El asedio armado de los “jukus” es casi diario en Huanuni
La actividad de los ladrones de mineral, conocidos popularmente como “jukus”, se ha convertido en una amenaza de carácter permanente para los operadores mineros y no solo en Potosí, también en Oruro. Lejos de lanzar incursiones aisladas, el intento de robo de yacimientos se registra de forma casi diaria en la Empresa Minera Huanuni, informó William Revuelta, comandante de la Segunda División del Ejército y quien tiene a cargo la seguridad en la mina estatal.
El pasado 26 de julio, dos sargentos del Ejército sufrieron una caída mortal de al menos 50 metros en el yacimiento minero. Tras un operativo que repelió a los ladrones de mineral, los militares iniciaron el repliegue a pie por un sendero exterior en el cerro Posokoni. Al transitar por la ruta, el suelo cedió debido a la inestabilidad geológica provocada por la misma explotación minera. El desprendimiento del terreno arrastró al abismo a los dos uniformados y a un civil, trabajador minero. Revuelta aclaró que se trató netamente de un deslizamiento accidental y no de una emboscada criminal. “Es una situación recurrente. Desde que el precio del mineral ha subido, hay más gente que se dedica a este delito. Los “jukus” intentan ingresar a las bocaminas y a los almacenes”, informó. El modus operandi de estas organizaciones delictivas, no solo en Oruro, ha alcanzado altos niveles de audacia. Ellos atacan principalmente en días feriados y fines de semana largos. Ellos aprovechan la reducción de personal técnico y el cese temporal de las operaciones productivas en los socavones para ingresar en masa a las áreas de trabajo desprotegidas.
La planificación de estos grupos delictivos demuestra tener una estructura logística avanzada y un profundo conocimiento geológico de las galerías subterráneas. Medios locales de Potosí confirmaron que los “jukus” entran a los yacimientos con herramientas industriales de perforación, sacos de yute de alta resistencia y sistemas de comunicación interna. La amplia y compleja red de túneles interconectados facilita el ocultamiento rápido de los delincuentes, quienes logran burlar los perímetros de seguridad con total impunidad. El peligro se intensifica debido al uso indiscriminado de armamento de fuego y material explosivo de alta potencia por parte de los asaltantes. Los mineros cooperativistas denuncian en forma constante que estas bandas no dudan en detonar cartuchos de dinamita para amedrentar a los serenos o bloquear los accesos principales de la mina.
“Es una técnica habitual que busca amedrentar y debilitar. Los ‘jukus’ aprovechan que es fin de semana y muchos no trabajan. Piensan que no hay personal o son pocos y quieren sorprender el sistema de seguridad”, prosiguió el jefe militar. El impacto económico de este flagelo social golpea directamente al corazón del sustento de miles de familias que dependen de la minería. Las cargas de mineral extraídas ilegalmente representan el esfuerzo de semanas de perforación lícita, que se esfuma en cuestión de pocas horas. Además, en el caso de Potosí, las detonaciones descontroladas y las perforaciones clandestinas provocadas por el “jukeo” comprometen severamente la estabilidad física de los yacimientos, así como de la forma cónica característica del Cerro Rico de Potosí.
Tan solo en el departamento de Potosí, en abril, la Fiscalía Departamental informó que había 41 procesos penales abiertos por robo agravado cometidos por ladrones de mineral en yacimientos de la región. Estos hechos ocurrieron desde años anteriores.
Acciones
El fiscal departamental de Potosí, Gonzalo Aparicio, ha alertado sobre la creciente violencia ligada al robo de minerales en los departamentos del occidente del país.
“Nos enfrentamos ya a redes criminales organizadas dedicadas a este tipo de delitos... Estos hechos, de acuerdo con los últimos reportes, cada vez se tornan mucho más violentos”, declaró la autoridad a la Red Uno.
























