José María Bakovic y el proceso “Lava Jato”
Hace más de cuatro años, el 15 de octubre de 2013, al día siguiente del fallecimiento de José María Bakovic como directa consecuencia del tormento judicial al que fue sometido, decíamos en un editorial titulado “Bakovic en la conciencia colectiva” que “su culpa fue haber puesto en serios aprietos a las principales empresas constructoras brasileñas (...), y tras ellas a prominentes exponentes de las redes de corrupción gestadas alrededor de las obras públicas y su financiamiento”. Expresábamos, además, nuestra esperanza en que “en un futuro no lejano la historia haga justicia a su memoria”.
Aunque con algunos años de demora, ese momento justiciero parece estar acercándose.
Es una pena, y una vergüenza también, que esa esperanza no haya sido abierta por efecto de alguna iniciativa nacida en nuestro país sino como resultado secundario y hasta marginal del caso “Lava Jato”. Y debemos reconocer, en ese punto, que a los medios de comunicación también nos corresponde hacer una evaluación autocrítica.
Y al hacerlo, no se puede dejar de recordar la manera sistemática y perseverante como el Ing. José María Bakovic dedicó los últimos doce años de su vida a denunciar uno tras otro cuanto negociado se hizo y se pretendía hacer en nombre de la vertebración caminera de nuestro país. Lo hizo con admirable valentía desde septiembre de 2001, cuando asumió la presidencia del por entonces Servicio Nacional de Caminos, hasta su fallecimiento, en octubre de 2013.
Ninguna de las denuncias de Bakovic fue debidamente atendida. Lo que se explica en gran medida porque el expresidente del SNC demostró que las redes de corrupción tejidas entre las empresas constructoras brasileñas y quienes tenían en sus manos el control de las principales obras públicas de nuestro país se remontaban a gobiernos anteriores al encabezado por el MAS desde enero de 2006. “Andrade Gutiérrez fue al MNR lo que la Queiroz Galvão fue al MIR y la OAS es al MAS”, solía decir Bakovic al recordar que todos los gobiernos, incluido el que lo promovió a la presidencia del SNC, estuvieron involucrados en la red denunciada.
Ahora, cuando el proceso “Lava Jato” ha confirmado lo certeras que eran esas denuncias, el mérito de Bakovic se multiplica. Ya no es solo su entereza lo que se debe reconocer y admirar sino también la inteligencia con que tan tempranamente descifró la fórmula desarrollada por las constructoras brasileñas para ejecutar un saqueo a gran escala de las arcas de casi todos los países latinoamericanos.
Seguir las pistas dejadas por Bakovic y llevar las investigaciones hasta sus últimas consecuencias será la mejor manera de rendir homenaje a su memoria.

















