La festividad de Urqupiña será sin fiesta
La actual contingencia sanitaria mundial provocó la postergación, hasta el próximo año, de varias expresiones que son parte de la festividad de Urqupiña, cuya manifestación suele congregar a miles y miles de devotos y no devotos, cada medio mes agosto en el municipio de Quillacollo.
La emergencia por la pandemia del coronavirus obligó a los organizadores de esa celebración a promover una contundente reorientación de su ocurrencia que, con seguridad, se caracterizará en esta ocasión por un reencuentro con la fe y un profundo recogimiento espiritual.
La probable y novísima práctica en la que se enfila la Festividad, hace presumir que los actos litúrgicos en ese municipio, serán el marco celebratorio del fenómeno urqupiñista, y que eventualmente prescindirá de sus otros “componentes” colaterales: el folklórico y el cuestionado comercio.
Dentro la habitual programación anual de la Festividad, la celebración del Corpus Christi, se asociaba para la realización de la primera “promesa” o convite, considerado como el inicio de la celebración, y que al mismo tiempo, era una muestra preparatoria, principalmente en el ámbito folklórico, en el que los bailarines organizados en fraternidades, recorrían las vías programadas para ese propósito. Tiempo después, se realizaba una segunda versión de ese desfile, ambas se constituían en “borradores”, de la fulgurante “entrada” folklórica del 14 de agosto.
Estas “promesas” o convites y otros anexos, facilitaban a los responsables de su organización, una mayor articulación de propuestas, para las respectivas correcciones y la adopción de mayores tareas de coordinación interinstitucional. Todas ellas, por supuesto, también fueron pospuestas.
Anuncios del clero local, relievaron que las principales ceremonias litúrgicas de la Festividad del presente año, serán transmitidas por los medios masivos y apoyados en la tecnología digital, probablemente, también, con alguna presencia física de los fieles de la Virgen de Urqupiña. Para esos eventos predominarán las recomendaciones de prevención sanitaria, es decir, que la “Fiesta del 15”, que así se los conocía, desde hace más de tres cuartos de siglo, asumirá nuevamente, su esencia original: íntegramente religiosa, como fue, por lo menos, por más de dos centurias.
Esta inédita experiencia, que se la encauza con cautela, favorecerá el repunte de la fe, el fortalecimiento reverencial de su feligresía y la real comprensión de su impacto contemporáneo, considerado como fenómeno social. Esos escenarios imperdibles –que, sin pretenderlo, patrocinan la actual coyuntura– deberían ser aprovechados por los representantes eclesiales para encarar con mayor certeza y propiedad la Festividad, capitalizando y proyectando el sentido religioso que reasumirá su realización, condición disminuida notoriamente, en los últimos tiempos.
La festividad de Urqupiña, por su diversificación mundial, se constituyó en una especie de “transnacional”, pues se la celebra en numerosas ciudades del mundo, donde, se infiere, que el próximo 15 de agosto, no será alterada, o por lo menos, se la apuntará con ligeras modificaciones, porque también se presume que la contingencia sanitaria, en esos lugares ya habrían impuesto los controles respectivos. Es decir, que la festividad de Urqupiña, se la organizará como se lo hace desde años, con la majestuosidad y el lucimiento tradicional. Mientras en Bolivia, y principalmente, en su epicentro: Quillacollo, se resignará a lo estrictamente religioso.
Desde hace un par de décadas, varios y con variados criterios, afloraron cuestionamientos acerca de la propia realización de la Festividad. Esta contingencia también debe servir para atender con contundencia, las observaciones hechas, analizar las propuestas y definir las acciones, entre ellas: preminencia de lo religioso, impostergable reestructuración de la comisión interinstitucional, ensamble con las otras manifestaciones festivas en el mundo, cambio definitivo de la ruta de la “entrada”, de la “Procesión” de la “advocaciones”, regulación del comercio, etc. etc., es decir, la adopción de una real y audaz reingeniería para la Festividad.
Y, de manera paralela, esta celebración en cuarentena tendría también que contribuir a intensificar y fortalecer el movimiento de la ansiada nominación, por la Unesco, de la festividad de la Virgen de Urqupiña, como Patrimonio Intangible de Fe, de Cultura y de Integración de la Humanidad.
El autor es periodista y gestor cultural
Columnas de JOHNNY FERNÁNDEZ ROJAS

















