordinarios. Meses después, el hoy reo de la celda RC-1 del penal de Chonchocoro se convirtió en fotógrafo del matutino católico Presencia. Allí se lo conocía por el apodo de ‘Malavida’, dada su inclinación a la vida disipada. El 4 de noviembre de 1964, Arce Gómez se plegó a los grupos que apoyaron el golpe de los generales René Barrientos y Alfredo Ovando. 


‘Malavida’ fue reincorporado a las FFAA con el grado de capitán. Optó por especializarse en explosivos. Curiosamente se ganó la confianza del izquierdista Ovando. El régimen paulatinamente degeneró en actos de corrupción, en especial en el tráfico de armas, liderado por el ex nazi Klaus Barbie. Hacia 1970, cuando ya Ovando gobernaba solo y Arce Gómez fungía como su jefe de seguridad, las investigaciones periodísticas atormentaban a los militares. Dos atentados con bombas de relojería mataron a quienes tenían avanzado el tema. En febrero de 1970, Alfredo Alexander, director del matutino Hoy, y su esposa, así como el periodista Jaime Oteo Calderón, fueron asesinados. Ya en ese tiempo, Arce fue señalado reiterativamente como el autor de las explosiones fatales.


En octubre de 1970, Ovando fue derrocado y exiliado a España por un sector militar aún más izquierdista, liderado por el general Juan José Torres. Arce también partió a tierras ibéricas. Ni Ovando ni Torres recordaron los bombazos. El primero lo apadrinó y el segundo avaló su ingreso a un curso de estado mayor. Cuatro años después volvió a Bolivia listo para ascender a teniente coronel. Gobernaba el país el derechista Hugo Banzer.


Ajeno a los afectos que Arce tuvo en la izquierda, el banzerismo cobijó al recién llegado en uno de los negocios boyantes del régimen: el narcotráfico. El entorno inmediato, tanto familiar como militar, del dictador que gobernó Bolivia entre 1971 y 1978 cohabitó con las mafias desde un principio. La esposa de Banzer, Yolanda Prada; el yerno, Luis Alberto ‘Chito’ Valle; sus primos, Willy Abastoflor y Guillermo Banzer Ojopi, son sindicados de haber estado implicados en el narcotráfico. Autoridades y medios escritos de Canadá, Brasil, España, México y EEUU denunciaron sus actividades prohibidas o les plantearon problemas en sus viajes a lo largo de los años 70 (2). Incluso la Policía boliviana, en 1980, descubrió en El Potrero, una hacienda de Banzer ubicada en San Javier, a un grupo de narcotraficantes. Eran colombianos y recogían cerca de 300 kilogramos de cocaína (3).


Arce Gómez, en 1975, ingresó a esos círculos también con especial suerte. Entabló lazos ‘narco-comerciales’ con el coronel Norberto Salomón (Buby), el empresario Widen Razuk y el aviador José Gutiérrez (Cutuchi). El primero, aviador, había sido edecán y jefe de la casa militar de Banzer. Razuk, a su vez, fungió como prefecto del dictador. Gutiérrez se constituyó en el piloto de confianza de Banzer, tanto que él lo trasladó desde Paraguay hasta Santa Cruz el 19 de agosto de 1971 para que derrocara y asumiera el poder en lugar de Juan José Torres.


Los tres socios de Arce Gómez fueron acusados por el Gobierno de EEUU por narcotráfico. Entre ellos, ‘Cutuchi’ Gutiérrez  resultó el enlace más importante de esos días para el coronel experto en explosivos. Gutiérrez trabajaba con Roberto Suárez Gómez, el mayor traficante boliviano del que se tenga memoria, pero además primo de Arce Gómez. Un lustro más tarde los primos llegarían al pico de su poder y de su sociedad (4).


Entre 1978 y 1980 Arce Gómez acumuló dólares y avionetas como producto del narcotráfico. Formó un círculo de militares de cuño duro y grupos paramilitares de ultraderecha dirigidos por nazis y neonazis. Paralelamente su carrera se concentró en los organismos de Inteligencia. Ninguno de los cuatro gobiernos que transcurrieron en ese bienio, ni siquiera los de la restaurada democracia, osó tocarlo. Incluso en dos oportunidades, Arce encabezó operativos para saquear las oficinas del Ministerio de Gobierno.


El 17 de julio de 1980 decidió asaltar el poder. El primer objetivo de la asonada militar liderada por Arce Gómez y Luis García Meza fue el diputado socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz. El parlamentario se constituyó en el principal impulsor del juicio de responsabilidades a Hugo Banzer. El grupo que lo hirió, secuestró y, probablemente, torturó estaba compuesto por los miembros del equipo de seguridad de su esposa (5).  


La historia de Luis Arce Gómez a partir del golpe de 1980 es conocida y se la ha repetido con detalle recientemente. El juicio que se le realizó en 1993, en ausencia, lo halla responsable de 93 asesinatos, 27 desapariciones forzadas y 4.000 detenciones ilegales. Por  ello, le impone una pena de 30 años sin derecho a indulto.


Ninguno de los tres gobiernos militares que sucedieron a García Meza se animó a sancionar a Arce Gómez, pese a su fama mundial de narcotraficante. Incluso el régimen de Guido Vildoso (julio a octubre de 1982), que abrió las puertas a la era democrática, lo nombró director de la Escuela de Inteligencia del Ejército. Tras siete años de esconderse en estancias del oriente, fue capturado y extraditado a EEUU en diciembre de 1989. Gobernaba el país una de sus víctimas, Jaime Paz Zamora.


 Este 9 de julio, Estados Unidos decidió finalmente entregar a Arce Gómez a las autoridades bolivianas. El lunes 13 el juez Tercero de Ejecución Penal, José Ayaviri Siles, le leyó la sentencia de los 30 años sin derecho a indulto. Probablemente, el acto no fue del todo desalentador para el llamado ‘ministro de la cocaína’. Por un lado, cuenta con el mismo equipo que defiende exitosamente a Luis García Meza. Por el otro, tiene al frente al juez que le ha concedido a su ex camarada golpista holgadas salidas de Chonchocoro.


Goce eficiente de derechos, suerte de villanos o lo que sea, pero García Meza, por orden de Ayaviri, ha salido del penal varias veces. Incluso en 2006 estuvo a punto de obtener el arresto domiciliario. En ese tiempo se mantuvo internado en las suites para generales y almirantes del hospital militar. Permaneció desde el 10 de noviembre de 2005 hasta el 10 de abril de 2006.


El sábado 9 de septiembre de 2007, García Meza volvió a salir. Varias personas lo vieron almorzando en un céntrico restaurante paceño. El juez José Ayaviri Siles reconoció que había autorizado un permiso de 24 horas para que el ex dictador duerma en su casa (6).


Con todo, García Meza y Arce Gómez suman entre los contados 12 casos que llegaron a purgar condenas por el narcogolpe de 1980. Actualmente, sólo cinco son reclusos. Dos paramilitares murieron en prisión y otros cinco cumplieron sus condenas o lograron reducirlas. Un total de 52 implicados en el régimen recibieron condenas, pero a 40 de ellos se les impuso penas menores que les permitieron evadir las rejas.


Otro grupo de paramilitares y militares logró darse a la fuga. Algo similar sucedió con la mayoría de los cerca de 15 a 20 nazis y neonazis que asesoraron al régimen. Sólo Klaus Barbie y Pier Lugi Pagliai fueron capturados. Incluso se ha especulado que el ex capitán e instructor militar Marco Marino Diodato perteneció a ese grupo. Diodato encabezó las fuerzas de élite que protegían Palacio de Gobierno durante el segundo Gobierno de Banzer (7). Fue alejado del poder por cargos de espionaje y narcotráfico.  


En ningún caso se pudieron incautar bienes. Menos se logró recuperar los cientos de millones de dólares desfalcados por el régimen en sucesivos hechos de corrupción. Notables protagonistas de aquellos días de gobierno delincuencial salieron limpios de polvo y paja, pese a claras pruebas documentadas y denuncias insistentes. Un ejemplo: el 10 de junio de 1981, García Meza firmaba un instructivo por el que asignaba ‘bonos de lealtad’ a 25 altos jefes militares. En realidad repartía $us 2.180.000 de ese tiempo, equivalentes a casi $us 22 millones de hoy.


En el documento quedan involucrados tres militares que ocuparon la Presidencia de la República: García Meza, Guido Vildoso y Celso Torrelio. Figura otro que encabezó la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico, Faustino Rico Toro.


La lista de dicho instructivo es la siguiente: “Capitán Gonzalo Ovando Méndez. General de Brigada Carlos Turdera Villa, Coronel Tito Justiniano, Teniente Coronel Alberto Gribosky, Teniente Coronel Arturo Doria Medina, Teniente Coronel Jorge Moreira Rojas, Teniente Coronel Luis Cordero M., Coronel Rómulo Mercado G., Coronel Luis Kuramoto, Coronel José Quiroz Antequera, Teniente Coronel Rolando Arzabe Claver, Teniente Coronel Miguel Padilla Candia, Teniente Coronel Óscar Angulo Tornee, Coronel Guido Vildoso C., Capitán Luis Cossío Viruez, a cada uno la suma de 100.000 dólares americanos. Coronel Faustino Rico Toro Herbas y Coronel Carlos Rodrigo Lea Plaza, a 200.000 dólares americanos cada uno. Coronel Tito Justiniano, Coronel Aroldo Pinto, Teniente Coronel Raúl González Ferry, Coronel Yamir Taja Kruber, Teniente Coronel Walter Salame e., Teniente Coronel Moisés Shriqui Vejarano y Teniente Coronel Javier Rodríguez Rivero, a cada uno con 50.000 dólares americanos. Al capitán Roberto Nielsen Reyes con la suma de 30.000 dólares americanos”.


De este grupo, sólo Faustino Rico Toro enfrentó un proceso en EEUU. Fue un estrecho colaborador de Arce Gómez. También resultó acusado de nexos con el narcotráfico por investigaciones periodísticas estadounidenses y peruanas. Paradójicamente, se le designó jefe de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico por una de las más destacadas víctimas del ‘ministro de la cocaína’. En 1992, Jaime Paz Zamora le dio ese cargo, lo que provocó la inmediata protesta de Washington.


A excepción de los tres reclusos, ninguno de los militares implicados en el golpe perdió sus prerrogativas y beneficios. El grueso de ellos completó sus carreras y ascensos. Destacan casos como el del coronel de aviación Ariel Coca. Fue miembro de la junta de comandantes, socio de Norberto Salomón, acusado en EEUU por narcotráfico y denunciado por la prensa internacional. Hoy vive holgadamente en una hacienda de la Chiquitania (8). En el proceso de 1993 escasamente se le impuso una pena de dos años de cárcel que salvó con facilidad.


Mientras, Banzer, que apoyó al régimen de García Meza y Arce Gómez durante nueve meses, quedó lejos de todo proceso. Pasó lo mismo con decenas de los que fueron luego diputados y ministros de los gobiernos en que participó su partido, ADN (8). No sólo eso, sus pactos políticos con diversos partidos le permitieron ser parte de tres gobiernos y presidir uno de ellos. Curiosamente, en éste apostó sus mayores esfuerzos a la erradicación de la hoja de coca, demandada por EEUU.


Así, el brazo de la justicia se muestra débil y limitado en lo referido al proceso a quienes tomaron el poder hace 29 años. Las escenas de ese tiempo parecen repetirse incluso hoy. El miércoles 24 de junio, una de las familiares de los desaparecidos, Olga Flores, fue detenida en puertas de la Fiscalía de Distrito de La Paz. La orden provino del fiscal Jorge Gutiérrez Roque.


Flores reclama el cuerpo de su hermano Carlos, que fue asesinado junto a Quiroga Santa Cruz. La activista reclama además porque el proceso contra los captores de su hermano ha sido manipulado durante más de una década. En ese lapso, varios de los ex paramilitares la han amenazado y se presentan intimidatoriamente en las  calles frente a ella o sus hermanas. La presión llega a tanto que Flores fue detenida ese jueves debido a la última denuncia que realizó. “Estaba en la puerta de la Fiscalía y he sido detenida sin ningún cargo por el simple hecho de que sostenía una pancarta en la que se mostraba la foto del fiscal Jorge Gutiérrez, paramilitar y torturador de la época de la dictadura de García Meza”, sostuvo.


 El reclamo no era nuevo. El Gobierno de Evo Morales restituyó en el cargo de fiscal de Distrito a Jorge Gutiérrez, que fue suspendido de sus funciones el 2006 por presuntos actos de corrupción. Gutiérrez, además, fue denunciado de haber sido informante en la dictadura de Luis García Meza, cuyas pruebas fueron presentadas el 15 de mayo de ese año por la Fiscalía General de la República. De acuerdo con esa denuncia, el 5 de abril de 1982, Jorge Gutiérrez Roque, con CI 2150485, fue nombrado informante desde los centros mineros por el coronel Carlos Casso (9).


El retorno de Arce Gómez motivó en varias autoridades y activistas augurar el hallazgo de los restos de Marcelo Quiroga Santa Cruz y los desaparecidos. En la primera frase de su primer discurso cuando asumió la Presidencia, el presidente Evo Morales pidió un minuto de silencio por ellos. Los familiares de las víctimas y las víctimas sobrevivientes de ese tiempo ahora esperan que ese silencio no cambie de significado con el tiempo. Habrá que esperar en qué quedó la estrella del recién llegado que en otros tiempos le permitió la benevolencia de 11 gobiernos.   

(1)   Narcotráfico y política –IEPALA- Madrid, 1982.
(2)   Idem
(3)   Periódico Marka (Perú) 28-08-80, periódico Excelsior (México) 4-4-81
(4)   Narcotráfico y política –IEPALA- Madrid, 1982
(5)   Revista Escape  (La Razón ).15 -08-2001- Declaraciones del ex edecán de Hugo Banzer.
(6)   La Razón 13 -07-09, Agencia Fides , 4-4-2005
(7)   El final de un fugitivo, Herland Campos
(8)   Narcotráfico y política –IEPALA- Madrid, 1982
(9)    Los Tiempos, 24-06-2009

La historia de Luis Arce Gómez a partir del golpe de 1980 es conocida y se la ha repetido con detalle recientemente


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