¿Otra guerra del agua?
Los técnicos habíamos previsto, desde 1995, que la crisis del agua estaba en las puertas de Cochabamba, la población alcanzaba a 350.000, Semapa disponía de 620 litros por segundo para entregar a los 40.000 usuarios de entonces, es decir, abastecía a 200.000 habitantes, aparentemente era un valor aceptable.
Han transcurrido 25 años y los usuarios son 70.000, se dispone de 1.200 litros por segundo, pero por las pérdidas en la red, el volumen de agua que dispone cada habitante es el mismo de 1995, porque ahora la población llega a 800.000 personas y Semapa solo sirve a 350.000. Las asociaciones y cooperativas de agua alcanzan a cubrir las necesidades de 160.000 habitantes. Los 290.000 restantes no tienen agua por cañería y viven comprándola de cisternas, con el riesgo sanitario que eso implica.
El panorama es sombrío, el año 1996 se tenía el compromiso de la empresa Corani S.A. de abastecer con mil litros por segundo para 1998. Los cochabambinos prefirieron el proyecto Misicuni. ¡Nadie informo para cuándo!
El año 2000 se precipitó el conflicto por el contrato con Aguas del Tunari, empresa privada, el Gobierno tuvo que anular el contrato, la administración retornó a Semapa. ¡Fue un error mayor!
Hoy Semapa continúa con problemas pese a disponer de 600 litros adicionales del embalse de Misicuni, la población sin agua potable por cañería la compra de los aguateros o cisternas, pagando 35 Bs por m3, un precio cinco veces mayor que el de Semapa.
Los resultados son claros, pese a tener disponibles 3.000 lit/seg en el embalse, cerca de 300.000 habitantes no disponen de este elemento vital, porque no existen aún las aducciones ni las redes de agua potable, tampoco el sistema de saneamiento –alcantarillado- y menos planta de tratamiento de aguas residuales. Y eso no ocurre por falta de dinero del Estado, sino por ausencia de la sensibilidad humana y gestión pública necesarias para haber invertido en estas obras de prioridad y no en publicidad. Ahora, lo problemas resultantes de la pandemia y la falta de dinero agravan la incierta perspectiva futura.
Esta es la razón por lo que técnicamente los ingenieros eméritos y la Coordinadora de Defensa del Agua y la Vida –hoy Coravi– recurrimos al Concejo, el mes de abril, promoviendo la entrega de agua gratis a toda esa población de la zona Sur. Ese propósito no se hubiese logrado, aunque sea solo en un 50%, sin los bloqueos y el cierre del botadero de basura de K’ara K’ara.
El futuro es muy incierto, en mi opinión, no se puede descartar una segunda guerra del agua si el Gobierno central no construye todo el sistema para el suministro de agua por cañerías en la zona sur en los próximos cinco años.
El autor es ingeniero civil e hidrólogo y magíster en gestión y políticas públicas
Columnas de GONZALO MALDONADO ROJAS






















