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Las señoras de los cielos

Por Quiroz Melaneth de Día D para ¡OH! - Periodista Invitado - 18/07/2010


Foto 1 - Mogro Luis Fernando  Periodista Invitado

Foto 1 - Mogro Luis Fernando Periodista Invitado

Figuras   |   Aunque la gran mayoría de los pilotos son varones, estas dos mujeres bolivianas son profesionales en el arte del pilotaje.

En Bolivia, todavía para muchas mujeres la idea de cambiar la rueda de un vehículo y aprender cómo se puede solucionar un problema mecánico resulta complicada y extraña. Pero hay algunas que conocen todos los botones, las teclas y los comandos de la cabina de un avión mejor que su propia historia clínica. Son las mujeres piloto, aquellas que eligieron una profesión riesgosa, cara y sin medias tintas. Una vida distinta pero con muchos privilegios. “Los pilotos siempre decimos que tenemos el mejor trabajo del mundo, tenemos el mejor asiento del avión y la vista es increíble”, dice Cecilia  Tapia. “Pasión”, señala a su vez la cruceña Laura Arakaki cuando se le consulta por su trabajo.

Tapia es una cochabambina que el año 2004 marcó la historia en la aviación nacional, al ser la primera piloto boliviana de una aerolínea comercial, el Lloyd Aéreo Boliviano. Arakaki es parte de una novísima generación, tiene escasos 20 años y pasa su vida, literalmente, en los cielos.

Ambas comandan aviones de la aerolínea Aerocon, la línea bandera del Beni. En toda Bolivia hay sólo cuatro mujeres que pilotean aeronaves. Junto a Tapia y Arakaki destacan además Paola Velasco y Eliza Araujo, que trabajan para AeroSur. Se tiene referencias también de una quinta piloto que hace unos años decidió irse al extranjero.

“Mirar al cielo”

En algunos de sus vuelos, mientras usted amigo lector decidía entre el café o el licor, una de estas mujeres tenía en las manos su vida y el destino de ese pájaro de acero que vuela a más de 10 mil pies de altura.

“El deseo de volar es algo con lo que naces, siempre sientes esa necesidad. Empiezas coleccionando todo lo que parezca un avión y siempre miras al cielo cuando escuchas el sonido celestial de un motor. Y cuando realizas tu sueño de ser piloto, disfrutas cada segundo ahí arriba porque vives sensaciones inexplicables, que son como estar en casa”, comenta Tapia, que ahora es copiloto de un avión Metro turbo hélice.

 Para Cecilia, un episodio inolvidable en su trayectoria es el “soleo”; vale decir, el primer vuelo en solitario. “Sientes emoción, miedo y alegría. El avión y yo ahí arriba somos uno solo; no tienes que vencerlo”, recuerda el día que, venciendo sus más caros temores, se hizo dueña de los instrumentos de vuelo.

Laura comenta que los pasajeros al verla en la cabina de un avión aún se sorprenden, pero se sienten felices de que alguien tan joven pueda llevarles a su destino. Estas felicitaciones les motiva a tener más valor al momento de agarrar el timón del avión, porque el estar a cargo de más de 18 vidas no es poca cosa.

Nada fácil

Años atrás era muy difícil ingresar a una aerolínea siendo mujer, ya que sus políticas no incluían mujeres en sus requerimientos. “Me alegra decir que ahora todas las aerolíneas incluyen a mujeres en sus llamamientos. Las mujeres se dieron cuenta de que nada es imposible. Cuando te pones metas –por muy altas que sean–, si te entregas por completo y lo deseas con todo tu corazón, puedes lograrlo”, expresa con alegría Cecilia, quien dice que su máximo anhelo es pilotear un avión de acrobacias.

Pilotear un avión no es nada fácil, pues cada seis meses tienen que demostrar que siguen siendo buenas pilotos, pasando una serie de exámenes, además de cumplir con 1.500 horas de vuelo para poder ascender a un grado superior. 

Las exigencias para ser una buena piloto continúan al momento de cuidar varios aspectos físicos. Tener una buena calidad de vida es importante. Se debe cuidar mucho la alimentación, hacer bastante ejercicio. Todo esto para poder combatir los cambios de presión, temperatura, vibración y de ruido. “Este trabajo te exige mucho desgaste físico y mental”, sostiene Cecilia.

Además de todo esto, la vida social de estas mujeres no es nada común. La mayoría del tiempo la pasan en el aire, dejando de lado a su familia y a las personas que más quieren. Laura acepta que al principio sí fue difícil porque no conocía a nadie, además porque estaba acostumbrada a estar todos los días en su casa. “Mi madre me decía: 'A todo se acostumbra el hombre'. Ahora disfruto cada pernocte; es decir, pasar días fuera de casa, pues tengo muchos amigos por todas partes y lugares nuevos que aún esperan por ser conocidos”.

Las fiestas son los momentos más difíciles para Cecilia, porque muchas veces no ha podido compartir con los suyos. “A veces paso muchos días sin verlos. Te pierdes fechas muy importantes, cumpleaños, navidades, aniversarios... Para el piloto, todos los días son lunes y tu familia debe acostumbrarse; debes aprovechar cada segundo a su lado”, expresa.

Diariamente, estas mujeres visitan las principales ciudades del país como si fueran salones de belleza o tiendas de ropa. Los vuelos que realizan para Aerocon abarcan toda Bolivia. La base operativa de la empresa se halla en la ciudad de Trinidad. Sus itinerarios diarios alternan las ciudades de La Paz, Cochabamba, Santa Cruz, Cobija, Riberalta, Guayaramerin, Tarija y Yacuiba.

“En este trabajo no existe la monotonía, cada día es diferente, cada vuelo es diferente. A veces estoy en tierra un día; otras, dos... No hay algo fijo”, confirma Tapia, demostrando que la mayoría de las veces su vida lo pasa en el aire. 

Para Laura, volar es más que un trabajo. Es una pasión, sin importar las preocupaciones y ansiedades. “Por el hecho de estar en las alturas y contemplar la creación desde otro punto de vista, vale la pena sacrificar todo”, asegura la joven aviadora.

CAMINO CON TURBULENCIAS

Para ser piloto de aerolíneas bolivianas los requisitos para las mujeres son idénticos que para los hombres: Licencia de Piloto Comercial con habilitación de vuelo por instrumentos, Aviones Multimotores y habilitación del idioma inglés requerido por la OACI (Organización de Aviación Civil Internacional). Se pondera el sentido de responsabilidad, disciplina, credibilidad y talento para trabajar en equipo.

Además, antes de ser aceptadas como alumnas, estas mujeres debieron aprobar exámenes que se concentran en matemáticas, física, tareas múltiples, trabajo en equipo, disciplina, presión e inglés. Los varones deben haber cumplido con el servicio militar o civil. Luego de aprobar dos años de carrera realizan, como segundo oficial, prácticas de aterrizaje y habilitación de aeronave y, como tercer piloto, entrenamiento de línea aérea. Tienen siete días libres por mes y pueden elegir cuándo y cómo disfrutarlos.

En el caso particular de estas dos pilotos, los  utilizan para correr a casa y compartir un desayuno o un almuerzo con la familia, y si les da el tiempo, limpiar su departamento y darle un poco de importancia a su vida personal.

Por el momento, ninguna de ellas está casada ni tiene hijos, aunque formar una familia y tener hijos no está descartado. Pero posiblemente esta aspiración tenga un significativo impacto en su vida. Cuando una mujer piloto queda embarazada, los vuelos acabaron para ella. Como dice Laura: “Se deben colgar los guantes”.


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