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Bolivia: ¿Desarrollo agrícola sin investigación?

Por Javier López - Periodista Invitado - 14/04/2013


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Bolivia: ¿Desarrollo agrícola sin investigación? - José Rocha Los Tiempos

Bolivia: ¿Desarrollo agrícola sin investigación? - José Rocha Los Tiempos

ANÁLISIS | ESTE EXPERTO HACE UN RECUENTO DE LOS PROYECTOS DE INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA ORIENTADOS A LA SEGURIDAD ALIMENTARIA QUE HAN DEJADO DE SER EFECTIVOS. SUGIERE REACTIVARLOS A LA BREVEDAD POSIBLE.

Es en la meseta andina, constituida por el altiplano Boliviano-Peruano y los valles  de Bolivia, donde hace siglos se inició la domesticación de las plantas cultivadas como  la quinua, la cañahua, el  maíz y la papa.  Baste recordar que en nuestro país, en el año 1945,  se coleccionó más de 450 especies de papa. Por ello Bolivia y Perú son considerados los centros con mayor diversidad  genética de este tubérculo en el mundo.  La industrialización de la papa para la producción de chuño (deshidratada) y tunta  (eliminación de almidones y deshidratación) que permiten la conservación del producto por años, son características propias de nuestros antepasados en la conservación de productos. La utilización de los camélidos para producción de fibra, carne  y transporte fueron también aspectos muy bien adaptados a nuestro medio ambiente.  De manera particular, se ha establecido que desde los primeros tiempos las distintas civilizaciones asentadas en Los Andes tenían la quinua como uno de los principales recursos alimenticios. De otra manera no se podrían explicar los métodos sofisticados de labranza que empleaban para cultivarla. Impulsadas por esos antecedentes, en los tiempos modernos, las labores de investigación agropecuaria en nuestro país se iniciaron en el año 1943. Respondieron a una de las recomendaciones del Plan Bohan.  Dicho plan observó que Bolivia, rica en recursos naturales, no producía lo suficiente para su autoabastecimiento. Ello pese a las características propias del país, que desarrollaba casi toda su actividad agrícola y ganadera en el altiplano y valles, con condiciones únicas por altura, clima  y suelos. Poco después, se dio un paso trascendental: el Gobierno del Presidente  Gualberto Villarroel, el 3 de octubre de 1945, autorizó al Banco Agrícola de Bolivia un préstamo de  12 millones de bolivianos para la adquisición de fundos, destinados  al establecimiento de estaciones experimentales en los departamentos de La Paz y Cochabamba.

INVESTIGACIONES SOBRE LA QUINUA

Y el 15 de noviembre de 1945 por Decreto Supremo Nº 391, fue expropiada la Hacienda Belén en las cercanías de la población de Achacachi, para iniciar las primeras labores de investigación agrícola  ganadera. Posteriormente  se crearon las estaciones experimentales de La Tamborada en Cochabamba, Patacamaya en la provincia Aroma de La Paz, Saavedra en Santa Cruz, Toralapa en Cochabamba, Reyes en la provincia Ballivián en el Beni y Chinoli en Potosí.

Empezó así un trabajo serio y metódico a nivel científico. Las investigaciones más importantes sobre la quinua se iniciaron en 1965, encabezadas por el ingeniero agrónomo  Humberto Gandarillas, en la Estación Experimental de Patacamaya. Era una estación dependiente del Ministerio de Agricultura de Bolivia, en un programa auspiciado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, con el fin de determinar la potencialidad de los cultivos andinos para la lucha contra el hambre. Fue un trabajo muy valioso.

Al revisar estos antecedentes es posible descubrir que por cerca de 40 años se realizaron en Bolivia estudios de investigación avanzada sobre la quinua. Vale destacar, por ejemplo,  el establecimiento de un Banco de Germoplasma, con cientos de variedades de quinua de todo el país. Se estudió su origen, su composición cromosómica, su genética, su herencia, el color del grano, contenido de saponina en las estaciones experimentales de Patacamaya y Belén con el concurso de docenas de ingenieros agrónomos nacionales.

ADIÓS A LA INVESTIGACIÓN

Pero lamentablemente, diversos conflictos entre comunarios e investigadores universitarios precipitaron el cierre y la toma de las estaciones experimentales de Belén, Patacamaya y Chinoli a principios de 2004. Así la investigación agropecuaria  casi desapareció en las tierras altas de Bolivia. En el caso de la Estación Experimental de Patacamaya, se perdió todo el Banco de Germoplasma de la Quinua. Por suerte, gran parte de este material genético se conservaba en la Estación de Toralapa y en la Universidad  Agraria de Puno – Perú.

Afortunadamente, el oriente y los valles del país conservan sus estaciones experimentales. Saavedra en Santa Cruz y Toralapa en Cochabamba continúan realizando labores muy importantes para el futuro boliviano. Las actividades de investigación y transferencia  de tecnologías agropecuarias en Bolivia han sufrido numerosas restructuraciones en su organización y funcionamiento, afectando de modo significativo a la continuidad  de sus acciones y al cumplimiento de los objetivos. Esta situación se ha traducido en aportes relativamente valiosos, pero discontinuos y dispersos en la generación de alternativas tecnológicas agropecuarias. También se la observa en los problemas para una capacitación adecuada de personal técnico especializado  en los diferentes cultivos o especialidades como genetistas, entomólogos, fitogenetistas y  otras ramas necesarias, que se adquieren con el trabajo continuo  y en función a la  estabilidad institucional. Sólo así se podría garantizar las condiciones adecuadas para tener personal técnico y administrativo más eficiente y facilitar el oportuno financiamiento por parte del Estado boliviano.

En medio de esa situación en el ámbito científico, el Gobierno del Estado Plurinacional ha lanzado programas destinados a la seguridad alimentaria, la elevación de la productividad, la protección de la Madre Tierra, la preservación de nuestros recursos naturales, etc. Sin embargo, es altamente probable que no tengan éxito. Un país sin programas de investigación agropecuaria de propiedad del Estado, sin asistencia técnica, sin la preservación de sus recursos genéticos, no tiene futuro. Gran parte de la agricultura alto andina se basa todavía en la tecnología del coa y el arado.

FRACASOS SUCESIVOS

Paralelamente, como indicio de estas falencias, vemos fracasos como la instalación de una planta de papel en el Chapare – Cochabamba sin ningún futuro, pues toda planta de papel, tiene que instalarse y desarrollarse cerca de plantaciones forestales, que son las que proveen la materia prima para su industrialización. Y en el Chapare no existen plantaciones forestales. Por otro lado, la industria papelera es una de las más contaminantes. Bajo ningún concepto ambientalista podría haberse instalado en dicha zona, cabecera de la mayor parte de los  grandes ríos del Oriente boliviano. Basta revisar los problemas que, hace un par de años  tuvieron las repúblicas de  Argentina y Uruguay, a raíz de la instalación de una planta  industrial para papel en el Río de La Plata. Igualmente, la planta azucarera a ser instalada en San Buenaventura requiere como punto de partida un centro de investigación de la caña de azúcar, para seleccionar variedades apropiadas para la zona. Precisa de estudios del contenido de sacarosa, controles de enfermedades y manejo de suelos. Aspectos que a las industrias azucareras de Santa Cruz  y Bermejo les llevó años de investigación.

Otro ejemplo constituyen las numerosas plantas lecheras que se están instalando en el altiplano. Carecen de programas de abastecimiento de ganado lechero y no tienen asistencia técnica. En pocos años serán solo buenos deseos o plantas con muy baja capacidad de producción. Por todo ello, para no caminar sin rumbo en el campo agropecuario, se necesita con urgencia establecer  una cadena  de estaciones experimentales en el altiplano y en el resto del país. Así se podría continuar con la investigación agropecuaria, con la formación de técnicos especialistas y extensionistas en el lugar. Ellos permitirían elevar la producción de todos los rubros que son base para mejorar la producción, que a su vez es la base para  la alimentación del pueblo y su sostén económico, en cumplimiento a la seguridad alimentaria.

Sin embargo, la investigación agropecuaria, no soluciona nada si no viene acompañada  de incentivos, crédito e infraestructura (caminos, riego). Conjuntamente o por separado estos factores no constituyen una condición suficiente para el desarrollo. Para que sean  efectivos en el altiplano y valles se requiere de un esfuerzo intensivo del tipo investigación-extensión, que se concentre en el análisis de alternativas, toma de decisiones, y eliminación de las barreras que obstaculizan el progreso. 






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