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Ed. Impresa La felicidad, la obesidad, el tabaquismo y otras conductas pueden contagiarse, según el trabajo de dos investigadores estadounidenses | Las conexiones sociales tendrían mayor influencia en nuestras actitudes de las que se suponía. El libro en el que r

¿La felicidad es contagiosa? Con un poco de ayuda de mis amigos

Por Redacción ¡ Oh ! - Los Tiempos - 7/03/2010


¿La felicidad es contagiosa? Con un poco de ayuda  de mis amigos - Redacción ¡ Oh ! Los Tiempos

¿La felicidad es contagiosa? Con un poco de ayuda de mis amigos - Redacción ¡ Oh ! Los Tiempos

Tener amigos alegres y felices aumenta un 9% las posibilidades de que usted en poco tiempo también se sienta  feliz. De igual modo si engorda se triplican las probabilidades de que su  pareja o su mejor amigo también lo hagan. Pero incluso si un amigo de su amigo empieza a fumar tiene más chances de caer también en ese vicio.

En otras palabras, tanto la felicidad como el  aumentar de peso, entre muchas otras conductas humanas, pueden ser  contagiosas. Al menos ésas son las conclusiones a las que los investigadores  estadounidenses James Fowler y Nicholas Christakis  llegaron, luego de estudiar  la manera en que las conexiones sociales influyen sobre nuestras vidas. 

Los resultados de sus pesquisas  fueron publicados en el libro Conectados (Connected, en inglés), que ha recibido apoyos y críticas por igual de otros investigadores.  El libro fue  lanzado este mes  en español por la editorial Taurus  y el año pasado tuvo gran repercusión en los medios de comunicación estadounidenses.

La revista del diario New York Times le dedicó la portada, mientras que la revista Time eligió a uno de sus autores, Nicholas Christakis,  entre las 100 personas más influyentes del año y muchas otras publicaciones lo han recomendado entre los libros indispensable para ser leídos en 2010.  Fowler es cientista político de la Universidad de San Diego, California, y siempre estuvo interesado en responder a las razones por las que una persona va a votar en una elección.

Él creía que cuando una persona vota, aumenta la posibilidad de que sus amigos también lo hagan. Por otro lado, Christakis es médico y sociólogo de la Universidad de Harvard y al mismo tiempo investigaba 'el efecto de viudez', que es la propensión de las personas a morir poco tiempo después de que haya fallecido su  pareja.  En distintos ámbitos, ambos coincidían en que el contagio social era el campo que debían analizar. Los investigadores se conocieron en una maestría en Harvard y empezaron a trabajar a base de los datos del denominado estudio Framingham, que desde 1948 ha estudiado la salud y las redes sociales de 15 mil personas de la localidad estadounidense del mismo nombre.  

Los investigadores analizaron las respuestas de los cuestionarios de los participantes entre 1983 y 2003 con un modelo informático que les permitió establecer más de 50 mil redes sociales.  Los primeros datos  les indicaron que si un habitante de Framingham aumentaba de peso, sus amigos tenían el 57% de posibilidades de que también lo hicieran, pero además descubrieron que el contagio social no siempre era directo, sino que a veces se saltaba un eslabón y se presentaba en el amigo del amigo de la persona que había engordado.

Continuaron sus estudios y vieron que el mismo comportamiento 'contagioso' se repetía entre los fumadores y luego entre los bebedores. Pero además dieron con otros resultados curiosos. “Encontramos que las relaciones del mismo género tienden a ser más influyentes que las relaciones de género opuesto, lo que explica por qué los amigos tienden a influir en los resultados de la gente que aumenta de peso más de lo que lo hace su cónyuge”, dijo Fowler a la publicación Good.is. 

Los investigadores  ampliaron sus estudios hacia otros ámbitos de las relaciones humanas, incluso sacando porcentajes para ejemplificar sus resultados. De este modo llegaron, por ejemplo,  a la conclusión de que tener amigos alegres y felices incrementa un 9% las probabilidades de que una persona también se sienta feliz y que la infelicidad se contagia menos que la felicidad, ya que cada amigo triste nos puede contagiar esa emoción sólo un 7%. 

Pero, valga la aclaración, esta influencia tiene un límite. Cada persona influye en los demás (y es influido por otros) hasta  'tres grados de separación', es decir hasta 'los amigos de los amigos de tus amigos'. “Ya sea ganar o perder peso, empezar o dejar de fumar, ser feliz o estar triste o ir a las urnas o abstenerse; en todas estas actividades dependemos, en parte, de los comportamientos similares de nuestros amigos y de los amigos de nuestros amigos. Pero en general no va más allá, porque la información se hace menos precisa en la medida que se va transmitiendo a más personas. Los sentimientos  se vuelven menos intensos y las motivaciones son menos fuertes”, explican los autores de Conectados, que consideran que estos comportamientos se contagian a través de señales sociales que captamos de las personas que nos rodean y que inconscientemente interpretamos como comportamientos normales. 

Los investigadores dicen que la felicidad no es resultado de tener sólo conversaciones íntimas con los amigos cercanos, sino el resultado de tener a diario muchos pequeños momentos de alegría. Agregan también que el contagio varía según el tipo de relación que se tenga con las otras personas. Citan por ejemplo, que los colegas de trabajo no transmiten felicidad como los amigos cercanos, pero a su vez influyen en hábitos, como el consumo de tabaco. Si un colega de trabajo deja de fumar, existe el 34% de posibilidades que sus compañeros de su entorno también lo hagan. 

“En conjunto, estos estudios y otros están generando un creciente reconocimiento de que muchos comportamientos están influidos por las redes sociales en formas que no han sido plenamente comprendidas. Y es posible, dicen los investigadores, que se pueda aprovechar el poder de estas redes para muchos propósitos, como el fomento de sexo seguro, para que cada vez  más gente haga ejercicios o incluso en  la lucha contra la delincuencia”, escribe  Rob Stein  en el reportaje que le dedicó al tema el  diario Washington Post. 

Pero si formar parte de las redes sociales nos afecta y nos afectan  también otras personas que mantienen con nosotros lazos muy estrechos o muy relajados, entonces ¿dónde queda el libre albedrío? Es la pregunta que se les ha hecho con frecuencia a Fowler y Christakis.  “Frente a esta interrogante, yo les digo que así como las otras personas ejercen cierta influencia sobre usted, no hay que olvidarse de que usted también puede influir sobre ellos”, responde Fowler.

“El lado positivo de esto es darse cuenta de que los individuos podemos trascendernos a nosotros mismos y nuestras limitaciones. Nosotros sostenemos que la interconexión con los demás no sólo es una parte natural y necesaria de nuestra vida, sino también una fuerza positiva. De igual modo que el cerebro hace cosas que una sola neurona no puede hacer, las redes pueden hacer cosas de las que una sola persona es incapaz... Para saber quiénes somos, debemos comprender cómo estamos conectados”, sostiene Christakis en el prólogo de Conectados.  Las teorías de Fowler y Christakis recién empiezan a ser discutidas por los especialistas.

Mientras algunos las consideran como brillantes, porque ayudan a tener una percepción del mundo distinta, para otros es sólo una  prueba estadística de obviedades. Pero más allá de las discusiones académicas, el estudio es una buena excusa para sensibilizarnos y reflexionar y pensar que tal vez nuestras conductas están haciendo más felices o infelices a nuestros amigos y nuestra familia

Toda relación social tiene su efecto Carlos Soria  Sociólogo y docente universitario

Lo primero que se debe tomar en cuenta es que toda relación social siempre  tiene su efecto. Lo segundo es que el ambiente social influye mucho en la conducta del individuo y lo tercero es que la conducta del individuo tiene efectos en las actitudes de las personas. Creo que a base de estos tres elementos se explica lo que el informe, de Fowler y Christakis, de manera empírica lo está demostrando. 

Por otro lado, creo que esta teoría de las redes sociales puede tener  mayor importancia y repercusiones en el ámbito educativo y en el familiar interpersonal.  En el educativo, los docentes o los mismos padres deben influir para generar  ambientes donde la interrelación entre las personas sea positiva. No solamente en términos de aprendizaje de conocimientos, sino también en la formación de carácter. Entonces ahí viene la predisposición a la felicidad como actitud.

Por ejemplo, para que las personas  sean felices deben tener una relación de cooperación con sus pares, que también sea productiva. Es decir, si uno quiere tener una actitud positiva frente al aprendizaje debe estar rodeado de gente que también le guste aprender y eso influye. De tal manera que el aprendizaje no va a ser como una carga, sino será un proceso placentero, por no decir feliz. Cabe indicar que una familia feliz contribuye a su desarrollo en todos los ámbitos.

El informe es muy claro, la relación interpersonal va a tener un efecto en la medida en la que el contacto con el otro es cercano.

También hay indicadores bastante interesantes en torno a la distancia. Si un amigo vive cerca el efecto va a ser mucho mayor. Si vive bastante distante el efecto es menor. No sólo es el ambiente, las características personales de las amistades, sino también la distancia y la frecuencia con la que los individuos se relacionan con estas personas que tienen una actitud positiva ante la vida

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