Urgente debate sobre los biocombustibles
La decisión gubernamental de lanzar al mercado una nueva mezcla de gasolina, la denominada Súper Etanol 92, ha vuelto a llamar la atención sobre un tema que –a pesar de lo importante que es– no termina de abrirse paso en la agenda pública nacional. Nos referimos a las ventajas y desventajas de la adopción de biocombustibles como una fórmula alternativa, o al menos complementaria, a los hidrocarburos convencionales.
El tema no incumbe sólo a los bolivianos. Es, por el contrario, como ocurre con los cultivos transgénicos y los agroquímicos, tema central de las controversias a escala planetaria. Alrededor de estos asuntos se dividen las corrientes de opinión.
El principal argumento de quienes se oponen a la producción de biocombustibles es que afectaría irremediablemente a la frágil seguridad alimentaria de las naciones subdesarrolladas, puesto que éstas serían –por sus climas tropicales– las principales productoras de materia prima como el maíz, la soya, la colza o la caña de azúcar, básicas para la producción del biodiesel y el etanol.
En esta línea, se prevé que la producción agrícola dedicada a la alimentación podría pasar a un segundo plano, ante el peso económico que tendría con seguridad el área energética.
Se argumenta también que al convertirse la producción agrícola en un negocio energético de alcance planetario, la necesidad de más tierras para una demanda gigante de materias vegetales ampliaría la frontera agrícola en desmedro de las selvas tropicales, cuyo aporte en la captura del dióxido de carbono –el gas del calentamiento global– es determinante y fundamental.
Para algunos especialistas, menos masas boscosas representan en los hechos claudicar en la lucha contra el fenómeno del cambio climático, cuyas consecuencias directas son las alteraciones que durante los últimos años han comenzado a provocar catástrofes naturales y poner en riesgo la vida de miles de especies animales y vegetales.
Entre quienes ven con optimismo la llegada de los biocombustibles, se afirma que su producción evitaría una mayor contaminación atmosférica por la emisión de gases, además de representar oportunidades de desarrollo para miles de productores rurales.
Sin duda que el debate continuará hasta que se tengan conclusiones científicas que demuestren el impacto medioambiental, social y económico de los combustibles en el mundo. Entre tanto, es de lamentar que ni el gobierno nacional, ni quienes aspiran a asumir la conducción de nuestro país den la importancia que merece a los aspectos controversiales del asunto y actúen guiándose única y exclusivamente por cálculos de muy corto alcance.





















