Sin Angela Merkel. Alemania ingresa a partir de ahora en una nueva era política
Tras 16 años al frente del Gobierno federal, Alemania concurrió ayer a las urnas para resolver quién será el sucesor de Angela Merkel. Una generación entera ha crecido con ella en el poder y el horizonte es incierto. Tras los comicios, una vez se constituya el nuevo gobierno, Merkel se marchará, y con ella una cultura política y un sistema único que han marcado las crisis a las que se ha enfrentado durante sus cuatro mandatos.
Con sus partidarios y detractores, para muchos, es la líder europea más influyente de los últimos tiempos.
Es un legado, como siempre ocurre, con claroscuros -la desigualdad entre este y oeste, o la escasa fortaleza de la digitalización-, pero que reconocen los propios alemanes: Merkel continúa siendo, 16 años después de ser elegida canciller por primera vez, la política mejor valorada de Alemania, con un índice de aprobación de su gestión que alcanza el 66%. Son 42 puntos más que el candidato de su partido, Armin Laschet, y 18 más que el primordial privilegiado a sucederle al frente del Gobierno, el socialdemócrata Olaf Scholz.
La economía germana ha crecido más de un 1 % desde que Merkel llegó al poder, en noviembre de 2005, a pesar de atravesar dos crisis espinosísimas: la Gran Recesión y la pandemia del coronavirus.
El producto interior bruto sólo ha retrocedido dos años, en 2009 y en 2020, y aunque todavía no ha recuperado los niveles previos al Covid-19, en el segundo trimestre de este año ya dio síntomas de acelerar su crecimiento.
En estos tres lustros, Alemania ha crecido adecuadamente, a precios corrientes, más que Francia, España e Italia, más que el conjunto de la eurozona y más que la suma de los 27 miembros de la Unión Europea. Su papel como “locomotora de Europa” está afianzada.
La gran fortaleza de la nación germana continúa siendo su capacidad exportadora, solo superada en el universo por las dos grandes potencias: Estados Unidos y China.
Durante el mandato de Merkel, el saldo comercial ha aumentado -estimulado en buena parte por la gran demanda china- y en 2019 era un 44 % más alto que en 2005, aunque la pandemia lo ha reducido en 2020.
El desarrollo financiero se ha traducido en una disminución continua del desempleo, hasta situarse en las tasas de paro más bajas desde los años 70, al tiempo que introducía, por primera vez en la historia de Alemania, el salario mínimo.
Por otra parte, el mandato de Merkel está marcado por su gestión de la crisis de refugiados de 2015, cuando, en contra incluso de buena parte de su partido, adoptó una política de puertas abiertas para recibir a quienes huían de la guerra en
Siria y Afganistán o del hambre a través de Libia. Fruto de esa apertura, el número de solicitantes de asilo en Alemania, que en 2007 era de poco más de 450.000, alcanzó en 2019 los 1,8 millones de personas.
Merkel ha sabido acomodar sus políticas a las demandas de los alemanes, ocupando como nunca antes otro canciller el centro político. Sin ella ni su sobrio liderazgo, Alemania comenzó una nueva era política.
CÓMO FUNCIONA EL BUNDESTAG ALEMÁN
REDACCIóN CENTRAL
En las elecciones generales de ayer, Alemania eligió a los diputados de la Cámara Baja del Parlamento (Bundestag). A su vez, los miembros del nuevo Bundestag elegirán al jefe de Gobierno, el canciller.
Las papeletas se dividieron en dos partes. Por un lado, se eligió a un diputado por distrito electoral -Alemania está dividida en 299 distritos- y, por otro, los electores votaron no por una persona concreta sino por un partido político –la circunscripción aquí es el land o el estado federado-.
Es decir, se emitieron dos votos independientes, pero el segundo, el de las listas cerradas, es el más importante, ya que es el que sirvió para medir la presencia de las fuerzas políticas dentro del Bundestag.
No existe un número fijo de parlamentarios. El parlamento consta de 598 escaños más los llamados asientos adicionales, que tienen el objetivo de mantener la proporcionalidad entre los dos tipos de voto. Esta estructura hace que sea difícil que un partido pueda gobernar en solitario. Evita las mayorías absolutas y obliga a las formaciones a pactar.























