Miércoles 19 de junio del 2013. Actualizado a las 09h52 (Gmt -4)

Buscar en lostiempos.com

Ed. Impresa A fondo

Cumbre Climática: Un acuerdo con sabor a poco

Por Mónica Oblitas - Los Tiempos - 18/12/2011


  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
• 1. El ICC donde se desarrolló la COP17  - Mónica  Oblitas Los Tiempos

• 1. El ICC donde se desarrolló la COP17 - Mónica Oblitas Los Tiempos

LA CUMBRE DEL CAMBIO CLIMÁTICO | NO HA TENIDO RESULTADOS QUE SATISFAGAN TOTALMENTE A LOS PAÍSES EN DESARROLLO.

Durban no fue lo que los llamados países en desarrollo, como Bolivia, esperaban. Para muchos era mejor no firmar ningún acuerdo que aceptar el documento que emergió de la 17ava conferencia de las partes (COP17), que se realizó en la ciudad sudafricana los pasados días de diciembre, en el marco de la Convención de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (UNFCCC). Pero la mayoría ganó, y el documento fue firmado y bautizado como Plataforma de Durban para la Acción Reforzada. ¿Qué significa esto para nuestro país?

Todos los años, los 194 países miembros de la UNFCCC se reúnen en distintos países, cada vez en un continente diferente, para discutir temas tan difíciles como son el cambio climático, el calentamiento global, la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero provocadas por factores como el transporte, la transferencia de tecnología, las industrias, etc.  Y cada año los acuerdos son polémicos y dejan insatisfechos sobre todo a los más pobres, que en una paradoja fatal, son los más vulnerables a los fenómenos del cambio climático.

Es preocupante la lentitud con que los poderosos asumen este problema. Este año China y Estados Unidos estuvieron otra vez en el ring, porque así consideran la conferencia estos países, y sorprendieron con la habilidad en que transformaban palabras como obligatorio o vinculante en complejos problemas que tardaban demasiado en resolverse: la reunión de Durban fue la más larga en los 20 años de la Convención. Tenía que acabarse un viernes, pero el domingo en la madrugada las discusiones seguían, con delegados y periodistas durmiendo agotados en los pasillos y salones.

El ajedrez en el que se convierte este tema vital para todo el planeta, pone demasiado en riesgo para países como los pequeños estados insulares, que ya están desapareciendo bajo las aguas o para naciones como Somalia donde sus habitantes mueren de hambre por las sequías. Y es que no todos los jugadores tienen las mismas herramientas, ni tampoco la misma responsabilidad. Es un juego desigual y perverso.

Negociaciones “calientes”

En Durban se tenían que sacar en claro los acuerdos que se establecieron en la anterior reunión que se realizó en Cancún, la COP16. Allí se pactó conformar un Fondo Verde para ayudar en adaptación y mitigación a los países en desarrollo, dentro del que está el mecanismo de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación (REDD+) se propuso trabajar sobre la extensión de un segundo periodo del Protocolo de Kyoto (PK) y analizar la forma de trabajo y financiamiento a largo plazo.

El PK fue desde un principio el eje de las demandas en la COP17, al ser el único instrumento vinculante que obliga a los países desarrollados del Anexo I (la mayoría de la Unión Europea) a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero. Su primer periodo fenece el 2012, por lo que acordar su continuación era fundamental en esta reunión de Durban.

Sin embargo desde un principio tanto Japón, como Canadá y Rusia dijeron que no continuarían en él, si es que Estados Unidos, que no lo ratificó nunca, y China, considerada hoy una potencia, no se adscribían también.

El negociador estadounidense Todd Stern fue contundente y frío al dejar en claro que Estados Unidos no estaba dispuesto a hacer nada que no fuera voluntario. El temido Stern dijo que su país ya estaba haciendo lo suficiente y que era impensable pedirle más si es que los chinos no se subían también al carro.

Así las cosas, hubo un momento en las negociaciones en que todos los dedos apuntaban a China como el único verdugo de un buen acuerdo.

Pero no en vano Xie Zhenhua el jefe de la delegación china, tiene la experiencia que tiene. China, educadamente, decidió decir que sí, que estaba dispuesta a comprometerse pero con dos condiciones: la primera que no se le quite el estatus de nación en desarrollo porque pese a que su industria está a la par de las grandes potencias, todavía tiene un segmento importante de su población dentro de la línea de la pobreza y, además, es el país como más bocas que alimentar. Y como segunda condición que también Estados Unidos se adscribiera al trato.

Aunque durante la primera semana se sabía que las negociaciones eran complicadas, el ambiente no era tenso, y el buen humor de la ministra Maité Mashabane, nombrada presidenta de la COP17, y las buenas artes de Christiana Figueres, secretaria ejecutiva de la UNFCCC, hacían parecer menos difíciles las cosas. Pero la llegada del segmento de primer nivel, conformado por ministros, cancilleres, y algunos mandatarios, reveló que la diplomacia y los buenos modales no eran suficientes y que serios obstáculos estaban en el camino de un acuerdo que satisficiera a todos.

Pasaban los días y los delegados de países como Tuvalu, Bangladesh o Maldivas estaban desesperados por la parsimoniosa actitud de sus colegas. Establecieron una alianza con la Unión Europea que era la más interesada en hacer participar a Estados Unidos y a China de un acuerdo vinculante.

Por su parte el grupo de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) se mostró unido desde un principio. Su mayor preocupación estaba concentrada en extender el segundo periodo del PK y  en que no existía un sistema de cumplimiento riguroso para garantizar que los países que han decidido no suscribir un segundo periodo del PK (Japón, Canadá y Rusia), puedan tener un régimen técnico y jurídico que garantice que reducirán sus emisiones. El ALBA también solicitó hacer operacional el Fondo Verde, aunque difirieron respecto a REDD+, Ecuador por ejemplo tiene proyectos ya establecidos, mientras que Bolivia se sigue negando a considerar este mecanismo que ha tildado de mercantilista. Los primeros días corrió el rumor de que Arabia Saudita y Venezuela estaban pidiendo medidas compensatorias, que tendrían que salir precisamente de ese Fondo Verde, por tener que dejar de exportar petróleo. Se dijo que Bolivia estaría apoyando a Venezuela en su campaña, lo que fue tácitamente desmentido por René Orellana, jefe de la delegación boliviana en reemplazo de Pablo Solón.

La negociadora venezolana Claudia Salerno también desmintió este rumor, aunque al final de la COP17 se supo que sí es cierto que Venezuela quiere dinero a cambio de dejar de exportar petróleo.

Bolivia en la COP17

La participación de Bolivia empezó con la conferencia de prensa que brindaron dirigentes indígenas respecto a lo sucedido en el Territorio Indígena Isidoro Sécure. Rafael Quispe y Adolfo Chávez mostraron un video con imágenes inéditas de la represión del gobierno a los indígenas en Yucumo. En esa conferencia, los líderes reclamaron duramente al presidente Evo Morales por la actitud tomada durante la marcha indígena. “Un presidente indígena que se dice defensor de la Madre Tierra, ha querido asesinarla traspasándola con un camino. Estamos muy preocupados por el momento que pasamos en Bolivia, con este gobierno indígena que nos dio mucha esperanza de respetar nuestros derechos que ya están constitucionalizados. Sin embargo nuestros derechos han sido violados, y no hay palabras para contar lo que pasó en la marcha del TIPNIS que defendía nuestro territorio indígena”, dijo Chávez.

Al día siguiente, desde La Paz, el presidente Morales manifestaba su profunda molestia con Chávez y Quispe por la denuncia. Ambos continuaron trabajando en eventos paralelos para hacer conocer la realidad boliviana respecto a los problemas ambientales.

Mientras tanto la delegación boliviana, presidida por René Orellana, actuó con más cautela y diplomacia que en años anteriores y se cuidó muy bien de mantener estrechas relaciones con los demás países del ALBA para fortalecer sus demandas. Recordemos que durante la COP16 Bolivia se aisló, literalmente, de todo el mundo.

Orellana reclamó desde un primer momento, que el acuerdo que se estaba gestando en la COP17 no era suficiente. Dijo que el documento no establecía un sistema de cumplimiento ni de control. Tampoco especificaba un sistema de contabilidad de emisiones, ni un sistema para transformar las ofertas de reducción de estos países en reducciones cuantificables. “Por el contrario, este documento incluye flexibilidades, sólo hace compromisos políticos, con bajas ambiciones, los análisis son generales, y lo peor es que se amplían los mecanismos de mercado”, dijo Orellana.

Según el ALBA, el documento carga a los países en desarrollo, sin cumplir los principios de responsabilidad común pero diferenciada, un conjunto de instrumentos de control muy rigurosos, entre ellos reportes de emisiones de gases, comunicaciones nacionales, inventarios de emisiones, registro de acciones nacionales para la mitigación, realizadas con fondos nacionales y con financiamiento externo, análisis internacional, etc. “Todos estos controles nos van a poner a nosotros (los países en desarrollo) en el paredón, sin respetar el principio de responsabilidad común, pero diferenciada. Es decir que los países que dejan el PK salen a una fiesta, mientras que nosotros estaremos bajo el microscopio haciendo grandes esfuerzos, mientras ellos no cumplen con su respuesta a la responsabilidad histórica que la ciencia ha demostrado que tienen”, señaló René Orellana, tanto en las conferencias como en la plenaria.

Finalmente, luego de  largas horas de trabajo y de intensos nervios, los más de 23.000 delegados y los 1.200 periodistas pudieron ser testigos de un acuerdo (ver recuadro) que estuvo a punto de no llegar. El compromiso tomó el nombre de Plataforma de Durban para la Acción Reforzada, y aunque no es de la satisfacción de todos, y menos de los países en desarrollo, constituye un avance para las deterioradas negociaciones multilaterales.

Una de las más aliviadas de que la COP haya llegado a algún resultado fue Christiana Figueres, que en varias ocasiones pronunció la frase que dijera el mítico Nelson Mandela: "Todo parece imposible hasta que se consigue".

El próximo año la COP18 se realizará en Qatar y se espera que allí ya se llegue con propuestas concretas sobre cómo agilizar y nutrir el Fondo Verde, y cómo aumentar el nivel de ambición para hacer frente a la brecha entre las promesas de mitigación existentes y las reducciones de emisiones necesarias recomendadas por la ciencia. Mientras tanto el reloj sigue corriendo, y el tiempo no es el mismo para todos.


Los resultados

La COP17 acordó extender el Protocolo de Kioto, el único pacto global con límites a las emisiones de C02, aprobar un fondo para ayudar a los países más pobres a lidiar con el cambio climático (que incluye el mecanismo REDD+) y trazar un camino hacia un acuerdo jurídicamente vinculante sobre recortes de gases contaminantes.

Al final, EEUU y China,se sumaron a la mayoría de países que aprobaron la Plataforma de Durban para la Acción Reforzada. El Protocolo de Kioto se prolongará hasta 2017 o 2020, pero sin Rusia, Japón y Canadá.

La Plataforma también contiene el mecanismo que debe regir el Fondo Verde para el Clima (FVC), una bolsa de 100.000 millones de dólares anuales a partir de 2020 que aportarán los países ricos para ayudar a los países en desarrollo a financiar acciones para disminuir sus emisiones y atajar el impacto del cambio climático.

El acuerdo más significativo de Durban es una hoja de ruta para un nuevo acuerdo global que implica a todos los grandes emisores (tanto países desarrollados como emergentes), condición que exigía la Unión Europea (UE) para firmar una prórroga de Kioto.

A petición de la UE y de la Alianza de Pequeños Estados Insulares (AOSIS), los delegados aceptaron lanzar un plan de trabajo para identificar las opciones para cerrar "la brecha de la ambición" entre los actuales compromisos de los países de reducción de emisiones para el 2020 y el objetivo de mantener el calentamiento global por debajo de los 2 grados centígrados. Sin embargo, las negociaciones de Durban no lograron ampliar las promesas realizadas tanto en Copenhague en 2009 y como en Cancún en 2010. (Con datos de CNN y Efe).


Las reacciones

• Para Estados Unidos, el resultado de Durban es "un conjunto de medidas potente y una gran oportunidad". • Para China el acuerdo esta "completamente en línea" con el principio de "responsabilidad común pero diferenciada" (entre países desarrollados y en desarrollo), pero no cumple propósitos como fijar cifras concretas de reducción para los países industrializados. Los chinos señalan la falta voluntad para reducir las emisiones y transferir tecnología y fondos para apoyar a las naciones en desarrollo.

• Canadá, que ya se ha retirado oficialmente del PK, Japón y Rusia, siguen insistiendo en que los acuerdos de reducción deben ser globales. El ministro de Medio Ambiente de Canadá, Peter Kent, dijo que su país no contribuirá tampoco al Fondo Verde, "hasta que todos los principales emisores acepten objetivos de reducción vinculantes legalmente y una contabilidad transparente del inventario de gases con efecto invernadero".

• La Unión Europea, que estuvo respaldada por una coalición de los Países Menos Desarrollados y de la Asociación de pequeños Estados Isleños (AOSIS) dijo que el resultado de Durban es "histórico".  "La UE quería más ambición y lo ha logrado.

Donde Kioto divide al mundo en dos categorías, ahora tendremos un sistema que reflejará la realidad de un mundo mutuamente interdependiente", dijo la representante de la UE, Connie Hedergard. (Con datos de agencias)  


Últimas noticias