Martes 30 de septiembre del 2014. Actualizado a las 12h54 (Gmt -4)

Buscar en lostiempos.com

Ed. Impresa Actualidad

Virgen de las Mercedes, patrona del Ejército de la Independencia

Por Antezana S. Alejandro - Periodista Invitado - 20/06/2010


Imagen de “Nuestra Madre y Señora de las Mercedes, protectora de la causa de la libertad”, que se encuentra en el Instituto Nacional Belgraniano de la ciudad de Buenos Aires. - Foto | Los Tiempos Los Tiempos

Imagen de “Nuestra Madre y Señora de las Mercedes, protectora de la causa de la libertad”, que se encuentra en el Instituto Nacional Belgraniano de la ciudad de Buenos Aires. - Foto | Los Tiempos Los Tiempos

En los primeros años de la Guerra de la Independencia la gloriosa Virgen de las Mercedes, patrona de la Diócesis de Cochabamba, era conocida en las provincias del Alto Perú como “La Virgen Patriota” o sencillamente “La Patriota” y en las provincias del Río de La Plata como “Nuestra Madre y Señora de las Mercedes, protectora de la causa de la libertad”.

Fue considerada protectora de los ejércitos libertadores, desde el 24 de septiembre de 1810, día en que se rindió gran homenaje a la Virgen patriota, en atención a la revolución de Cochabamba del 14 de septiembre, y con mayor énfasis desde la batalla de Amiraya del 13 de agosto de 1811; amplificándose el marco de su devoción luego de la batalla de la Coronilla del 27 de mayo de 1812 y la batalla de Tucumán del 24 de septiembre del mismo año.

Inicialmente, la Villa de Oropeza, fundada el 15 de agosto de 1571, nació al amparo de la Virgen de la Asunción (María Santísima bajo el Misterio de su Gloriosa Asunción a los cielos), cuya imagen fue trasladada en 1810, de la Iglesia Matriz al Monasterio de Santa Clara, y sustituida por la Virgen de las Mercedes.

Por los estudios del historiador Raimundo Grigoriu, se sabe que el Obispo de Cochabamba, Monseñor Francisco del Granado, “consagrado el año 1868 y a poco de comenzar su gobierno pastoral”, pidió y obtuvo de la Santa Sede la declaración de la Virgen de las Mercedes como Patrona de la Diócesis de Cochabamba, que se oficializó mediante Bula del Papa Pío IX, de 25 de junio de 1874 que, a su vez, dispuso la erección canónica de esta diócesis y la declaración de Catedral a la Iglesia Matriz de San Sebastián martir.

Según el investigador Adolfo Morales, citado por Grigoriu en sus Datos, apuntes y referencias para una historia de la Arquidiócesis de Cochabamba, los patriotas habrían trasladado a la Virgen de las Mercedes a la Iglesia Matriz “… para sustituir con la “Virgen de los patriotas” la imagen de la Asunción venerada en dicha Iglesia desde la fundación de la ciudad, habiendo mandado esta imagen, considerada “la Virgen de los realistas” al Monasterio de Santa Clara, en una especie de reducción a prisión simbólica”.

El benemérito coronel Juan de la Rosa señala en sus memorias que “llamábanle la patriota” porque en su fiesta anual del 24 de septiembre de 1810 los cochabambinos realizaron “la ceremonia religiosa más solemne”, ya que diez días antes, el 14 de septiembre, se había pronunciado el grito de independencia en Cochabamba. Más patriota aún, si se considera que la Virgen de las Mercedes fue conducida como estandarte por los patriotas al campo de batalla de Amiraya, donde sufrieron derrota militar frente al ejército de Goyeneche.

LA VIRGEN DE LAS MERCEDES, EN LA BATALLA DE AMIRAYA

El 12 de agosto de 1811, el ejército altoperuano-argentino se posesionó en los campos de Amiraya a cuatro leguas de Cochabamba, entre Sipesipe y Vinto y estaba compuesto de seis mil hombres, en su mayoría mestizos e indígenas, comandados por Francisco del Rivero, Esteban Arze y Melchor Villa Guzmán (Quitón), al que se unieron los 800 hombres del ejército del argentino  Eustoquio Díaz Vélez.

En la víspera, la Virgen de las Mercedes había sido extraída de su pedestal en la Iglesia de la Matriz para ser trasladada a los campos de Amiraya “… un espectáculo profundamente conmovedor llamó la atención en los momentos de la partida. Muchos expedicionarios entre los que se distinguían labriegos del valle de Cliza sacaron del templo, sobre andas, la imagen de la Virgen de las Mercedes para conducirla al campo de batalla”, expresa Eufronio Viscarra, en su conocida Biografía del general Esteban Arze.

El mismo historiador agrega que cuando estaban en marcha “… las bandoleras y gallardetes que adornaban las andas de la imagen venerada,  flameaban juntamente con los estandartes de los cuerpos militares; mientras la multitud se entregaba a la dulce ilusión de que la Virgen nombrada, de esa manera extraña, generala de las fuerzas patriotas, volvería bien pronto victoriosa de la pampa de Amiraya”.

El 13 de agosto de 1811 tuvo lugar en la llanura de Amiraya el encuentro militar donde los realistas, en número de ocho mil de infantería y caballería, con seis cañones de montaña y el resguardo de los escuadrones Real de Lima y Granaderos del Cuzco, atacaron  inconteniblemente a las formaciones patriotas que cedieron rápidamente a los impactos de artillería y en pocos minutos sufrieron más de 600 bajas. “… La numerosa y mal organizada caballería patriota, no pudiendo resistir el fuego mortífero y sostenido de los cuerpos realistas, buscó su salvación en la retirada”,  destaca el historiador Augusto Guzmán.

Por su parte, Eufronio Viscarra agrega que: “… durante el combate, la Virgen de las Mercedes permaneció en el campo de batalla hasta el momento en que se declaró la derrota de los cochabambinos. No siendo ya posible hacer huir a la sagrada imagen sobre sus andas, uno de los conductores tomó el partido de montar a caballo con la virgen entre sus brazos y galopando a toda brida consiguió llegar a Cochabamba y presentarla en el templo de donde había sido sacada”. A renglón seguido añade que “… se sabe por medio de la tradición que la Virgen de las Mercedes recibió un balazo durante el combate, perdiendo en consecuencia los dedos de la mano derecha”.

Un testigo presencial de este episodio histórico, al relatar el desenlace de la batalla de Amiraya, expresa que “… la numerosa caballería patriota recibió con una carga general a las primeras columnas enemigas, en la margen izquierda del río, pero fue rechazada y se desordenó de tal modo que parecía consumada la derrota. Una pequeña parte comenzó a huir por la escabrosísima serranía de su retaguardia”.

Con relación a las vicisitudes de La Patriota, el mismo testigo afirma: “Recuerdo muy bien, haber distinguido un objeto reluciente que conducía uno de los jinetes y que debió ser la imagen de la virgen, salvada, con los dedos de la mano derecha rotos de un balazo, por Jacinto Gómez, que llegó antes que nadie con ella y la tremenda noticia a la ciudad”.

Al narrar este trascendental episodio, los testimonios históricos son uniformes al señalar que la imagen de la virgen patriota fue trasladada a la acción de armas de Amiraya, donde fue ubicada en retaguardia, y que, ante el crítico, fue tomada en brazos por un jinete héroe de la caballería mestiza que a todo galope la retornó hasta el templo de la Matriz, con los dedos de la mano derecha destrozados por un proyectil de los realistas.

LA VIRGEN DE LAS MERCEDES, EN LA BATALLA DE LA CORONILLA

El 27 de mayo de 1812 es un momento central en la historia de la Virgen Patriota, cuando nuevamente fue removida de su altar y conducida, esta vez no al campo de batalla, sino sólo hasta el umbral de la Iglesia Matriz, desde donde brindó su bendición a los hombres y mujeres que se dirigieron a la colina de San Sebastián para inmolar sus vidas en nuevo enfrentamiento contra la ofensiva del poderoso ejército del Rey, al mando de Goyeneche.

Los días 25 y 26 de mayo de 1812, ante el inminente ataque del Ejército Real del Perú, el pueblo valluno se convulsionó pidiendo salir a enfrentar al enemigo. No obstante las sensatas peticiones del Prefecto de Cochabamba y los caudillos de la revolución, la masa popular, dominada por agitadores, no hizo caso ninguno y asaltó el arsenal del Cabildo, apoderándose de las pocas armas que allí se encontraban.

En la mañana del día 27, nuevas presiones de grupos del pueblo y los individuos más belicosos decidieron ir a la lucha. Desde temprano se formaron grupos de mujeres y hombres que, portando rústicas armas, clamaban ir a enfrentar al ejército enemigo que contaba con una dirección militar experimentada y armas modernas de la industria europea más avanzada de la época.

José Manuel Goyeneche envió un diputado para ofrecer perdón a la ciudad si se rendía voluntariamente. Todo lo contrario, en conocimiento de esa diputación, la heterogénea multitud de mestizos e indígenas,  de unas tres mil personas, enseguida se organizó como pudo, sin disciplina, ni plan ni mando oficial alguno, para enfrentar prácticamente desvalidos a más de cinco mil soldados realistas.

La masa avanzó como un alud por la calle San Juan de Dios para dirigirse a la Coronilla, en la colina de San Sebastián, situada a poco más de un kilómetro de la Plaza de Armas, envalentonándose más aún por la presencia de los patriotas que la acompañaba.

Cuando la compacta multitud pasaba por la puerta de la Iglesia Matriz, las mujeres pidieron a gritos conducir a la Virgen Patriota a la colina de San Sebastián donde se desarrollaría la batalla, a lo que se opuso el sacerdote de la parroquia quedando, en consecuencia, expuesta la imagen de la Virgen en la puerta del templo, sobre sus andas, sostenidas por cuatro mujeres como está fielmente descrito en uno de los altorelieves laterales en bronce del Monumento a las Heroínas de la Coronilla, esculpida en 1926 por el italiano Pietro Piraino, que se encuentra en dicha colina.

En la cumbre de la Coronilla, los insurgentes emplazaron sus escopetas y cañones de estaño que estaban servidos por ancianos, mujeres y niños. Con arcabuces, hondas, cuchillos, macanas, palos y piedras se preparaban para defender los flancos, mientras en la retaguardia y en medio ascenso a la colina numerosos grupos de mujeres, alentaban a los combatientes de la cumbre y, a un mismo tiempo, provocaban a los soldados españoles con burlas e insultos.

Al ver eso, Goyeneche en las faldas de la colina hizo parar en seco su destacamento de cinco mil hombres, ordenó su formación, se colocó delante de ellos y, ardiendo de furia, reiteró su salvaje consigna: “¡Soldados! Sois dueños de las vidas y haciendas de los insurrectos, ¡marchemos a exterminarlos!”. Enseguida hizo tocar clarín de ataque para ir a exterminar al pueblo valluno y a sus irreverentes caudillos, con Mariano Antezana Casafranca a la cabeza, que habían promovido y ejecutado en Cochabamba la revolución de 29 octubre de 1811.

Los batallones realistas se lanzaron sobre la Coronilla. Pasado el mediodía sólo unas 300 personas quedaron en la cima, defendiéndose y luchando con todo heroísmo, hasta que fue vencida toda resistencia y fueron masacradas sin piedad.

Luego de la masacre de héroes y heroínas en la colina de San Sebastián, otro episodio de terror y muerte se desarrolló en Cochabamba. La sanguinaria soldadesca realista, azuzada por sus jefes Goyeneche, Imas y Cañete, se dirigió al centro urbano a consumar su oficio de saqueo y destrucción. Cuando terminó la tarde del 27 de mayo, los soldados incendiaron las casas, haciendo arder la ciudad a partir de la zona céntrica. Al anochecer, la ciudad era escenario de todos los horrores de una guerra de devastación.

Esa misma noche se desató una brutal persecución de los caudillos de la segunda revolución de Cochabamba. Hasta la mañana del día 28, ya se habían apresado y ejecutado a los principa¬les, entre ellos Mariano Antezana, Gobernador de Cochabamba, que en el acto fue cruelmente torturado, fusilado y decapitado en la Plaza de Armas y cuyo cuerpo estaría enterrado a los pies del altar de la Virgen Patriota, como afirma el historiador Macedonio Urquidi: “… el cuerpo de Mariano Antezana fue enterrado secretamente por la piedad de los Reverendos padres mercedarios en el Templo de la Matriz al pie del altar de la gloriosa Virgen de las Mercedes”.

Las criminales atrocidades continuaron sin parar durante los días subsiguientes al Corpus Christi , concluyendo dos semanas después. Cochabamba había sufrido el desangramiento de la Coronilla y padecido todos los horrores de un ataque de tierra arrasada, producto de una desproporcionada reacción de las autoridades coloniales contra los revolucionarios altoperuanos que luchaban por la independencia nacional.

LA VIRGEN DE LAS MERCEDES, EN LA BATALLA DE TUCUMÁN

Con seguridad que la devoción por la Virgen de las Mercedes se hizo mucho más intensa entre los protomártires de la independencia por el efecto que produjo la Batalla de Tucumán, del 24 de septiembre de 1812, cuando el ejército patriota al mando de Manuel Belgrano derrotó al ejército realista comandado por Pío Tristán.

Según el historiador argentino Vicente Sierra, el general Joaquín Manuel Belgrano, a la vista de las avanzadas enemigas a media legua de la ciudad de Tucumán, estableció su línea para recibir de frente el ataque del ejército español “… en un campo elegido para contratacarlo a la bayoneta, a la par que lanzando a la caballería contra sus dos alas”. En la mañana del 24, “Belgrano a la cabeza de una columna de quinientos hombres, se puso en contacto con Díaz Vélez, hasta situarse frente a la línea de Tristán, a quien intimó rendición, proponiéndole la paz a nombre de la fraternidad americana”.

Al no admitir rendición alguna, Tristán enfrentó al ejército de Belgrano, siendo contrarrestado por la caballería patriota, que “… al mando de Juan González Balcarce, pudo encontrar el camino conveniente y cayó sobre la retaguardia del ala izquierda enemiga, cargando sobre la infantería que aún no había entrado en acción. El enemigo derrotado comenzó a huir. El ala izquierda enemiga había sido completamente destruida y conmovido su centro… Después de saber que el enemigo estaba en plena fuga, Belgrano reunió unos 200 hombres y se puso en marcha al centro de la lucha”.

Agrega Sierra, que “… luego de retroceder una legua hacia el sudeste, Tristán logró restablecer la línea de batalla y atacó a los patriotas mandados por Díaz Vélez”, quien en una retirada estratégica, retrocedió en dirección de la diezmada ala enemiga, “… recogiendo en el camino heridos y trofeos, entre otros las banderas de los regimientos Cochabamba, Abancay y Real de Lima, así como alrededor de 600 prisiones y 60 oficiales”.

El triunfo de la Batalla de Tucumán fue vital para el ejército de los patriotas, ya que “… desahogó la situación militar angustiosa por la que pasaba la Revolución en septiembre de 1812”, que tal como afirma Vicente Sierra, en su Historia de la Argentina.

Producto de esa derrota, es célebre la carta de aviso de demisión al mando que Goyeneche escribió al virrey del Perú, José de Abascal, cuando le decía: “… terrible mortandad y pérdidas nos ha causado la batalla de Tucumán… si V.E. no hace esfuerzos, no respondo de conservar esto y dimito al mando si no hay la fuerza suficiente para sostenerme”.

También es célebre la Proclama pronunciada por Manuel Belgrano en Tucumán el 28 de septiembre de 1812, cuatro días después de la victoria (publicada en la Gazeta de Buenos Ayres, el 29 de octubre de 1812), cuando informaba que “El ejército grande de Abascal, al mando de D. Pío Tristán, ha sido completamente batido el 24 del corriente, día de Nuestra Madre y Señora de las Mercedes, bajo cuya protección se puso el de mi mando…”.

ENTRONIZACIÓN DE LA VIRGEN

El 24 de octubre de 1812 en Tucumán se produjo un momento estelar en la historia de la Guerra de la Independencia, cuando el general Manuel Belgrano en su calidad de General en Jefe del Ejército del las Provincias Unidas del Río de la Plata, entronizó y entregó su bastón de mando a la Virgen Patriota, en el mismo campo donde un mes antes, el 24 de septiembre, había derrotado por completo a las fuerzas realistas de Pío Tristán.

Aquél día llegó el ejército de Belgrano, justo el momento que una multitud recorría las calles de la ciudad de Tucumán con la Virgen de las Mercedes adelante, y se sumó a la procesión que siguió su marcha hasta donde se había desarrollado la batalla. Describe Sierra que “… llegados al lugar, Belgrano se dirigió solo, hacia las andas en que era conducida la imagen de la advocación que se celebraba, las hizo bajar hasta ponerlas a su nivel y entregó el bastón que llevaba en su mano y lo acomodó por el cordón de la imagen de las Mercedes”.

Otros autores indican que en esa histórica fecha, el general Belgrano luego de colocar respetuoso su espada victoriosa a los pies de la sagrada imagen, dispuso la entronización de la virgen como “Nuestra Madre y Señora de las Mercedes, protectora de la causa de la libertad”, la misma que en circunstancias plenamente revolucionarias había sido nombrada generala de las fuerzas patriotas por los insurgentes cochabambinos del 14 de septiembre de 1810.

Desde entonces, la Virgen de las Mercedes fue oficialmente reconocida como Patrona del Ejército de la Independencia, siendo aclamada con profunda devoción por  soldados y oficiales, consecuentes con el general Manuel Belgrano quien invocando a La Patriota solía expresar en sus proclamas: “… el Dios de los ejércitos, por la intercesión de Nuestra Madre de Mercedes, está con nosotros y va a mostrarnos cuánto protege nuestra justa causa, y que su mano divina es la que dirige nuestras acciones”.


Últimas noticias