Más sobre la reforma al cristianismo
En mi anterior artículo comenté que Jesús enseñó algo malo, que ha sido la fe desaforada en él como Mesías, y tres cosas buenas, siendo una de ellas la moral israelita, expuesta en el principio deuteronómico de amar al prójimo y también por Hilel. Las otras cosas buenas que han sido olvidadas por el cristianismo, es que no debe acatarse prohibiciones y prescripciones innecesarias y no debe mentirse.
Es posible que el lector haya oído decir alguna vez que Jesús era anarquista; al menos lo dijo el presidente Evo Morales. Un brasileño escribió un libro exponiendo que Jesús fue un gran anarquista; empero el problema de su enfoque está en que lo interpretó con las doctrinas del anarquismo del siglo XIX. En ese sentido Jesús no era anarquista, pero sí en un sentido más propio de su época.
El anarquismo doctrinal en la prédica de Jesús está implícito en los evangelios sinópticos, que son los de Marcos, Mateo y Lucas, pero está muy bien expuesto en el evangelio de Tomás. Este último fue desconocido durante muchos siglos, porque fue prohibido por la herejía triunfante que se conoce como el cristianismo desde fines del siglo II. En dos cosas se insiste en la prédica evangélica en Tomás: primero en la libertad espiritual, y luego en el carácter mesiánico a ultranza de Jesús.
Aclararé que el evangelio de Tomás fue hallado en 1945, en Egipto, escrito en lengua copta. Estaba dentro de un cántaro junto con otros manuscritos cristianos. También se ha hallado fragmentos de este evangelio pero escrito en griego.
Pues bien, doctrina central de Jesús, muy bien explicada en el evangelio de Tomás, es que no hay que tomar como prescripciones divinas el montón de disposiciones caprichosas que rellenan la Biblia. Concretamente, se indica que lo que no se revela por sí mismo como una inspiración espiritual, no tiene por qué acatarse.
Conforme a esto, los ritos y creencias que ha amontonado el cristianismo son frutos de la herejía, de esos heresiarcas que son los padres de la iglesia y no de la enseñanza de Jesús.
Jesús desautorizó eso de que Dios dijo. Por ejemplo, tenemos que desautorizó que se matase a pedradas a las adúlteras. Eso está prescrito en la Biblia, como si fuese orden y palabra de Dios. Obviamente no es así, sino que son leyes y disposiciones humanas. Con eso Jesús no aprobó el adulterio de las mujeres, al menos en cuanto a engaño, traición al marido. Porque una enseñanza ética cardinal de Jesús es que no hay que mentir. Los cristianos se han olvidado de eso, de modo que el cristianismo cultiva la mentira, como las demás religiones consideradas superiores.
Veamos un ejemplo. ¡Ring!; el teléfono. Decimos que la señora no está, porque nos ha dicho que salió si llama la antipática de Fulana. A veces se dicen mentirillas así. Además, ser franco y sincero puede ser muy grosero. Ya lo dijo Confucio, que en el exceso de franqueza hay grosería, falta de educación. Pero si la gente no mintiese, serían difíciles de sostener las estafas, los robos y los engaños. Jesús prohibió mentir en todo lo formal, a secas.
De modo que para una reforma profunda del cristianismo se debe actualizar y depurar la prédica evangélica. Dejar de lado la fe envenenadora y poner al frente la consideración al prójimo y a la naturaleza, así como establecer que la mentira no es cristiana ni decente.
El autor es escritor.
Columnas de BERNARDO ELLEFSEN




















