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Ed. Impresa RECONOCIMIENTO | Las heroínas olvidadas encarnan el solapamiento político e historiográfico del papel de la mujer, que masivamente combatió o padeció en ese proceso de un cuarto de siglo, entre 1809 y 1824.

¿Y las heroínas del Bicentenario?

Por Redacción ¡ Oh ! - Los Tiempos - 13/09/2009


¿Y las heroínas del Bicentenario? - Redacción Central Los Tiempos

¿Y las heroínas del Bicentenario? - Redacción Central Los Tiempos

EEl Bicentenario de la independencia, celebrado en muchos países de la región, está copado por lo nombres de hombres que jugaron un papel determinante en la conquista de la libertad. Sus hazañas forman parte de los libros de historia que aprenden los futuros ciudadanos, y las estatuas de estos héroes relucen bajo los rayos del sol en las distintas ciudades de los países liberados.

Pero en comparación a los méritos, lo cierto es que las mujeres que lucharon mano a mano junto a estos hombres, no tienen hasta ahora el reconocimiento que merecen, aunque hay varias de las mujeres que hoy ocupan lugares importantes en la política, que están decididas a cambiar esto. 

De la lista de mujeres que buscan su merecido sitio en el bicentenario, se destacan:
Juana Azurduy, Manuela Sáenz, Bartolina Sisa, Gertrudis Bocanegra, Luisa Cáceres o Policarpa Salavarrieta, y por supuesto las valientes de la Coronilla, Manuela Gandarillas, Manuela Rodríguez, las hermanas Juana y Lucía Ascui, Rosa Soto (la muchacha que inspiró el título de la novela de Nataniel Aguirre), las hermanas Parrilla (cuyos nombres no han podido ser establecidos), Mercedes Tapia, María Pascuala Oropeza, Manuela Saavedra de Ferrufino, Lucía Alcocer León de Chinchilla, María Isabel Pardo de Vargas, María Teresa Bustos y Salamanca de Lemoine, María del Rosario Saravia de Lanza y Luisa Saavedra de Claure; todas ellas esposas de combatientes perseguidos que acompañaban a Esteban Arze, y todas ellas heroínas que testifican la participación femenina en la lucha por la independencia americana de España.

Pero ante esta larga lista, donde seguro se omiten varios nombres importantes, son muy pocas las mujeres que han recibido un reconocimiento que realmente muestre el sacrificio que hicieron estas madres, esposas e hijas.

Más vale tarde…
El 14 de julio, la presidenta argentina Cristina Fernández ascendió post-mortem al grado de generala a la teniente coronela Juana Azurduy (1780-1862), quien perdió cinco de sus seis hijos mientras guerreaba por la independencia del Alto Perú, hoy Bolivia, dependiente de Buenos Aires al final del período colonial.

Un tiempo antes, el presidente ecuatoriano Rafael Correa ascendió también a generala a Manuela Sáenz (1797-1856), la llamada "amante inmortal" de Simón Bolívar (1783-1830) y coronela del ejército libertador, al conmemorar un aniversario de la batalla de Pichincha (1822), en la que participó esa heroína nacida en Quito.

Para la vicedirectora de la Academia Venezolana de la Historia, Inés Quintero, "Eso es política, no es historia. No se revaloriza el papel de la mujer en el proceso de independencia otorgándole un título más a una de ellas, eso no tiene sentido, porque la historia no es para saldar cuentas", agregó. Según la académica ocurre más bien que "en la medida en que el tema femenino da dividendos en relación con la visibilidad que demandan las mujeres, existen unos iconos, las heroínas, que se incorporan como parte del discurso para hacer ver que se atiende el tema de la mujer".

Para Sara Beatriz Guardia, del peruano Centro de Estudios de la Mujer en la Historia de América Latina, "es posible advertir un cambio del discurso ante la importancia que ha cobrado en las últimas décadas el estudio de la presencia de la mujer en la historia".

La tendencia calza con los fastos del "ciclo bicentenario", una conmemoración que se inició este año con evocaciones de los gritos libertarios de 1809 en Quito y La Paz, y que seguirá en los próximos años recordando declaraciones y batallas.

Ese proceso y la sangrienta confrontación que lo marcó despuntaron con movimientos precursores, algunos con innegable presencia femenina y con una cuota de heroínas que unas veces destaca y otras solapa la historiografía oficial.

Aquellas valientes con falda
Entre los ejemplos, quizá uno de los más conocidos es el caso de Micaela Bastidas (1745-1781), esposa de Túpac Amaru II (José Gabriel Condorcanqui, 1738-1781) y su compañera en la rebelión que encabezó en Perú. Fueron ejecutados el mismo día, con la menos conocida Tomasa Condemayta, capitana de un batallón de mujeres que ganó batallas a las fuerzas españolas.

O el de Bartolina Sisa (1753-1782), heroína aymara y esposa de Túpac Katari (Julián Apaza, 1750-1781), quien movilizó a 40 mil indígenas contra el poder español en Alto Perú. Sisa comandó batallones y demostró dotes de estratega al sitiar las ciudades de Sorata y La Paz. Vencido el movimiento, ella fue cruelmente vejada y torturada antes de ser ahorcada.

"Después, los criollos (blancos) conquistaron la independencia, indispensable para el desarrollo de sus intereses, y las gestas emancipadoras dirigidas por indios fueron minimizadas y olvidadas, no obstante que sacudieron los cimientos del sistema colonial", apuntó Guardia en su ensayo "Las mujeres y la recuperación de la historia".

Asimismo, "la participación de estas mujeres fue borrada, como si el hecho de ser mujer y morir por la patria no tuviese los mismos significados y dimensión que las acciones de los héroes, todos masculinos, de nuestra historia", señaló la académica peruana.

Pero aunque no lo hicieran de forma necesariamente pública, las mujeres de nuevo destacaron cuando se urdió la independencia, como Manuela Cañizares (1769-1815), anfitriona de los conspiradores que dieron el grito de Quito en 1809, o María Ignacia Rodríguez (1765-1817), animadora de los patriotas en México.

Gertrudis Bocanegra (1765-1817) urdió una red de insurgentes mexicanos. Capturada por españoles se negó a delatarlos pese a las torturas, y murió fusilada por los realistas, como se denominaban las fuerzas que respondían a la metrópoli europea.

Y además estas mujeres valientes, empujaron a padres, hijos, hermanos, esposos o novios para que abrazasen la causa, como la chilena Javiera Carrera (1781-1862), adversaria dentro del campo patriota del prócer Bernardo OHiggins, o la neogranadina (colombiana) Policarpa Salavarrieta, gran luchadora clandestina, fusilada en Bogotá en 1817, junto con su novio, Alejo Sabaraín.

La heroína venezolana más conocida es Luisa Cáceres (1799-1866), esposa del general Juan Bautista Arismendi, a quien quisieron doblegar sometiendo a la joven embarazada a una atroz prisión en 1814-1816, que le hizo perder un hijo, y luego con su destierro.

En la milicia destacaron figuras como Azurduy, participante en guerrillas e importantes batallas como las de Ayohuma (1813), Potosí y La Laguna (1816), en la que fue herida y murió su marido, Manuel Padilla, cuando acudía en su rescate.

Manuela Sáenz, participante en la batalla de Pichincha, tras la cual los ejércitos colombianos ingresaron a Perú, acompañó a Bolívar en sus campañas y quehacer político, y tras impedir su asesinato por opositores en Bogotá en 1828 comenzó a ser llamada "la libertadora del libertador".

En México hubo importante participación de mujeres entre las tropas, así como en el ejército colombiano (de las hoy Colombia, Ecuador, Panamá y Venezuela) y en la subregión andina fueron incorporadas comunidades indígenas, mujeres incluidas, al quehacer de la guerra.

Miles de indígenas acompañaron por ejemplo al general argentino Juan Álvarez de Arenales (1770-1831), lugarteniente de José de San Martín (1778-1850) durante su campaña por la sierra peruana en 1819-1820.

En Bolivia, la participación heroica de las mujeres de la Coronilla, pese a lo heroico, no es lo suficientemente reconocida. Las aguerridas féminas, entre las que se encontraban ancianas y niñas, se organizaron en la Catedral bajo el lema: “¡Nuestro hogar es sagrado!” y se dirigieron en romería hacia la colina llevando en andas la imagen de la Virgen de la Merced, con el fin de bloquear la entrada de Goyeneche que venía en persona desde Tarata tras buscar infructuosamente a Esteban Arze. Luego de tres días, la ciudad de Cochabamba fue tomada a pesar de la heroica resistencia que ofrecieron las valerosas mujeres en la colina de San Sebastián (La Coronilla), donde hoy es un abandonado monumento.

Un romance agrio con la historia
"Apenas ha habido una sola guerra que no haya contado con participación femenina", escribió el periodista y novelista sueco Stieg Larsson (1955-2005) como apertura de la última parte de su trilogía "Millennium", que acaba de ser lanzada en castellano.
Como ejemplo, el autor del fenómeno literario del momento mencionó que en la guerra civil estadounidense (1861-1865) "se estima que combatieron 600 mujeres. Lo hicieron disfrazadas de hombres".

En una reflexión que bien puede aplicarse a la gesta emancipadora americana, Larsson dice: "A los libros de historia siempre les ha resultado difícil hablar de las mujeres que no respetan la frontera que existe entre los sexos. Y en ningún otro momento esa frontera es tan nítida como cuando se trata de la guerra y del empleo de las armas".

Por eso, para las estudiosas como la venezolana Quintero, "la comprensión del proceso no apunta a la excepcionalidad, a la heroína, sino a entender que la dinámica histórica incorpora a todos los actores en función de su condición para cuando esos acontecimientos ocurren".

Es necesario reconocer que no todas las valientes fueron las que se enfrentaron a las tropas de uno u otro bando. “Las mujeres guerrearon, pero también huyeron, se ocultaron, sufrieron, sembraron, cuidaron casas, familias y fincas, amaron, criaron los hijos y enviudaron, y además estuvieron en el bando contrario, como las olvidadas realistas", dijo Quintero, eso no puede olvidarse. (Con datos de IPS).


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