Ed. Impresa Comunicador | Este periodista visitó Bolivia hace poco y con él hablamos sobre su reciente despido, provocado por opinar diferente al dueño del periódico. Conversamos también sobre la función de los medios.
Javier Darío Restrepo: “La información es un bien social”
Por Redacción Día D, para ¡OH! - Periodista Invitado - 15/11/2009
Javier Darío Restrepo: “La información es un bien social” - Redacción Central Los Tiempos
Javier Darío Restrepo lleva medio siglo en el periodismo y es uno de los periodistas más respetados de Latinoamérica, con varios libros de periodismo y ética periodística. De cuna colombiana, es uno de los pilares de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) y da cátedra en la escuela de periodismo de Gabriel García Márquez, donde también ha instalado un consultorio virtual para periodistas sobre ética.
Pero nada de eso importó a los dueños de El Colombiano, periódico donde hace 17 años publicaba su columna. De ahí fue echado por no compartir la línea política de El Colombiano, afín al gobierno de Álvaro Uribe, en junio pasado.
El despido lo disfrazaron con una reorganización interna, pero lo cierto es que en la antepenúltima columna de opinión Javier Darío escribió: "Hizo falta proclamar que discrepar de un gobierno no convierte a una persona en terrorista, ni en cómplice de las FARC, ni en enemigo del presidente o de sus fervientes seguidores".
Después de haberlo “renunciado”, Javier se despidió así de sus lectores: “Despedido de El Colombiano 'por reorganización de nuestras páginas de opinión', no puedo salir por la puerta de atrás y en silencio. Mi deber es agradecer en primer lugar a los lectores que fueron estímulo y razón de ser de esta columna con sus asentimientos y disentimientos, con sus propuestas y sus comentarios. Después de 17 años los echaré de menos”.
¡OH!: ¿Cómo es posible que un periódico despida a una eminencia del periodismo como usted?
(Risas) Me sorprende que mi caso haya saltado a tantos países. Cada vez que viajo por diferentes ciudades me consultan lo mismo.
¡OH!: Es que es una referencia en el mundo del periodismo latinoamericano… y lo despiden.
Bueno, vamos por partes. Ellos, los de El Colombiano, dicen que fue por una reorganización de las páginas editoriales y de opinión, pero eso es “mamando gallo”*. A los directivos no les cayó bien cuando escribía sobre la reelección de Uribe y la concentración del poder en las manos de una sola persona.
Es un caso sintomático de algo muy grave que está sucediendo en las democracias y es la creciente dificultad para opinar. No hay el ejercicio de la opinión y se entiende que la opinión discrepante es ofensa o es ataque. Y eso es muy grave porque justamente en una sociedad lo justo es que existe discrepancia y esa discrepancia no puede aceptarse como si fuera un mal. Al contrario, es una vía para encontrar una verdad que ninguno de los interlocutores tiene.
¡OH!: Usted es un asiduo a los periódicos bolivianos, ¿cómo encuentra hoy a la prensa boliviana?
Hay dos cosas que me impresionan en Bolivia. Primero, la muy importante producción de estudios sobre comunicaciones, que no existe en ningún otro país de Latinoamérica. Y no sólo es abundante, sino que es producción de calidad, lo que te indica que desde el sector académico hay una preocupación importante por entender el fenómeno de la comunicación y por aplicarlo.
Segundo. En estos días he leído prensa y créeme que encontré una prensa bien escrita, unas agendas bien estructuradas. Yo tengo la impresión de que la prensa, incluso cuando encontramos prensa oficial o afín a algún poder, tiene un cierto pudor para no convertir la información en propaganda y lo que hacen de propaganda lo veo con cierta discreción. Claro que los periódicos que he leído son sólo de dos o tres días.
Luego, hay una cierta preocupación por mirarse críticamente y creo que es un síntoma que te indica una buena salud. Por el contrario, es un síntoma muy malo que una prensa se considere como la mejor del mundo porque eso significa que se estancó y que no tiene ninguna posibilidad de progreso.
¡OH!: Sin embargo, algunos informes sobre el trabajo de los medios de comunicación, especialmente en prensa, aún siguen disgustando a muchos en Bolivia...
Es natural. Ni la autocrítica les puede caer bien a los dueños de los medios ni tampoco a los propios periodistas. El periodista suele tener un complejo de infalibilidad, y cuando se le anotan sus errores tiende a tomarlo como una ofensa, pero es una actividad necesaria, si se quiere superar esa situación. Y sobre los dueños de medios, no se puede esperar nada porque ellos ven los medios de comunicación que poseen como un negocio, muy lejos de la comprensión de la importancia de la función social y política que debe cumplir un medio.
¡OH!: Su caso —el despido— es el típico que ocurre en nuestros países. ¿Qué hacemos ante esa situación, donde los dueños de los medios de comunicación —que tienen una inclinación política— no aceptan voces disidentes?
Lo primero es tener en cuenta que los propietarios están en lo suyo y que nosotros tenemos que estar en lo nuestro. Y no frenarnos porque ellos frunzan el ceño. Nosotros tenemos que seguir con nuestra tarea que se debe a la sociedad, a pesar de los obstáculos y dificultades que hay. Es que se trata nada más y nada menos que de defender la palabra y el poder de la palabra y la función social que debe cumplir una palabra potenciada por medios de comunicación.
¡OH!: Pero cuando ese medio de comunicación no funciona para lo que fue concebido, con esa función social con la que fueron inventados los medios, ¿qué podemos hacer?
Es muy legítimo soñar con el equilibrio entre los intereses de los propietarios (que es ganar dinero) y la función de un medio, pero es poco realista. Ese estado de equilibrio nunca llegará. En la vida humana todo es lucha, esfuerzo y ganar centímetros todos los días, y ésa es nuestra tarea. Nunca abandonar el esfuerzo que nos corresponde y saber que no vamos a obtener esa situación ideal nunca, pero no tenemos que llegar a una situación tan grave como el hecho de no hacer nada. Así que debemos seguir luchando.
¡OH!: Entonces, ¿cómo vamos ganando esos centímetros día a día en el oficio del periodista?
Los periodistas nunca debemos olvidar que la información es un bien social y no es una materia prima para una fábrica de empanadas o lo que sea, y que esa materia prima es propiedad del dueño. No señor. En los medios de comunicación tratamos todos los días con una materia prima que es de toda la sociedad —la información— y es ahí donde se equivocan los dueños de medios, que creen que todo lo que se maneja ahí es de su propiedad. Esos empresarios están lucrando con la información.
Quizás ellos (los dueños) no lo sepan, pero eso lo sabemos todos los periodistas y ése es el fundamento de la respetabilidad que tiene esta profesión. Esta profesión cuando no trabaja para el bien de la sociedad y sólo lo hace para el dueño del medio, pues deja de ser la profesión más agradable que pueda existir y se convierte en lo más despreciable del mundo.
* Mamando gallo: modismo colombiano que significa mentira, engaño.
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