Cuba en su peor crisis: apagones, sanciones y colapso energético
Cuba atraviesa una grave crisis energética desde 2024, agravada desde enero por las restricciones petroleras de Estados Unidos, calificadas por la ONU como contrarias al derecho internacional. En La Habana, los apagones superan las 20 horas diarias.
Los motores de generación que funcionan con diésel y fueloil, responsables de cerca del 40 % de la electricidad, están prácticamente paralizados. A eso se suma el déficit crónico de inversión en las termoeléctricas, que aportan otro 40 % de la generación. La población sufre el impacto en su vida cotidiana, mientras el Gobierno busca, tardíamente, fuentes alternativas de energía.
El sistema de sanciones impuesto por Estados Unidos contra Cuba es el más prolongado y complejo de la historia económica contemporánea. Sus raíces se remontan a 1917 (Ley de Comercio con el Enemigo), pero fue en 1962 cuando John F. Kennedy proclamó el bloqueo total sobre el comercio bilateral. Desde entonces, el cerco no ha cesado de endurecerse: la Ley Torricelli (1992) internacionalizó el bloqueo al prohibir a subsidiarias extranjeras de firmas estadounidenses comerciar con la Isla; la Ley Helms-Burton (1996) codificó todas las restricciones bajo las Regulaciones al Control de los Activos Cubanos (CACR) y despojó al presidente de la facultad de levantar el bloqueo sin aprobación del Congreso.
El resultado acumulado, según el informe presentado por Cuba ante la ONU en mayo de 2025, es una cifra que duele solo con escribirla: 170.677,2 millones de dólares en daños materiales a lo largo de más de seis décadas (sin ajustar por inflación). La CEPAL, por su parte, reportó pérdidas acumuladas hasta 2015 por 117.000 millones de dólares. El costo anual estimado del bloqueo entre marzo de 2024 y febrero de 2025 fue de 7.556 millones de dólares, una afectación financiera mensual promedio de 629,6 millones.
En el sector salud, las pérdidas anuales alcanzaron los 239,8 millones de dólares, y según estimaciones de coste social, solo 16 días de bloqueo equivalen a 1.600 millones de dólares, suficientes para comprar el cuadro completo de medicamentos básicos para todo el país durante un año entero.
La ofensiva de 2026
El 1 de mayo de 2026, el presidente Donald Trump firmó la Orden Ejecutiva 14404, una nueva vuelta de tuerca diseñada para intensificar la presión económica sobre Cuba bajo el argumento de que sus actividades de inteligencia exterior, la represión interna y sus alianzas geopolíticas representan una «amenaza inusual y extraordinaria» para la seguridad nacional de EE. UU.
El núcleo operativo de esta orden: sanciones secundarias contra personas, corporaciones e instituciones financieras internacionales de terceros países que mantengan relaciones comerciales con entidades dirigidas por miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, en particular contra el Grupo de Administración Empresarial (GAE) que gestiona sectores neurálgicos de la economía doméstica: turismo, importación de alimentos, servicios de remesas y banca corporativa.
La orden otorgó un plazo perentorio que venció el 5 de junio de 2026, para que todas las corporaciones extranjeras liquidaran cualquier nexo comercial con GAE y sus filiales, bajo la penalización de quedar excluidas del sistema financiero estadounidense, ver congelados sus activos y enfrentar severas multas.
El éxodo de la
inversión extranjera
La retirada parcial de las principales cadenas hoteleras extranjeras supone un nuevo revés para Cuba, que atraviesa una de las peores crisis de su historia reciente.
La española Meliá anunció el cese inmediato de operaciones en 15 de sus 34 hoteles, en específico los vinculados a Gaviota, la cadena turística controlada por el conglomerado militar cubano Gaesa.
Poco antes, Iberostar renunció a 12 de los 16 establecimientos que operaba en Cuba, mientras la canadiense Blue Diamond informó de que abandonaba todas sus operaciones “con efecto inmediato”.
A ellas se sumó Archipelago International, el mayor grupo hotelero privado del sudeste asiático, que retiró su marca Aston de varios hoteles, entre ellos algunos de los más modernos y lujosos de La Habana.
La salida de estas empresas se produjo tras una nueva vuelta de tuerca del gobierno de Donald Trump sobre la economía cubana.
Adiós a Visa y Mastercard
Las tarjetas de crédito y débito Visa y Mastercard dejaron oficialmente de operar en Cuba el 6 de junio de 2026. La medida se implementó debido a las sanciones del Gobierno de Estados Unidos (Orden Ejecutiva 14404), lo que llevó al banco extranjero intermediario que procesaba estas transacciones en la isla a cortar sus vínculos con la entidad cubana Fincimex para evitar penalizaciones.
Sin procesamientos internacionales: Cuba se encuentra imposibilitada de recibir ingresos por bienes y servicios comerciales a través de estas tarjetas.
Los visitantes internacionales ya no pueden utilizar tarjetas Visa y Mastercard para realizar pagos dentro del territorio cubano.
Colapso logístico
El cerco energético y la falta crónica de divisas han desencadenado una crisis en los servicios públicos esenciales durante 2026.
La parálisis energética detuvo los sistemas municipales de bombeo de agua potable, inhabilitó laboratorios escolares y universitarios.

























