Economía
Sus fértiles tierras, particularmente su riqueza en gramíneas, fueron el principal atractivo de la región para la cultura tiahuanacota
En el mundo de la arqueología, así como en el de otras ciencias sociales y humanas, donde nada está dicho, diferentes puntos de vista enriquecen una determinada temática, por cuento aportan visiones distintas para intentar explicar lo que pudo haberles sucedido a grupos humanos específicos en el pasado y a partir de ello construir una historiografía referencial para el conocimiento humano.
En este contexto, existen diferentes posiciones sobre la presencia que tuvo Tiwanaku (el imperio) en Cochabamba. Mientras algunos arqueólogos relativizan esta presencia y la atribuyen a su última fase de expansión, otros consideran que Cochabamba fue clave para el desarrollo de esta cultura desde sus inicios, tanto que constituyó su capital económica.
Cabe advertir en principio, que ese Tiahuanaco (el lugar) de la famosa Puerta del Sol, del gran Kalasasaya y de otras magníficas estructuras de incalculable valor histórico, no es un fenómeno exclusivamente altiplánico, pues es también del valle y de la selva.
La advertencia es del arqueólogo Ricardo Céspedes, director del Museo de Historia Natural Alcide d"Orbigny, quien en 1988 hizo las primeras excavaciones del montículo de Piñami.
Antes o después
Para el director del Museo de Arqueología de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS), David Pereira, Tiwanaku llegó a Cochabamba hacia el final de su fase expansiva.
“Personalmente, creo que la influencia de esta cultura ha sido fuerte (en Cochabamba), pero si uno compara con la que tuvo en otras culturas de las costas de Chile y Perú, y en el altiplano boliviano, ésta ha sido más o menos tardía, muy influyente pero corta en el tiempo y llega en su última fase”, explica.
Pereira sitúa entre 650 y 1100 d.C. la presencia de Tiwanaku en Cochabamba, vale decir, hacia el final del periodo Formativo y durante el Horizonte Medio.
Sin embargo, “Tiwanaku no llega a un lugar que estaba vacío; ya estaban los ‘llajtamasis’, esa gente local que vivía aquí y recibe la influencia de un gran foco cultural a partir del 650 d.C.”, apunta el arqueólogo.
Ciertamente, los valles cochabambinos estaban habitados por un mosaico de culturas regionales (Mojocoya, Tupuraya, Omereque) antes de Tiahuanacu, dice Ricardo Céspedes, empero, la relación del altiplano con Cochabamba data del nacimiento mismo del Tiwanaku y no está ligado exclusivamente al periodo del Horizonte Medio.
“Durante el Formativo había una serie de culturas tanto en el altiplano como en los valles y la selva, estas culturas ya tenían contactos entre sí”, sostiene.
Según Céspedes, Tiwanaku aglutina esa maraña de relaciones entre esas culturas preexistentes. “¿Pero cómo lo hace? Religiosamente. El papel que toma el altiplano con la aparición de Tiwanaku es más de carácter religioso que político y económico, como una suerte de meca; así se forma en general esta cultura, en base a su religiosidad”.
El granero
Céspedes atribuye importancia crucial a Cochabamba en la consolidación de Tiwanaku como imperio. “El hecho de que Tiwanaku surja en el altiplano se debe también a sus contactos con Cochabamba y esto porque los valles más ricos en gramíneas o maíz —que era lo que les interesaba—, estaban en Cochabamba”, comenta.
“La fortaleza de esta cultura —añade— tiene que ver con una alianza estratégica con grupos de los valles no sólo de esta región, sino también de La Paz. Cochabamba era la capital económica, el granero del imperio Tiwanaku, mientras que el altiplano era la capital religiosa”.
La necesidad de encontrar nuevos centros de aprovisionamiento para alimentar una población en plena expansión, llevó a los tiahuanocotas hacia tierras más lejanas de lo que Céspedes llama su “meca”; llegaron no sólo a varias regiones de lo que hoy son Cochabamba, Chuquisaca, Potosí e incluso Santa Cruz, sino a la costa del Pacífico (Perú, Chile), el nordeste argentino y el pie de monte amazónico.
En Cochabamba, los sitios de influencia tiahuanacota más importantes son: Jarqa Pata (Mizque), Quillacollo, Piñami (Quillacollo), Omereque (Aiquile) y San Sebastián (Cercado). Sin embargo, se sabe que también estuvieron en otras regiones como Parotani, Capinota, Santiváñez, Chapare y Tupuraya.
Aldeas
¿Pero cuál era la relación de la “meca” con las otras regiones en las que Tiwanaku ha sentado presencia? Ricardo Céspedes sostiene que si bien existían centros poblacionales importantes, éstos eran concentraciones aldeanas que en ningún caso alcanzaron similar desarrollo al del altiplano.
“No es que se ejercía un poder militar, sino más bien el poder de una visión religiosa mucho menos caótica y menos agresiva que otros grupos dominantes”, dice Céspedes.
Según explica, “la ocupación de los valles de Cochabamba por grupos ligados al Tiwanaku no significaba la desaparición de las antiguas culturas regionales, ni el abandono de sus tradiciones. Ellas se mantenían vivas y participaban plenamente de la vida económica, así como lo atestiguan las influencias estilísticas visibles sobre la mayor parte de la cerámica”. F
Imperio megalítico
Una de las culturas más longevas de América del Sur
La cultura Tiwanaku se gestó al sur del lago Titicaca miles de años atrás. Durante su fase expansiva (800 a 1100 d.C.), desarrolló varias estrategias de ocupación tanto hacia la costa del Pacífico como hacia a los valles templados de Cochabamba y los Yungas del Este de los Andes. Allí se articuló con otros grupos locales de tradición cultural diferente, para obtener e intercambiar productos alimenticios y bienes suntuarios.
De esta manera su influencia llegó al valle central cochabambino, pasando hacia el valle alto y los valles calientes, nutriéndose de elementos culturales de los grupos locales.
Tiwanaku destaca por su monumental arquitectura, decorada con relieves y planos incisos colocados sobre estelas. Su cerámica polícroma es de inconfundibles expresiones iconográficas.
El complejo arqueológico (Tiahuanaco) está compuesto por siete construcciones: Kalasasaya, Templete Semisubterraneo, Pirámide de Akapana, Kantatallita, Kerikala, Putuni y Puma Punku.
Dada su antigüedad, algunos estudiosos la consideran capital de un antiguo imperio megalítico.
MÁS REVELACIONES
Redes de trueque
Según Ricardo Céspedes, verdaderas redes de trueque conectadas por caravanas de llamas unían Cochabamba con la capital de Tiahuanaco, con sus provincias, con la costa del Pacífico, el nordeste argentino y el pie de monte amazónico, contribuyendo a la pujanza de los valles cochabambinos.
El Keru cochabambino
El Keru, una forma típica de cerámica tiahuanacota, tuvo su origen en Cochabamba 2000 años de que apareciera el fenómeno Tiwanaku, posteriormente fue incorporado a esta cultura. Era un vaso ceremonial a menudo usado como beber chicha.
El maíz, desde siempre
Desde hace miles de años, el maíz se presenta como un elemento central de la vida cotidiana de diferentes culturas prehispánicas. Según el arqueólogo David Pereira, en el ámbito de uso doméstico servía como alimento, y en el contexto social era como “un lubricante de la vida social”, además era clave en todos los sistemas productivos.