En 1930 comenzaron en Bolivia las primeras investigaciones arqueológicas de material cerámico de la cultura tiahuanacota. Arqueólogos nacionales y extranjeros pusieron bajo la lupa también a Cochabamba, donde se hicieron excavaciones en los valles centrales y el sudeste del departamento, principalmente.
Según explica el arqueólogo David Pereira, “hasta donde sabemos, en Cochabamba no se han encontrado estructuras monumentales de piedra o complejos arquitectónicos como en Tiahunaco, pero lo que sí hay son pequeños restos de conjuntos urbanos, como innumerables vasijas en los cementerios”.
Lo anterior refuerza la visión de Tiahuanaco (el lugar) como el principal centro ceremonial de esta cultura y erigido a orillas del Titicaca, el lago sagrado fuente de inspiración para pueblos milenarios, antes y después del tiahuanacota.
En 1978, Ricardo Céspedes hizo el registro arqueológico sitios ubicados entre Cochabamba y Quillacollo, donde se ha encontrado alrededor de 65 montículos, en algunos de los cuales probablemente —según Céspedes— hubo importantes asentamientos tiahuanacotas, mientras que en otros, sólo una presencia circunstancial.
Siguiendo esta misma fuente, la colina de San Sebastián y Quillacollo pudieron haber sido los sitios de mayor concentración demográfica tiahuanacota en cuanto a los valles centrales se refiere; los demás probablemente hayan sido sólo pequeñas aldeas y lugares de culto.
En cuanto a estos sitios aldeanos, los hallazgos fueron restos de casas de estilo rural, con cimientos de piedra, paredes de piedra o adobe; al interior de éstas, artefactos ligados a la vida doméstica como vasijas y otros menajes de cocina, batanes para moler ciertos alimentos como el maíz, instrumentos (huesos) para tejer, entre otros.
Por otro lado, las investigaciones han encontrado también cementerios y diversos lugares de culto; más de 74 entierros han sido exhumados en Piñami, por ejemplo, un importante sitio arqueológico que guarda vestigios de la presencia tiahuanacota y de otras formaciones.