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Marihuana ¿Y qué pasa cuando la consumen los jóvenes?

Por Anna Infantas - Periodista Invitado - 1/08/2010


Marihuana ¿Y qué pasa cuando la consumen  los jóvenes? - El Deber Agencia

Marihuana ¿Y qué pasa cuando la consumen los jóvenes? - El Deber Agencia

Existe una escasa percepción del riesgo de la marihuana  |   De hecho, hay quienes la comparan con el tabaco. Pero lo cierto es que sí tiene efectos importantes. El drama de una familia y las voces de los expertos nos ayudan a comprender una de las drogas más consumidas en Bolivia

En la misa de nueve días, un valiente padre se paró frente al altar y leyó una carta que su hijo, de 24 años, escribió algunos días antes de tomar la peor decisión de su existencia. El porqué no fumar marihuana fue el título de aquel mensaje que dejó escrito un joven que lo tuvo todo, pero que se vio atrapado entre sus caprichos y miedos. En una hoja de cuaderno, en una especie de diario, Sergio Andrés lo único que le pedía a sus amigos era no cometer el estúpido error de hacer algo que puede marcarlos para siempre. “Con las drogas no se juega. Es preferible 30 mil veces ser un maricón, un don nadie, un trolo o lo que sea que te digan, pero jamás probarla, ni siquiera una vez. Esto que escribo no es para asustarse, es para concienciar. Cuando uno está adentro todo parece normal, que cuando uno quiere sale y que domina la situación, pero lamentablemente no es así…”.

Con la voz aún entrecortada y la tristeza dibujada en sus rostros, los padres de Sergio saben que no pueden volver el tiempo, pero la partida prematura del menor de sus hijos les sirve a ellos para alzar una voz de alerta: la marihuana hace daño.

“Mucha gente piensa que no es mala. Los muchachos la fuman y no pasa nada, es el concepto errado que estamos teniendo como sociedad. Para mí la marihuana mata. El momento que un chico toma la decisión de consumir una droga no sabe dónde va a parar.

Mi hijo estaba peleando por salir”, dice el doliente padre, mientras su esposa asiente. “Quisiéramos evitar que otros padres pasen por lo que estamos sufriendo. Cuánto no hubiéramos agradecido que alguien nos haya dicho: Sergio Andrés está consumiendo droga. Pero como lo ven normal y nadie quiere entrometerse en la vida ajena, prefieren convertirse en cómplices pasivos y no comunican”, dicen a una sola voz.

Las estadísticas muestran que esta realidad no incumbe sólo a estos afligido padres; por el contrario, la marihuana es la droga de mayor crecimiento en materia de consumo en el país, según el Centro Latinoamericano de Investigación Científica (Celin). “Podemos decir que ha tenido una subida casi explosiva entre 1992 y 1998 (del 0,2% al 1,3%, en el lapso de seis años; es decir, de 4.367 a 37.514 consumidores actuales de marihuana), y que a partir de esa fecha hasta el 2000 este crecimiento fue mucho menor (del 1,3% al 1,37%, lo que equivale de 37.514 a 40.418 consumidores), pero entre 2005 y 2010 sencillamente hay otra onda explosiva”, se resume de un informe que el Celin hace sobre la marihuana en el país. Allí también se asegura que cada vez, a más temprana edad, se están encendiendo los porros con la llamaba cannabis. Y se advierte: “El consumo actual de marihuana subió en los rangos etarios comprendidos entre los 12 y 24 años, de manera constante, aunque no muy pronunciada. Esta subida es mayor y más aparente, especialmente entre los 18 y 24 años”.

El doctor Franklin Alcaraz, miembro del centro de investigación, coincide con los padres de Sergio Andrés: existe una banalización del consumo de este producto vegetal. “Hay la creencia de que no ocasiona dependencia -lo que es un error mayúsculo- y que, además, el que comienza a consumir puede dejar de hacerlo el rato que quiera, pero no sucede así. Los comerciantes de la marihuana son los que difunden este tipo de falsas aseveraciones, a fin de colocar su producto. Lamentablemente los potenciales consumidores les creen y suelen comenzar fumando una, dos o tres veces, para después quedar como víctimas de la droga”, acota Alcaraz.

Hasta hace seis años, en los foros internacionales se hablaba de las drogas blandas (marihuana) y duras (heroína, cocaína), pero hoy en día esa división ya no existe. Y es tanta la preocupación que se tiene frente a la marihuana y los jóvenes  que en Chile se inició una campaña contra el consumo de la Cannabis sativa, debido a la baja percepción de daño que se tiene entre los muchachos. Con el mensaje: “Vuelve a ser inteligente. No fumes marihuana”, las autoridades chilenas pusieron énfasis en lo adictiva que es, tal como otras drogas. Por su parte, en España ya se habla del ‘consumo problemático’, pensando en los 40.000 adolescentes, entre 14 y 18 años, que están consumiendo frecuente la marihuana, como para generar pérdida de la memoria y capacidad de concentración, lo que se traduce en fracaso escolar y problemas de conducta, como agresividad, apatía, disminución del apetito o problemas para dormir. A esa conclusión llegó, el año pasado, la Delegación del Plan Nacional sobre Drogas de España, donde se ratifica el hecho de que los ‘porros’ siguen siendo la puerta de entrada al consumo de otras sustancias (como el alcohol, tabaco o cocaína), eso sin contar que, de acuerdo con Amparo Sánchez, experta en adicciones, entre un 7% y un 10% de las personas que ha probado alguna vez cannabis tiene riesgo de desarrollar un trastorno de dependencia. Tomando a diario y durante periodos prolongados genera daños severos en el tejido cerebral, afectando a la capacidad de concentración y la memoria a corto plazo. La toma de decisión, el lenguaje y las habilidades ejecutivas y la capacidad psicomotriz también se ven afectados.

Una revisión bibliográfica permite encontrar varios estudios que hacen hincapié en lo que ocurre en el cerebro de los fumadores de ‘porros’ más jóvenes. Amador Calafat, psiquiatra y director de la revista Adicciones, dijo al elmundo.es que la marihuana tiene efectos devastadores en el futuro de la juventud “porque les pilla en la mejor época de la vida para estudiar. Muchos de ellos experimentan dificultades de aprendizaje y abandonan los estudios antes de tiempo”. Incluso una investigación del Instituto del Cerebro de la Universidad de Queensland, de Australia, afirma que cuántos más años se la consume hay más riesgo de desarrollar psicosis, tal como se publica en Archives of General Psychiatry. “Parece que la marihuana puede actuar como desencadenante de estos ataques en personas con una cierta predisposición genética”, aclara Calafat. Los trastornos se acentúan cuando el consumo se inicia antes de los 15 años, probablemente porque esta droga causa cambios neurobiológicos en un periodo clave del desarrollo cerebral.

Aquí hay que sacar a relucir un informe de la Oficina de Control de Drogas de la Casa Blanca (EEUU), que pone en claro que los adolescentes que fuman cannabis tienen hasta un 40% más de riesgo de sufrir depresión, ansiedad, alucinaciones o algún tipo de enfermedad mental y hasta se cree (aún sin respaldo científico) que empeora los síntomas de la esquizofrenia. “Es complicado decir si las drogas tienen este efecto por sí mismas o porque abren la compuerta a algunos trastornos que no se hubiesen producido sin su consumo”, afirma Magí Ferrer, de la comisión clínica del Gobierno español, mientras que los estadounidenses aseguran que los muchachos depresivos están recurriendo a la marihuana para aliviar su malestar, sin darse cuenta de que sólo sirve para empeorarla. Los consumidores habituales, añade el informe, tienen pensamientos suicidas con tres veces más frecuencia que los otros chicos de sus edad.

Alcaraz suma a los daños psicológicos, los problemas físicos, sobre todo de problemas pulmonares y las vías respiratorias, similar a los producidos por el tabaco (enfisema, bronquitis crónica). Luego está el sistema circulatorio, donde se presentan cuadros como la eritrocitosis (antes conocida como poliglobulina). “Los daños hormonales también son serios, porque pueden desembocar en una baja de la libido en ambos sexos, alteraciones en el ciclo menstrual de las mujeres y disminución del recuento espermático en los varones, lo que conlleva a diferentes grados de esterilidad. Los daños ocasionados en la esfera mental acaban afectando el funcionamiento del sistema nervioso central”, detalla el profesional del Celin.

Para el psicólogo Miguel Ángel Áñez, el problema de la marihuana es que desarrolla en una actitud pasiva y contemplativa ante la vida, sobre todo cuando se la consume durante años. El especialista detalla la importancia de la prevención sin ‘satanizar’ la droga, sino mostrarla en su verdadera dimensión. Las señales de alerta -para los padres- son un bajo rendimiento en el colegio, cambio en su escala de valores,  mostrarse poco motivado y hasta tener una actitud indiferente. Además, por supuesto, de tener ojos rojos, de estar siempre hambrientos y ganar peso.

Un punto aparte merece el síndrome de abstinencia, que todavía es algo con muchas voces encontradas. Para Áñez, la dependencia no es física, sino psicológica. “Si le quita la marihuana a alguien no va a tener delírium trémens, no le va a doler el cuerpo ni va a entrar en crisis; lo que va a sentir es que se aburre más, se siente desmotivado y deprimido. No se olvide que las drogas son una forma de escape de la realidad. Entonces, se ve afectado porque se le ha quebrado el hábito, pero no va a morir por no consumir marihuana, como sucede con la cocaína, la heroína o el alcohol, donde la dependencia es psicofísica. Hay que informarse antes de actuar… No se puede agarrar a un muchacho que fuma marihuana e internarlo en un manicomio, cada droga debe analizarse en su real dimensión”, explica Áñez, al mismo tiempo que advierte que los mayores peligros vienen del alcohol. “Para mí es  el verdadero puente a otras drogas; el alcohol es nefasto. Es censurable que un padre critique al hijo porque consume marihuana, pero él no suelta el vaso de whisky. ¡Con qué autoridad moral va a hablar!”.

El médico Jorge Hurtado Gumucio asegura que en algunos países se está ensayando el uso de cannabis para facilitar la etapa de abstinencia en la terapia de desintoxicación de drogas duras.

Los consumidores de marihuana consideran a su favor que se trata de una sustancia poco dañina, cuyo uso sólo se asocia con un aumento de la euforia, el hambre o la somnolencia. También se apoyan en estudios que respaldan su poder terapéutico. Tal vez el papel más conocido de la marihuana entre pacientes con cáncer sea como aliado contra la fatiga, la pérdida del apetito o las náuseas que causan algunos tratamientos. Se cree que tiene un perfil mucho menos tóxico que la quimioterapia. Otros que se ven beneficiados son los pacientes de sida, porque ayuda a paliar los vómitos ocasionados por la terapia a la que se someten.

Tal vez a Sergio Andrés le faltó tiempo para descubrir los efectos menos conocidos de la cannabis ni le alcanzó para describir las vivencias de su pesadilla, pero sí tuvo el inmenso valor de compartir su historia con sus amigos. “El secreto está en levantarse. Para los que están adentro y no pueden salir no es malo pedir ayuda, todo en la vida tiene solución. Tienen que ser fuertes en su convicción y no mirar atrás. Sé que no es fácil, pero con el poder de Dios y el sacrificio no hay adversidad que pueda parar el cambio. En la vida todo pasa, hay que ser fuertes para no volver a lo mismo”, escribió un afligido joven, que nos deja una lección de vida. Además, están las palabras de un papá que lo único que quiere, leyendo su carta, es ayudar a salvar la vida de otros chicos. (Con datos de elmundo.es e Internet)

Invitado

Los jóvenes no necesitan estimulantes ni depresores 

Jorge Hurtado Gumucio
psiquiatra

Se debe hacer una comparación con las drogas ‘normales’, como el alcohol, que dicho sea de paso es una droga legal de la cual sí se banalizan sus efectos. Una ‘borrachera’ supone la ingestión de cantidades suficientes para entorpecer los sentidos, el equilibrio, el juicio, los reflejos, hasta llegar a la inconciencia, coma e incluso la muerte. De esto todos somos testigos los fines de semana, cuando vemos borrachos tirados en las calles y no nos causa mucha sorpresa.


Lo mismo podríamos decir de la marihuana: dosis pequeñas producen una ligera embriaguez que es compatible con la mayor parte de las labores cotidianas y, de hecho, mucha gente anda en las calles ‘colocadas’, como dicen los españoles, con algunos miligramos de cannabis y nadie se da cuenta. Esta embriaguez se puede definir como una sensación de euforia suave, sentimientos positivos, sensación de paz y una agudización de los sentidos: mayor sensibilidad a los colores, formas, sonidos y, sobre todo, reducción de los sentimientos de hostilidad (rabia o ira). De ahí el eslogan del hipismo: “Paz y amor”. Le he llamado a esta cualidad ‘efecto rabiolítico’. Esto se debe a las cualidades analgésicas a nivel sistémico que han hecho popular su uso para los dolores muy intensos, incluso en el cáncer, además de ser lo mejor para el malestar creado por la quimioterapia. Esta cualidad ha tenido tanta adherencia que la Asociación de Mujeres con Cáncer en Barcelona ha ganado una batalla legal que le permite actualmente poseer cantidades suficientes de cannabis para su tratamiento. El Gobierno holandés ha impulsado una industria estatal que produce y vende, bajo receta, marihuana legal para estas enfermedades.


Pero las dosis altas entorpecen los reflejos, la concentración, la memoria, la orientación y hacen difícil las tareas habituales, como los estudios.


La ingestión crónica en los jóvenes sensibles (no en todos) puede producir un síndrome de ‘desmotivación’, caracterizado por el desinterés en los estudios y apatía.


Pero así como no recomiendo el alcohol en los colegiales, tampoco estoy de acuerdo con el consumo de cannabis, por la sencilla razón de que los jóvenes sanos no necesitan ninguna clase de ‘droga’, ni depresores como el alcohol ni estimulantes como la Coca cola, Red Bull, Burn o cocaína. Cuando eres joven estás con toda la vitalidad, estado físico, optimismo e ilusión frente a la vida. A medida que envejeces necesitas más apoyos para sobrellevar la dura realidad y recurres a todo tipo de drogas: legales o ilegales, como el alcohol, la fluoxetina y las benzodiacepinas, como el alprazolam o el diazepam. Las sociedades humanas, en ese sentido, siempre han reservado el uso de ‘drogas’ para los mayores.

Programa

 Los poderes psicotrópicos de cannabis, un derivado extraído de la planta del cáñamo (Cannabis sativa), son conocidos por el ser humano desde hace miles de años. Sus ‘propiedades embriagadoras’, como decía ya Heródoto en el siglo V, se deben fundamentalmente al delta-9-tetrahidrocanabinol (THC), el cannabinoide responsable de sus efectos en el cerebro.

  Cuando el consumidor inhala esta sustancia, generalmente fumando, el THC llega rápidamente al cerebro a través del torrente sanguíneo, por lo que sus efectos se sienten a los pocos minutos y pueden durar hasta dos o tres horas. Si se consume masticado, la cantidad de tetrahidrocanabinol que alcanza el cerebro es menor y tarda más en hacer efecto, porque se absorbe lentamente.

  El THC se encuentra en diferentes proporciones, según el preparado que se utilice: marihuana (que es el resultado de la trituración de flores, hojas y tallos secos, con una concentración de entre el 1% y el 5%. ); hachís (elaborado a partir de la resina de las flores de la planta hembra y con una concentración del 15%-50%) o aceite de hachís (resina de hachís disuelta y concentrada al 25%-50%).

  Después del consumo se produce lo que se conoce como ‘borrachera cannábica’: sequedad de boca, ojos rojos, taquicardia, descoordinación, risa incontrolada, somnolencia y alteración de la memoria, la atención o la concentración. Una sensación de euforia que no tarda en transformarse en un síndrome 'amotivacional' y una pérdida de interés por las cosas. Fuente: elmundo.es


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