Una peligrosa decisión política en educación
El ministro Víctor Hugo Cárdenas ha dejado desconcertados a quienes tienen interés por la educación. Particularmente a quienes desean que sea una actividad mínimamente seria. Al decir que nadie reprobará el año, les está dando el gusto a los dirigentes radicales del magisterio que únicamente buscan ganar sueldo sin trabajar y a aquellos padres de familia politizados de colegios particulares que exigían rebajas en las pensiones escolares a costa de la estabilidad de las unidades educativas. Ha dado un paso hacia el despeñadero.
Argumenta que la determinación de que en 2020 no habrá estudiantes reprobados surge como respuesta a la actitud política, y no educativa, de los dirigentes sindicales. Sin embargo, tamaña determinación es también política porque favorece a unos y perjudica terriblemente a otros y no busca más y mejor educación en el sistema educativo boliviano. Al contrario, busca la solución por el desastre. Seguir con esta lógica de concesiones a la irresponsabilidad tendrá consecuencias muy serias para la imagen del Gobierno, particularmente entre quienes veían con cierta esperanza la gestión de Jeanine Áñez.
Un agravante de esta determinación es que se la toma sin siquiera haber instalado la mesa de diálogo entre las partes en conflicto. Los dirigentes, ante una primera convocatoria, no se presentan y el Ministro se pone a regalar nota de aprobado al que estudió y al que no, desmotivando al alumno estudioso y al docente responsable.
El que existan aún estudiantes sin cobertura de Internet para la educación virtual no justifica desbaratar de un plumazo los esfuerzos realizados en las unidades educativas serias (fiscales, de convenio y particulares), en los hogares y entre los propios técnicos del Ministerio que trabajan para sacar adelante un proyecto tan importante.
Fue en tiempo de la dictadura de Hugo Bánzer, en los años 70 del siglo pasado, que se produjo el último paso “por decreto” del año escolar. ¿Por qué involucionar tanto? ¿Por qué una decisión tan precipitada? ¿Por qué dar la espalda a quienes vienen trabajando por la educación virtual? ¿Se trata de algún cálculo político-electoral? ¿Dónde radica el carácter técnico-pedagógico de una medida de este tipo?
El Ministro se ha metido en un callejón sin salida y la única manera de deshacer el entuerto es dando marcha atrás e insistiendo en buscar más diálogo con el sector del magisterio que aún no se suma al trabajo virtual, y ese diálogo, necesariamente, debe incluir a quienes sí tienen voluntad de trabajar.
El autor es asesor pedagógico
Columnas de ALBERTO LIBERA


















