Entre la espada y la pared
El mundo deambula por los pasillos complejos de la enfermedad y la muerte. Cada nación, a su turno, va atravesando los dolorosos senderos que conlleva el irrefrenable aumento de casos, el constante incremento de decesos y el incontenible daño económico y social que trae consigo la Covid-19.
En Bolivia, a mediados de marzo, empezó a aplicarse una cuarentena que a inicios parecía efectiva y que con el paso del tiempo ahora resulta incluso insuficiente.
Ningún gobierno del mundo estaba preparado para semejante desafío, pues aún los mejores sistemas sanitarios del globo tuvieron que exigirse al máximo para responder ante un enemigo tan desconocido como terrible; Bolivia no fue la excepción, un sistema de salud históricamente marginado de las prioridades gubernamentales y de los presupuestos nacionales se ve hoy desbordado por un virus que pareciera multiplicarse de modo constante.
Por ello fue que la autoridad en salud nos recomendó hasta el cansancio: quédate en casa, no salgas, cuídate y cuida de los tuyos. Todos estos mensajes son correctos, sensatos y hasta necesarios, pero no dan de comer y cada vez la economía nos aprieta más.
Seguro que usted ya vio por los medios de comunicación las alarmantes noticias que muestran la desesperación de los emprendedores, la pérdida de empleos y la incertidumbre en todo ámbito. Es la realidad, la triste realidad.
Todos, absolutamente todos, se enfrentan a un previsible descalabro económico, y aún con políticas e incentivos, el panorama es desalentador.
Los créditos de reactivación naufragan bajo el peso de la infinita y tradicional lista de requisitos y documentos para actualizar, se ahogan bajo las limitantes del crédito (que sólo permite capital de inversión o compra de materia prima y cierra la puerta a otras necesidades que puedan existir, tal el pago de pasivos o nuevos emprendimientos), y se anquilosan por los mentirosos periodos de gracia que demandan el pago de intereses y seguros.
La carga impositiva, aunque postergada, es en la realidad una obligación que seguramente llegará a ser el golpe mortal post pandemia para muchos.
La paralización de la economía sepultará los sueños que pudieron haber tenido los comerciantes, los mineros, los fabriles, los transportistas e incluso los dependientes, porque el efecto de todo será el incremento de la pobreza.
Sin embargo, aún con este panorama, lo que se debe hacer es precautelar la vida, porque el que vive aún puede pelear, porque una vez esto pase ya tendremos tiempo para recuperar lo perdido, y si bien hoy el virus pareciera que está decidido a matarnos o a arruinarnos, sobreviviremos y hasta triunfaremos, aunque hoy parezca que estamos entre la espada y la pared.
El autor es escritor, http://ronniepierola.blogspot.com
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