Domingo 12 de febrero del 2012. Actualizado a las 18h22 (Gmt -4)

Buscar en lostiempos.com

Ed. Impresa LOS HÁBITOS DE UNA ALIMENTACIÓN SALUDABLE | Se deben inculcar desde las primeras comidas, pero por lo general la realidad es otra. Cuando el niño se pone caprichoso a la hora de comer, termina teniendo una dieta no equilibrada, incompleta e inadecuada. L

Síndrome del apetito caprichoso

Por Luján Mónica - Los Tiempos - 7/03/2010


Síndrome del apetito caprichoso - Agencias   Agencia

Síndrome del apetito caprichoso - Agencias Agencia

El Síndrome de Apetito Caprichoso (SAC) aparece a partir del año y medio de vida, pero es más marcado entre los 2 y 4 años de edad. Se trata del clásico “mi hijo no come nada”, causando malestar y confrontación familiar a la hora del almuerzo o cena. Por lo general, son niños que han recibido todo tipo de vitaminas, suplementos de hierro o estimulantes de apetito.

Las madres acuden a distintos pediatras o nutricionistas en busca de una solución, pero al no encontrarla, porque no atacan el problema real, optan por darles suplementos o alimentos que no son nutritivos. ¡Tremendo error!, Sí, porque desde pequeños se forman los hábitos alimenticios y en definitiva un pedazo de carne, un poco de verdura o una fruta al día, no pueden ser remplazados ni por las mejores vitaminas, suplementos o por  comida chatarra.   

“Es clásico que estos niños comienzan a vencer a los padres, por ello, los progenitores encuentran formas de darles de comer: mientras juega, ve televisión o alguna otra distracción, pero no logran sentarlo a la mesa a comer porque no come nada o se manda un berrinche. En casos más serios, llegan a escupir o vomitar la comida que no es de su agrado. Lamentablemente, en este tema existe siempre un “saboteador” dentro la familia que puede ser la abuelita, la tía, la niñera o inclusive la misma madre. El “saboteador” es esa persona que le prepara sólo lo que le gusta o le da su leche porque piensa en “el pobre niño que no ha comido nada”, pero si éste no existiera, el menor no saldría con la suya ya que a esa edad no tiene poder adquisitivo o sea que consigue lo quiere porque se lo dan”, explica la pediatra Tatiana Quezada Sandoval.

Los padres suelen sentirse culpables y preocupadas por la condición del niño, pero no adoptan medidas útiles que lleven a su hijo a comer lo que realmente requiere su organismo. Esta situación se repite todos los días, es parte de la rutina familiar. Estos menores suelen tener bajo peso o por el contrario sobre peso por la “comida chatarra” a la que están acostumbrados.

DESESTRUCTURACIÓN DE LOS HÁBITOS ALIMENTICIOS

“El niño goza de la desestructuración de los hábitos alimenticios a su favor porque termina por salirse siempre con la suya, ya que como no come lo que le dan, empieza a darse cuenta de que los padres le darán otros cosas como galletas, yogurt, leche, etc”, dice la especialista.

Otro de los peores errores que se pueden cometer en este tema es prepararles especialmente sólo la comida que les gusta.
“Un huevito o macarrones con queso son las más comunes para que los padres se sientan aliviados de que su pequeño comió algo. Pero es fundamental que se entienda que sólo se le está haciendo daño, ya que además de no enseñarle a comer adecuadamente, se suple los alimentos nutritivos por otros que como su mismo nombre dice, son sólo suplementos”, dice Quezada. 

A partir del año y medio, el niño ya pasó la fase de exploración de los alimentos por lo que sabe bien lo que le gusta y lo que no. Entonces, cuando la familia o la persona encargada de darle de comer descubre que le gusta alguna comida en especial, trata de darle eso todos los días ocasionando que se aburra nuevamente de ese plato. 

Por otro lado, un dato importarte en el tema de alimentación es que las papillas o el puré sólo deben darse en el primer periodo de alimentación, pero cuando el niño ya tiene dientes, poco a poco se le deben ir introduciendo los alimentos cortados en pequeños pedazos.

“Los niños piensan que los padres existen para complacerlo, entonces pulsetean en todo sentido; por ello, se presenta la etapa de los berrinches. Con la alimentación no es la excepción”, explica la especialista.

Los niños saben hasta dónde pueden jalar la cuerda. Cuando son más grandes la situación es aún peor porque comienzan los chantajes. Lamentablemente, los padres entran en ese juego y ellos mismos los condicionan: si comes…te compro. Los padres deben entender su rol y crearles buenos hábitos alimenticios y de vida, ya que es en definitiva la mejor forma de educarlos y amarlos.


LOS SUSTITUTOS Y FAMOSOS SUPLEMENTOS

“La Leche de soya no es una leche y por ello no debe sustituirse la leche de vaca o fórmula láctea por la de soya, menos aún por otros refrescos. Los jugos embasados o en bolsa pueden tomarlos pero no tienen valor proteico y contienen una carga de químicos como endulzantes, preservantes, colorantes y saborizantes artificiales. Se debe entender que no hay nada como la fruta natural y la carne de res o el hígado”, dice la especialista. 

Como todo niño o persona, tiene derecho a los dulces, helados, chocolates, postres y pizzas, entre otros, pero de vez en cuando (una o dos veces por semana, no más).

Por otro lado, los jarabes, frascos de vitaminas, nunca remplazarán a la fruta, y el suplemento de hierro tampoco lo hará con la carne. Respecto de esto también se debe saber que el jugo de la carne no es suficiente.

“Las madres se siente felices con que su hijo chupe el jugo de la carne, pero no es suficiente, debe tragarla porque es en la fibra donde se concentra la mayor parte de hierro. El hígado tiene aún más hierro que la carne, en cambio el pollo y el huevo no tienen la suficiente cantidad de hierro. Lo ideal es que el menor ingiera una buena fuente de hierro natural por lo menos tres veces por semana y una fruta o verdura al día”, asegura.

¿QUÉ HACER?

“Estamos en una época en la que los padres nos sentimos culpables de reprimir a nuestros hijos. Hasta hace unas décadas era común que aquel niño que no comía a la hora del almuerzo no se levantaba de la mesa hasta hacerlo y no tenemos ningún trauma. Hoy en día los padres se dejan manipular, pero no es tarde y se pueden tomar acciones para cambiar los hábitos alimenticios en el hogar”, dice la especialista.

Para poder cambiar esta situación en casa se recomienda que en primer lugar los padres no sientan culpa. Segundo, se debe llegar a un consenso familiar; ya no se permiten más saboteadores y no se debe doblegar nadie ya que sino el plan se echará a perder.

Después se comienza por la regla: todos se sientan a la mesa, así lleguen más tarde por el horario de colegio. El niño que tiene SAC comenzará con el usual berrinche, entonces se le debe hablar claramente y pedirle que se levante de la mesa y vaya a jugar a su cuarto. El niño pensará que se salió una vez más con la suya. Lo importante en esta etapa y de ahora en adelante es que no se le debe dar otro alimento que no sea su plato de comida. Peor aún las bebidas artificiales, bastará con darle sólo un poco de jugo natural o agua para que no se deshidrate y no llene el estómago con “chatarra”.

“Con seguridad que si el menor no ha recibido los famosos suplementos alimenticios, después de un rato solicitará comida porque realmente siente hambre, entonces se lo lleva de vuelta al comedor y se le ofrece la misma comida, obviamente bien calentada. El niño posiblemente reaccione mal y quiera otra vez hacer otra pataleta, entonces se le pide que vuelva nuevamente a su cuarto a jugar. Los padres en esta etapa no deben sentir culpa alguna y no deben preocuparse porque de hambre no va a morir, dice Quezada.

Para tener éxito en la creación de buenos hábitos alimenticios, esta rutina se debe repetir por varios días o las veces que sea necesario hasta que el menor comprenda que no recibirá otro alimento. Una vez que éste reciba una buena fuente de alimentación se le puede ofrecer los suplementos como leche, galletas y cereales, entre otros.

El niño comenzará a darse cuenta de que los padres no están enojados con él y que la situación ya no es tan traumática como solía ser, simplemente se dará cuenta de que tiene que comer lo que hay y que en casa ya no se come a la carta. Asimismo, es fundamental a la hora del almuerzo o cena, que en la mesa no falté un jugo de fruta natural, limonada, linaza u otras opciones saludables para la familia. Las gaseosas todos los días no son recomendables.

Una vez logrado esto, el niño comprenderá que también podrá de vez en cuando comer la famosa “comida chatarra” pero como una excepción y no como parte de la alimentación diaria.

Evite tener en casa gaseosas y alimentos que no son nutritivos por lo menos durante la semana. Otro aspecto fundamental en este tema es que toda la familia cambie sus hábitos ya que no podrán pedirle al niño que lo haga si en la mesa se come a la carta o los mismos padres no consumen verdura o fruta, dice Quezada. 

Se ha comprobado que el consumo de alimentos “chatarra” como papas fritas y refrescos está propagando enfermedades como la hipertensión arterial y la diabetes en niños. Por ello, recuerde que estas medidas crearán hábitos apropiados y no se correrán riesgos en el futuro de tener hijos con sobrepeso, anemia o con otro tipo de desórdenes alimenticios.

 

Ultimas noticias