Alza de energía por guerra contra Irán complica la economía de América Latina
El estallido del conflicto en Irán ha sacudido la frágil estabilidad económica de América Latina. Un episodio geopolítico inicialmente distante se ha traducido en un encarecimiento abrupto de la energía y en una depreciación generalizada de las divisas en las principales economías de la región –Brasil, México, Chile, Colombia y Perú–.
Las previsiones de inflación se han revisado al alza, mientras que los inversores están trasladando su dinero hacia activos más seguros. Esto está elevando los tipos de interés a largo plazo y encareciendo el coste de financiar una deuda que ya era vulnerable desde el inicio, según el Informe de Economía Latinoamericana publicado por el Banco de España.
El deterioro de las cuentas públicas resulta particularmente preocupante en las mayores economías del bloque. De acuerdo con los modelos de sostenibilidad del Banco de España, Brasil y México presentan probabilidades inferiores al 30% y al 20%, respectivamente, de estabilizar su deuda en los niveles actuales.
El endurecimiento de las condiciones financieras globales, combinado con un crecimiento ya previsto como moderado, ha reducido al mínimo el margen fiscal disponible para absorber el shock de la guerra y el consecuente encarecimiento de la energía y los alimentos.
En los mercados de futuros el tono también ha cambiado; las expectativas de recortes de tipos a comienzos de año han dado paso a la posibilidad de nuevas subidas, especialmente en Chile y Perú, para evitar un desanclaje de las expectativas inflacionarias.
Este giro se produce en un momento de transición paradójico. América Latina venía de un 2025 más sólido de lo anticipado, con revisiones al alza del crecimiento y un entorno financiero favorable, respaldado por un dólar débil y un renovado apetito entre los inversores por el riesgo.
En el primer trimestre de 2026, las emisiones de deuda alcanzaron cifras récord —más de 56.000 millones de dólares—, un impulso que se detuvo de forma abrupta con el inicio de las hostilidades en Oriente Próximo.
Antes del conflicto, la inflación general parecía encaminarse hacia tasas moderadas, aunque persistían presiones en los precios de los servicios que complicaban la fase final del proceso desinflacionario.
El factor que ahora marca la divergencia dentro de la región es el comportamiento de las materias primas, en particular del petróleo.
El conflicto ha provocado un shock energético que ha elevado el precio del West Texas (referente en el mercado americano) en torno a un 60% desde finales de febrero. El impacto es desigual.
Para exportadores netos como Colombia y Brasil, el repunte actúa como un apoyo fiscal, mejora los términos de intercambio y genera ingresos adicionales que pueden destinarse al menos de forma parcial a amortiguar el impacto de la guerra sobre los hogares, por ejemplo, mediante subsidios a los combustibles.
La situación es distinta para importadores netos de energía como Chile y Perú, donde el encarecimiento del petróleo presiona las balanzas comerciales y añade tensiones inflacionarias. Aunque estos países se habían beneficiado del buen comportamiento de metales como el cobre y el oro, la subida del crudo comienza a erosionar esas ganancias.
En economías como México y Colombia, donde los ingresos ligados a los recursos naturales superan el 10% de la recaudación total, la diferencia entre los precios de mercado y los supuestos presupuestarios ofrece cierto alivio fiscal. Sin embargo, esa ventaja sigue siendo pequeña ante el endurecimiento de las condiciones financieras externas.
Para dimensionar este fenómeno, las estimaciones sugieren que Colombia, México y Brasil podrían mejorar su saldo comercial entre 0,5 y 2 puntos porcentuales del PIB gracias al encarecimiento del petróleo y el gas, mientras que Chile y Perú registrarían mejoras de cuatro y tres puntos de PIB respectivamente por la cotización de metales frente a sus promedios históricos.
Sin embargo, el efecto real en la cuenta corriente será de menor entidad debido a la repatriación de dividendos de empresas extranjeras en la balanza de rentas.
En el frente fiscal, el conflicto estaría dejando más ingresos de lo previsto para 2026, aunque repartidos de manera desigual.
México lidera este margen adicional con 1,4 puntos del PIB, seguido por Chile (1,1), Perú (0,5), Colombia (0,4) y Brasil (0,2). Pero, en cualquier caso, la salud de las cuentas públicas dependerá de cómo se dirijan las ayudas y de cuánto estén dispuestos los gobiernos a amortiguar el encarecimiento de la energía para evitar que la inflación golpee con más fuerza a los hogares.
En conjunto, la crisis en Oriente Próximo parece haber puesto fin al periodo de condiciones favorables que habían acompañado a los mercados latinoamericanos hace tan solo un año.
Mientras las empresas diversifican sus fuentes de financiación –con un peso creciente de las emisiones en euros, que ya representan el 11,9% del total regional–, los gobiernos se enfrentan a la disyuntiva de gestionar una subida del petróleo que alimenta la inflación, pero que al mismo tiempo constituye una de las pocas fuentes de ingresos adicionales.
En los últimos meses, la guerra con Israel y EEUU ha agravado la crisis económica en Irán.
Cientos de miles de personas han perdido su empleo y el rial iraní se desploma mientras aumenta la presión sobre la población.En medio del deterioro económico y la incertidumbre regional, surgen preguntas clave: ¿cuánto puede resistir Irán y qué consecuencias tendría una crisis prolongada?



























