Canillitas de Cochabamba: 74 años de historia, memoria y sacrificio
Antes de que salga el sol, a eso de las 4:00 de la madrugada, y cuando gran parte de Cochabamba aún duerme, los canillitas ya están en su sede recogiendo el periódico para iniciar una nueva jornada para llevar el periódico a sus lectores.
Bajo la lluvia, el frío o el sol continúan manteniendo un oficio que durante décadas formó parte de la difusión de información en la ciudad, labor que es reconocida cada 17 de mayo, Día del Canillita, en honor a su importante contribución a una sociedad informada.
“Es una vida hermosa”, afirmó Romulo Guevara, uno de los vendedores más antiguos del gremio, mientras recuerda con nostalgia las épocas en las que el periódico impreso era esperado por cientos de personas.
El actual secretario general del Sindicato de Canillitas de Cochabamba, Ricardo Tejerina, conoce esa realidad desde niño. Empezó a vender periódicos a los 10 años y hoy, a sus 63, continúa trabajando como canillita en un puesto del centro de la ciudad.
“El sindicato está cumpliendo 74 años de vida y seguimos luchando para que esto no desaparezca”, remarcó.
Sin embargo, contó que el sector atraviesa uno de sus momentos más difíciles. El cierre de medios impresos, el avance de la tecnología y el cambio de hábitos de lectura golpearon duramente a este gremio. “Ya no hay mucha venta de periódicos. Mucha gente antigua está quedando en la nada”, manifiesta.
Décadas atrás, los canillitas llegaron a ser 1.600 en Cochabamba. Algunos vendían hasta 500 ejemplares por día y los domingos circulaban cerca de 40 mil periódicos. El oficio permitía mantener familias completas y dar educación a los hijos. “Muchos profesionales salieron adelante gracias a este trabajo”, recuerda Guevara.
Pero hoy la realidad es distinta. “Ya no alcanza más que para sobrevivir”, dijo.
La pandemia también dejó profundas heridas. Según el dirigente, cerca del 25% de los afiliados falleció durante el Covid-19. “Hemos necesitado muchos recursos, incluso, para poder enterrarlos”, recordaron.
Pese a las dificultades, los canillitas mantienen un fuerte vínculo con la población. En torno a los puestos de periódicos se construyeron amistades y espacios de conversación. Durante años, abogados, escritores, autoridades y vecinos se reunían alrededor de los kioscos para debatir sobre política, cultura y actualidad.
Los vendedores fueron testigos de momentos históricos, como la Guerra del Agua, conflictos sociales y cambios políticos. “Había épocas en las que toda la gente esperaba el periódico para enterarse de lo que estaba pasando”, recordaron.
Hoy, la mayoría de quienes continúan en el oficio son hijos o nietos de antiguos canillitas. El gremio ya no tiene la magnitud de antes, pero conserva el orgullo de haber sido una pieza clave en la historia del periodismo cochabambino.
“Felicidades a todos los canillitas en su día, sigamos adelante con fuerza y unidad para sacar adelante a nuestras familias y al gremio”, señaló el secretario de Hacienda del Sindicato de Canillitas de Cochabamba, Jhonny Miranda.





























