Victoria del populista Trump
En un artículo de hace no demasiado tiempo, sostuve que Estados Unidos ha perdido la admiración política de un rincón del mundo, que es Sudamérica.
Resulta que en este rincón del mundo, al mismo inicio del siglo estalló la crisis secular del siglo XXI, que ya estaba anunciada en la obra del gran historiador de la economía Fernand Braudel. La crisis fue combatida desde un principio con dos tipos de políticas:
Primero, con una política de control bancario, que fiscalizó el crédito, poniendo fin al sistema de endeudamiento generalizado del neoliberalismo. En Bolivia, el adalid en esto fue Jacques Trigo, quien impuso la fiscalización y la restricción crediticia y bancaria contra la idolatría del dinero.
Segundo, haciendo frente a la crisis consecuencia de un neoliberalismo mal pensado, surgieron los Gobiernos populistas. Estos se estrellaron contra el neoliberalismo globalizado y su líder, que ha sido Estados Unidos; secundariamente contra esa maravilla liberal que es la libertad de prensa, a la que se le echó culpas pero no se la reprimió.
La crisis llegó a Estados Unidos con una década de retraso en relación a Sudamérica. Su enojoso estallido vino con la movida bancaria que hizo cargar sobre millones de personas deudas hipotecarias que hubiesen podido ser evitadas, de haber funcionado como se debe un sistema de control crediticio por parte del Gobierno. La crisis llegó allá más tarde, pero llegó. En Sudamérica, en cambio, como se la controló desde su inicio, se la pudo sobrellevar bien; incluso se ha mantenido el crecimiento económico en países como Uruguay, Chile, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia, lo que en un siglo de dificultades financieras no deja de ser un milagro. Entonces tenemos que una parte de Sudamérica está llevando una relativa delantera a Estados Unidos en cuanto a política económica.
Chile es un caso especial dentro del equipo sudamericano sin crisis. Por una parte tiene un sistema político sólido y represivo que mantiene la estabilidad, por otra sostiene una sórdida política anti-araucana de la que no se habla, a la vez que falta una adecuada política de liberalización de la instrucción pública universitaria, condición para un desarrollo económico y social a largo plazo.
En cuanto a nuestro país, todo va bien excepto por la política de privatización de las tierras tropicales, así sea colectivización de algún modo con colonos, y consecuente marginalización de los originarios selvícolas en sus propias tierras.
La victoria de Trump es una victoria del populismo, empero su política difiere de las versiones sudamericanas en que, en vez de inclinarse hacia la liberalización, se inclina al conservadurismo. Porque el populismo también puede ser de derecha. Además, Trump no puede echar la culpa a Estados Unidos de los males en su país, así que culpa a México y a China. Suena parecido, ¿no?
Lo lamentable del caso es que los norteamericanos tuvieron una opción adecuada: votar por Bernie Sanders. No lo hicieron oportunamente y ahora tendrán a Trump y su trasfondo de populismo conservador.
El autor es escritor.
Columnas de BERNARDO ELLEFSEN





















