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Cochabamba Arqueológica
Viernes, 14 de septiembre de 2007

Tras las huellas arqueológicas de los antiguos qhochalas

Por:Sonia Castro Escalante
Representación en una vasija globular de un músico de la cultura Omereque que toca en un instrumento de viento llamado “siku”.

Hallazgos

Los objetos arqueológicos revelan datos escondidos de sus antiguos dueños, pues ahí han quedado plasmados sus modos de vida y sus interrelaciones

Un paseo hacia nuestro pasado arcaico, eso es lo que nos permite la arqueología. Esas vasijas, esos cráneos, esos pedazos raídos de textiles que se exhiben en las estanterías del Museo Arqueológico de Cochabamba no son cosa muerta, sino que son huellas que nos cuentan historias humanas, rastros de gente que habitó en caseríos, que fabricó chicha, que se hizo instrumentos musicales para alegrar sus fiestas, que tejió su vestimenta, que viajó e intercambió sus productos. Gente de carne y hueso como nosotros, qhochalas que buscaron el modo de vivir mejor.

El arqueólogo David Pereira, director del Museo Arqueológico-UMSS, nos explica que los restos arqueológicos —objetos cerámicos, líticos, metálicos, textiles, óseos, de madera y momias— son lo único que tenemos para reconstruir el pasado de numerosos pueblos y culturas precolombinas que vivieron en lo que hoy es el departamento de Cochabamba. Por tanto, en eso radica su importancia: a través de todo eso podemos inferir sus características y modo de vida.

Qhochalas ceramistas

En el llamado Periodo Formativo, ubicado entre el 1500 a.C. y el 600 d.C., abandonemos la idea de unos qhochalas cavernícolas y primitivos. Al contrario, “ya viven en casas —explica Pereira—, y ya desarrollan una cerámica monocroma, sin pinturas, con escasa decoración, que se limita a un inciso muy bonito, con diseños geométricos”.

Por tanto, las primeras evidencias nos muestran a unos sencillos aldeanos, sin conformar todavía imperios. Pero, ya son expertos en la producción de cerámica, lo que nos indica un alto grado de especialización: “Hacer cerámica implica dedicar tiempo, tener conocimiento de las técnicas para cocinar la cerámica; implica conocer arcillas, desengrasantes, antiplásticos, materiales combustibles para quemar la cerámica, obviamente que era un conocimiento especializado”, señala el Director del Museo Arqueológico.

Estos pueblos fuertemente ligados al tema de la cerámica, fabricaban variedad de platos, vasijas, cuencos, ollas, cántaros, etc. para uso cotidiano, pero también para ritos religiosos y funerarios. Así lo demuestran los cementerios hallados, donde los difuntos, de acuerdo a cierta jerarquización, están enterrados con vasijas mucho más lujosas que las usadas a diario.

Cántaros para chicha

Los hallazgos de algunas herramientas de cultivo así como también algunas representaciones que aparecen en la misma cerámica indican que aquí en Cochabamba, estas comunidades tempranas ya eran consumidoras y cultivadoras de maíz. Eras sociedades alfareras y agrarias.

Pereira nos informa que “el maíz seguramente lo comían diariamente como cereal, en forma de mote, o de harina para la sopa”. Pero no solamente. El hallazgo de unas tinajas muy grandes, del tamaño de un medio turril, donde podían entrar entre 60, 80 ó más litros, permiten inferir que estos cántaros podían estar destinados a ¡la fabricación de la chicha! Dato interesante: los qhochalas originarios eran chicheros y consumidores de la bebida ya en el Periodo Formativo.

No sólo chicha, también música

Si hay chicha, hace falta música. Y el antiguo qhochala no era triste sino que acompañó sus días con sones musicales de silbatos pequeños de cerámica (tipo ocarina) y otros instrumentos como pequeñas flautas, explica Pereira. F

CERÁMICA, LO QUE MÁS NOS LEGARON

Sitios arcillosos

No era cuestión de amasar cualquier barro. Los antiguos qhochalas debieron aprender a extraer la arcilla que se adecuaba para la fabricación de cerámica. El material debía adquirir la forma deseada, resistir aumentos de temperatura sin sufrir variaciones. Lo extraían del lecho de ríos.

Leña combustible

Era preocupación acceder principalmente a bosques de kewiña, madera altamente combustible. Añadían estiércol y otros materiales para lograr temperaturas elevadas porque la cocción se hacía en espacios al aire libre. Después aparecieron los hornos, lo que exigía mayores conocimientos.

Material durable

Los ceramistas eran concienzudos en su labor. Era importante que la cocción sea óptima para lograr piezas con buen acabado y que puedan resistir al uso cotidiano, como un cántaro donde hay que conservar agua durante días. Se afanaban que tenga un buen engobe, que es el aspecto externo.

Culinaria suculenta

Crianza de cuyes y cacería de cérvidos

Para la arqueología todo desecho vale y así nos lo hace saber Pereira. Hurgando la basura que arrojaban los habitantes del Formativo, se averigua que los qhochalas se alimentaban no sólo de maíz, sino de carne de llama (valle central: Quillacollo, Colparirhua). “Que hayan vivido allá las llamas, yo creo que no, pero las obtenían por intercambio”.

“En el caso de Pocona, Mizque, hay abundantes datos de cérvidos, que vendrían a ser los venados; entonces estos grupos que tenían maíz, que molían el maíz en sus batanes, además de ser agricultores, eran cazadores simultáneamente. También hay puntas de flechas y restos de talla de piedra para la caza”.

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