Fotografías para la eternidad. La historia de Quillacollo en los ojos de Federico Terán Cherry
La historia de Quillacollo está inmortalizada en su arquitectura colonial tardío que aún se mantiene en pie como una marca para todos los tiempos. También en sus riquezas arqueológicas y símbolos ancestrales. Asimismo en las serranías que circundan este valle de mágico encanto donde destaca la figura señera de la cordillera del Tunari, vigía permanente de este valle rumoroso.
Pero se eterniza en la mítica leyenda de la aparición de la Virgen de Urkupiña, que con su manto protector permite que los habitantes de este pueblo apuesten por el porvenir con esperanza, alegría y fe. A ello se suma la lucha perpetua de sus hijos, comenzando por los patriotas de la guerra por la independencia que ofrendaron sus vidas en los campos de batalla de este territorio de gladiadores. Ahí están los Lanza, Bascopé, Chinchilla y otros que nos legaron una tierra para construir la fraternidad y la alegría. Así es ahora Quillacollo.
Mágicos arrieros
Antaño eran normales las relaciones comerciales entre los hijos de este valle con el norte chileno, a través de los enigmáticos arrieros. Juan Terán, un colcapirhueño de sangre y médula, en una de sus incursiones a Chuquicamata conoció a una simpática dama, Isabel Cherry, con quien unió su vida y de cuya relación nació Federico Terán Cherry, nuestro héroe quillacolleño que eternizó imágenes de este noble terruño a través de su lente.
Federico por azares de la vida nació en Chuquicamata en 1900 y murió en 1978 en Quillacollo, tras dejar un gran legado a todos los hombres y mujeres de este hermoso solar nativo.
Aprendió el arte de la fotografía en Chile, pero cuando la patria requirió de su valioso concurso se enroló a los batallones de soldados que partieron a las candentes arenas del Chaco, donde luchó por defender la heredad nacional. Concluida la conflagración bélica, retornó a Quillacollo, la tierra de su padre, tras lamentar la muerte de su madre en Antofagasta.
Fotógrafo de la plaza
A partir de 1935, Federico Terán Cherry fue uno de los primeros fotógrafos de la plaza principal de Cochabamba, debajo del monumento al cóndor. Con la tradicional máquina a cajón, captó hermosas imágenes y retratos de familias.
Su residencia en Quillacollo le posibilitó captar con su lente mágico retratos de familias, paisajes, acontecimientos sociales, deportivos, culturales, festivos y otros, que hoy perduran pese al paso inexorable del tiempo.
Su principal pasión fue plasmar para la historia, fotografías de la fiesta de Urkupiña cuando los pueblos indígenas eran los protagonistas y los vecinos del centro urbano simples espectadores.
Federico Terán contrajo nupcias con Carmen Ledezma, una simpática dama cochabambina con quien fructificaron seis hijos: Santiago, Sixto, Pacífica, Armando, Tito y Braulio. Todos sus descendientes siguieron sus pasos, especialmente Armando y Tito.
Gracias a Tito Terán Ledezma, el popular Cherry, tenemos el placer de entregarles estas memorables imágenes que ya forman parte del patrimonio histórico de Quillacollo.
























