David Pereira nos refiere que los habitantes del Periodo Formativo enterraban a sus muertos en forma directa, en un hoyo excavado donde colocaban al difunto en forma horizontal, inclusive superponiendo entierros nuevos con otros previos, de manera que se formaron montículos con cientos de cadáveres amontonados, en cementerios incluso cercados por un muro periférico.
Un sitio importante es el mencionado cementerio de Qhonchu Pata, donde lo más interesante son las ofrendas mortuorias de vasos de cerámica y piedra en forma de keru, plata laminada y cuentas de sodalita, hueso y coral. El experto nos indica que lo llamativo son las conchas marinas encontradas en las ofrendas, procedentes de confines tan distantes como es el océano Pacífico, lo que indica intercambio a larga distancia.
Otro aspecto notable a destacar por el arqueólogo Pereira en estos cementerios del Periodo Formativo, es el hallazgo de osamentas que indicarían que en el momento de morir algunos contaban con 60 ó 70 años (lo que se deduce del desgaste de las vértebras), edades que para la época son de una longevidad sorprendente. Desde ya, hay presencia de niños, que nos muestra mortalidad infantil, tal como ahora.
Hay que destacar que la colocación de los difuntos no era realizada al azar, sino que seguía cierta lógica, como ponerlos con la dirección de los pies apuntando hacia el norte y la cabeza hacia el sur, acaso debido a creencias religiosas.
Consultado sobre si hay evidencias de guerras entre estas sociedades, luchas violentas, Pereira prefiere la prudencia, pero señala que, a la luz de lo excavado, no hay hallazgos que muestren cráneos rotos a causa de un garrotazo, o tórax con costillas totalmente quebradas o con un objeto punzante incrustado, lo que podría hacer inferir que los qhochalas originarios no eran belicosos o esencialmente guerreros.
Cementerios
Qhonchu Pata
Qhonchu Pata, en Mizque, es un enorme cementerio-montículo. Sus pobladores enterraron a sus muertos entre 1200 y 600 a.C., superponiendo entierros nuevos con otros preexistentes, que a la larga se formó un montículo de casi tres metros de altura.
Morro de Piñami
Construyendo sus casas, preparando alimentos, haciendo herramientas, celebrando fiestas, enterrando a sus muertos, refaccionando sus casas, el hombre del antiguo Piñami fue creando un sinnúmero de capas, que con los años formaron un montículo arqueológico.