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Ed. Impresa Riqueza | ¿Qué hubiera pasado si durante el conflicto “media luna” - Gobierno del MAS un monumental complejo soyero cruceño hubiese sido adquirido por el Poder Ejecutivo? La estratégica movida no quedó lejos de la realidad ni mucho menos, salvo por un sin

Gravetal, ¿una avivada venezolana en Santa Cruz?

Por Redacción Día D, para ¡OH! - Periodista Invitado - 22/11/2009


Gravetal, ¿una  avivada venezolana en Santa Cruz? - Redacción Central Los Tiempos

Gravetal, ¿una avivada venezolana en Santa Cruz? - Redacción Central Los Tiempos

En algunas filas masistas de avanzada se considera el emprendimiento como una oportunidad de oro perdida. Se cuenta la historia con cierto dejo de frustración.

“El plan —dice una voz— consistía en adquirir Gravetal, la principal aceitera y comercializadora de soya del país. Tiene grandes y diversas cualidades. Su ubicación es, en términos de la geopolítica nacional, estratégica por su proximidad a Paraguay y Brasil.

Su función económica es clave para la industria de las oleaginosas. Finalmente, su condición empresarial le otorga un sitial particular en las cámaras cruceñas. Es decir, hubiésemos dado un salto cualitativo en todo sentido”. 

La empresa

Gravetal se fundó el año 1993. Un potentado colombiano advirtió el creciente mercado cruceño. Dedicado al rubro durante 50 años en Medellín y Cali, no dudó mucho en establecer la industria y la registró como unipersonal. Posteriormente se constituyó en una sociedad anónima en la que participaron miembros del Grupo de Inversiones Osorno, de Colombia. De los cinco paquetes que existían, cuatro eran colombianos y uno boliviano.

El complejo fue ubicado en la zona de Puerto Quijarro, a orillas del Arroyo Concepción, sobre la frontera entre Bolivia y Brasil, a 600 kilómetros al oriente de la ciudad de Santa Cruz. El sector resulta estratégico por su cercanía al canal Tamengo, el principal acceso de Bolivia al río Paraguay. Sobre éste se encuentran las principales instalaciones portuarias del país. Forma parte del proyecto Hidrovía. Aparte de la conexión con puertos brasileños, paraguayos y argentinos, dicho canal se convierte en la esperanza boliviana de tener una salida al mar hacia el Atlántico.

Por esta ubicación y por la actividad con la que trabajó desde sus inicios, Gravetal desarrolló una eficaz logística operativa de acopio, transporte y comercialización de soya. Se convirtió así en una de las industrias más prósperas de la región y de Bolivia.
Sus instalaciones llegaron a ser valuadas en más de 70 millones de dólares.

La planta industrial de Gravetal fue diseñada para procesar granos de soya como materia prima y extraer aceite crudo, harina pelletizada y, como subproducto, la cascarilla pelletizada de soya.

Según el portal de la empresa, los equipos con los que cuentan permiten procesar 800 toneladas métricas por día (TM/día), es decir, 264.000 TM de grano al año. En la actualidad, la capacidad de procesamiento promedio asciende a 2.200 TM/día debido a las ampliaciones y renovación tecnológica realizadas en planta. Más del 95% de la producción exportable de oleaginosas se destina al mercado andino y este mismo sector representa también más del 80% del total de las exportaciones bolivianas destinadas a la Comunidad Andina de Naciones.

El año 2005, el entonces gerente General de la empresa, Jorge Arias Lazcano, aseguraba que el cien por ciento de la producción se sacaba a través de la hidrovía Paraguay-Paraná. En esa singular condición, Gravetal formaba parte de las poderosas cámaras empresariales cruceñas.

El oficialismo se interesa

Pocos meses después, el 21 de enero de 2006, asumió la presidencia de Bolivia Evo Morales. Su mandato no tardó en estar signado por malas y luego críticas relaciones con los sectores empresariales del agro cruceño. De principio, para lograr un acercamiento con estos frentes, designó como su primer ministro de Obras Públicas a Salvador Ric Riera, conocido empresario cruceño. Así mismo, designó a un sindicalista cruceño, Hugo Salvatierra, en la cartera de Desarrollo Rural y Agropecuario.

Según las fuentes masistas, entre Salvatierra y Ric precipitaron, sin quererlo, la iniciativa Gravetal. Alguno recuerda que el sindicalista le preguntó al Primer Mandatario, a manera de sugerencia: “Presidente, ¿por qué sólo los oligarcas pueden tener el negocio de la soya? ¿Por qué, como Gobierno, no hacemos que esa industria sea también parte de los movimientos sociales?”.

Los hechos demuestran que Evo Morales respondió autorizando pronto la realización de proyectos, la compra de semillas, tractores, etc.

Pero apenas se aceleraba el programa surgió una inquietud: “¿Alguien sabe cómo se comercializa la soya?”. La misión derivó semanas después en Gravetal. Una delegación del Gobierno se reunió con los ejecutivos colombianos para consultar las condiciones que permitirían vender e industrializar la soya de los pequeños productores masistas.  

El acuerdo habría concluido ahí si no se hubiesen dado dos hechos fortuitos: la delegación del Gobierno fue invitada a conocer las instalaciones de Gravetal. Se comenta que el complejo dejó boquiabiertos a los visitantes, pero no dormidos. Uno de ellos aventuró algunas preguntas al gerente Juan Manuel Osorio.

— ¿Cuánto vale Gravetal?
— Cerca de 80 millones de dólares, pero no está a la venta.
— ¿Y si les ofrecemos 160 millones?
— ¿Bromean? ¿O quieren que haga una consulta al directorio?

El singular regateo inicial impulsó en filas masistas la ilusión de adquirir Gravetal. La iniciativa, se asegura, recibió el apoyo entusiasta de algunos miembros de la Fuerza Naval Boliviana (FNB). Se menciona que el ex comandante de esa fuerza José Alba fue uno de ellos. Alba reconoció que las áreas cercanas a Gravetal forman parte de proyectos anhelados por la FNB. Pero negó haber sido parte de los emprendimientos por la aceitera.

Las fuentes aseguran que el más experimentado de la delegación gubernamental era Rafael Martínez, entonces representante del Ministerio de Hacienda en el directorio de YPFB. De acuerdo a la versión, Martínez y otros funcionarios trabajaron el proyecto. Con excelentes expectativas, Martínez empezó a moverse para conseguir el dinero que se requería para la compra de las acciones de Gravetal. Luego buscaron presentar el plan a las principales autoridades del Gobierno. En varias oportunidades intentaron reunirse con el presidente Evo Morales.

El proyecto final consistía en adquirir Gravetal con los fondos que Yacimientos administra por las importaciones de diesel venezolano. Entre noviembre de 2007 y enero de 2008 se iniciaron las conversaciones tentativas para la adquisición de la empresa. Los acercamientos  con los representantes de los ministerios de Desarrollo Rural y de Obras Públicas se dieron en medio de una dura crisis como autoridades de ambos ministerios.

Hasta principios de enero habían estallado los primeros escándalos de corrupción y malos manejos de recursos. El tema más recordado es el de los tractores, hecho que a la larga iba a desgastar la imagen de Salvatierra y a provocar posteriormente su renuncia.

Pese a estas dificultades, Martínez siguió buscando el dinero para hacer esta adquisición, hasta que vio en la generosa cooperación venezolana una excelente opción para obtener los recursos para la compra de Gravetal.

El Gobierno de Venezuela, a través del Banco de Desarrollo Productivo, había iniciado una serie de créditos a diversos sectores bolivianos.

Aprovechando esta predisposición de préstamos, el grupo de Martínez buscó al entonces embajador de Venezuela, Julio Montes, a quien informó sobre las posibilidades de compra de la empresa y los recursos requeridos.

La versión asegura que la delegación diplomática aceptó la iniciativa y pidieron a Martínez que les preste el proyecto, con la promesa de analizar y viabilizar el crédito. “Ésa fue la metida de pata”, se asegura en filas masistas. Complementa la larga y frustrante espera que al parecer tuvo que asumir Martínez. 

Las sorpresas

El 29 de junio de 2008, el ex ministro y hoy fugitivo político Dante Pino denunciaba en una columna de opinión que en el país existía un nuevo virrey. Se refería así al embajador de Venezuela en Bolivia, Julio Montes.

“En Bolivia, Julio Montes es el artífice de la compra del paquete accionario más importante del Banco Unión, la compra de Gravetal, el puerto de Gravetal en Puerto Aguirre, y está en las negociaciones para la compra de la industria aceitera SAO, lo que le permitiría el control de la producción y comercialización de la soya cruceña”, señaló.

Las declaraciones no fueron tomadas en cuenta. No obstante, días después, el socio mayoritario de Gravetal, Juan Manuel Osorno, hizo conocer su intensión de negociar sus acciones que representaban el 82,5 ciento. El representante no dio detalles sobre la empresa con la que cerraría el negocio, pero admitió que durante varias semanas los ejecutivos de la firma interesada en las acciones de Gravetal “visitaron Bolivia” con el propósito de realizar los trámites para homologar el traspaso de los valores.

La información sorprendió a los funcionarios del ministerio, pues “alguien del exterior” se había adelantado a su iniciativa. Entre tanto, la embajada todavía no daba a Martínez señales sobre el crédito.

El 15 de julio del mismo año, una publicación del semanario “Numero 1” hacía conocer la venta de 77,6 por ciento de las acciones de Juan Manuel Osorno a Monómeros. Se trata de una empresa propiedad de Pequiven (Petroquímica de Venezuela), que, a su vez, resulta filial de Petróleos de Venezuela (Pdvsa).

El hecho fue confirmado días después por el Instituto Boliviano de Comercio Exterior y la Cámara Agropecuaria del Oriente.
Para los funcionarios de Gobierno que buscaron esta compra, el hecho les cayó como un balde de agua fría. “¿La propia Embajada de Venezuela torpedeó el proyecto soyero de los masistas?, nos preguntamos hasta hoy”.

Entre tanto, el sector agropecuario de Santa Cruz advertía su desconfianza en que capitales venezolanos adquirieran una de las grandes empresas oleaginosas de aquella ciudad.

Eduardo Bracamonte, de la Cámara Nacional de Exportadores de Bolivia, advirtió que la compra de Gravetal formaba parte de un plan de Venezuela para adquirir empresas estratégicas de Bolivia, como había ocurrido con la financiera Prodem.

Elio Saucedo Sánchez, ex dirigente de la Federación de Productores de Leche (Fedeple), calificó el hecho de “mala señal”.
Pese a las observaciones, los venezolanos lograron quedarse con la aceitera y comercializadora. Según un ex funcionario del área productiva del BDP, el hecho de que Venezuela no haya dado el crédito oportunamente se debió a la desconfianza que tenía el país respecto al uso de los préstamos, dados los  escándalos de corrupción que se registraron. Los dardos también cuestionan la actitud del ex embajador Julio Montes.

Antecedentes de Monómeros

El 31 de enero de 2008, el Heraldo de Barranquilla publicaba que la compra de Monómeros el año 2006 por parte del Gobierno venezolano le permitió al presidente Hugo Chávez atravesar la reja colombiana y convertirla en un arma política para la expansión de sus actividades.

“Cuando el Gobierno de Colombia decidió vender el 47,24% de la empresa que estaba en manos del Instituto de Fomento Industrial (IFI) y Ecopetrol, Venezuela a través de Pequiven —que era el dueño del otro 47,24%— la compró a precio de gallina muerta, y el Gobierno de Uribe perdió una oportunidad de convertir la petroquímica en una tacita de plata”, cuestionó la nota.

Tal hecho parecía retratar un acto de “aprovechamiento” por parte de Venezuela. Según la publicación, un ex trabajador de la empresa afirmó que desde el mismo momento que vendieron a Monómeros, la presidencia se la llevaron a Venezuela, pese a que siguió como gerente Héctor Rodelo Sierra, a quien le nombraron un gerente adjunto, Germán Paredes, oriundo del vecino país.

Monómeros, desde entonces, ha intensificado su inversión social en el entorno de Barranquilla desde que llegó el capital venezolano. Ésa fue una de las premisas de los nuevos dueños cuando asumieron la administración de la organización.

El Heraldo confirmó que Monómeros, adicional al apoyo que está ofreciendo a una escuela distrital en Las Flores, ha decidido llevar a cabo inversiones por 3 mil millones de dólares entre 2008 y 2009. Se asegura que esto es el inicio de la expansión del chavismo en Colombia.

En el momento está apoyando un centro educativo que atiende a 1.400 alumnos, lo mismo que un comedor para 300 niños. Ahora decide construir un nuevo colegio, para lo cual compró una bodega, un lote y casas, con una inversión aproximada a los 1.000 millones de dólares.

Además de ello, se reveló que la empresa ha decidido destinar un 8% de sus ganancias anuales a la parte social y son recursos que los está manejando la fundación para diferentes programas.

Un residente de Las Flores dijo que existe temor sobre el futuro de la empresa porque el Gobierno de Chávez la estaría usando para su expansión política y económica, lo que podría generarle problemas y acabarse un patrimonio. La compra de Gravetal levanta las mismas sospechas en Santa Cruz.

¿Objetivo cumplido?

Según datos de la Bolsa Boliviana de Valores, el 1 de julio de 2008 se transfirió el 99 por ciento del paquete accionario de Gravetal a Inversiones de Capital Inversoja SA. El mismo día, dicha sociedad pignoró en calidad de garantía a favor de la empresa Monómeros International Ltd. la totalidad de sus acciones.

La conformación del directorio de esta “empresa privada” presenta singulares características. El primer director es Roberto Manzanilla Barbosa, de nacionalidad venezolana. DIA D confirmó que Manzanilla es funcionario de la Embajada de Venezuela y que trabaja en las oficinas de Santa Cruz, en el despacho de negocios.

Este semanario buscó conversar con el ejecutivo. Desde esas oficinas diplomáticas se pidió que las consultas se realicen vía e-mail. Un cuestionario de cinco preguntas no fue contestado hasta el cierre de la presente edición a prácticamente tres días del contacto.

Según datos del diario el Universal de Caracas, publicados en junio de 2005, Manzanilla ha sido miembro del directorio del estatal Banco Nacional de Vivienda de Venezuela. Fue posesionado en ese cargo cuando el ex embajador Montes fungía como Ministro de Vivienda del Gobierno de Hugo Chávez. 

En los siguientes cargos del directorio aparecen figuras del masismo junto con ejecutivos de otras nacionalidades. Como director titular está Juan Valdivia Almanza, diputado por el MAS y empresario que detenta el 5% de las acciones de Gravetal. Sebastián Rivero Guzmán es el tercer Director Titular. Él es hermano de la ex ministra de Desarrollo Rural y de Producción Susana Rivero Guzmán y también accionista de Gravetal, con otro 0,5 por ciento de las acciones. Empezó como director suplente.

Como director suplente funge Rafael Caldera Cabezas, de quien extraoficialmente se asegura que también tiene nacionalidad venezolana.

Entre tanto, los documentos revelan también que Juan José Ric Riera, hermano del hoy embajador de Bolivia en Uruguay y ex ministro de Obras Públicas Salvador Ric Riera, es el gerente general de Gravetal desde el 27 de marzo.

Ric asumió luego de que el colombiano Raúl Insignares renunciara ese mismo día. Desde la compra de Gravetal, hasta esa fecha, estuvo en calidad de director suplente.

Como Gerente Administrativo Financiero se encuentra Claudio Di Paola; Gerente Administrativo y Financiero adjunto, Franz Ezequiel Carvajal Zerna; Gerente de Producción, César Wohlke Oldemar, y subgerente de Contabilidad, Gisele Huarumi Yasuda Descarpontriez.

DÍA D logró comunicarse con Rafael Martínez para conocer los detalles de la singular presencia venezolana en el sitio más estratégico del lejano oriente. En la primera conversación, Martínez se comprometió a ser entrevistado algunas horas más tarde.

En los cinco intentos posteriores diferentes voces respondieron que el directivo de YPFB “se encontraba en reunión”, “estaba ocupado” y que había “viajado al menos por tres días”.

Mientras los silencios se multiplican, los cambios en la empresa aún no han asentado y todavía no se sabe cuál será el futuro de Gravetal y su función económico, social y política. Lo que sí se sabe es que por lo menos en el oriente y de manera coincidente se ha dado una especie de quiebre que ha detenido la pulseta con el Gobierno. Los meses de crisis entre la “media luna” y el MAS, Gravetal ingresó en una virtual parálisis, especialmente entre noviembre de 2008 y febrero de 2009.

Y, sin duda, en ciertas filas masistas, las preguntas sobre Montes, Manzanilla y Monómeros despiertan hasta dudas existenciales.


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