De brujos, arrepentidos, abortos y otros “Creemos”
Un verborreico trío de candidatos, huérfano de ideas, vende promesas, insultos, tonterías y mal gusto que agravan la angustia electoral del confundido votante. Hay símbolos, eslóganes e incertidumbre, no programas. Lo “negro” se asocia a azul, ayer verde, mañana anaranjado u otro tono sin dejar de ser “color”.
La otrora certidumbre del voto “duro”, “comunitario” o “fraudulento” se convierte –gentileza de la baraja de Ramses– en: ofrezco la certeza de lo aleatorio: no tengo pruebas pero así es. Abunda el circo… escasea el pan. Brujería de la politiquería. ¿el debate de hoy será diferente?
David Choquehuanca –¿arrepentido por negar el referéndum del 21F?– intenta ejercer un pensamiento crítico y descubre la realidad que no quiere ver: “Lo que afectó al MAS fue el oportunismo, la burocracia y la corrupción”. No hay mea culpa. Interpreta un libreto de la “derecha”; y, cuando piensa por cuenta propia, se convierte en fanático de sí mismo, líder sobreviviente a quien el entorno de Evo Morales habría querido apartar del partido. “Las bases se quejan”, se queja el excanciller, “había abuso, dicen los compañeros”. Con esos alardes de sabiduría del chisme e ignorancia de lo que pasaba frente a sus narices justifica el comportamiento de su “hermano” en el catre. Ser soltero, la tentación y el entorno, argumenta. Un poco MAS e incorpora los devaneos craneológicos de Lombroso a su novedad que huele a lo mismo. Pretende ser honesto: “No sé cuántas mujeres habrá tenido. Yo no puedo decir ‘tantas mujeres’; de que ha tenido mujeres, ha tenido”. Y, para complacer a María Galindo –absurdo aún más absurdo–, se transforma en ¡feminista!: “Yo he dicho que hay machismo, que tenemos que luchar contra eso” (entrevista en Radio Deseo). Recuerdo haber leído en alguna página de Baruch Spinoza que el remordimiento, antes que virtud, es una desdicha.
El resultado de esa pretendida renovación es la perpetua inmovilidad ideológica “mazista”. Nada cambia. Evo Morales, con maquillaje crítico de “entorno”, “tentación” y un número indeterminado de hijos y parejas desaparecidas, sigue siendo el padre plurinacional, “reserva espiritual de la humanidad”, “enviado” de Dios u otras patrañas: “ganamos las elecciones (y) al día siguiente estoy entrando por Yacuiba”. Y sus “mazis”, añorando el “proceso de cambio”, aseguran que inventaron la prosperidad, la democracia, las leyes, la eternidad... Inaudito. Nada nuevo aunque desde la década de los sesenta Bob Dylan canta que Los tiempos están cambiando.
Luis Fernando Camacho y Chi Hyun Chung no se quedan atrás en la campaña del desvarío. Señalo lo obvio. En vez de programas de gobierno prefieren hablar de religión, un avance sobre los hijos, mujeres y entorno de Choquehuanca. Ninguno acata la separación entre Iglesia y Estado. Compiten en ser cristianos y sólo se aprovechan de esta doctrina olvidando sus enseñanzas.
Camacho revela –¿Creemos?– que “Dios entró a Palacio para cambiar Bolivia”. He leído la Biblia y no entiendo su frase. Éxodo (20:7) advierte: “No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano” y Deuteronomio lo confirma (5:11). Ergo, Camacho no respeta lo divino. Tampoco lo humano. Su referencia a Carlos Mesa enfada a masistas cristianos que no creen en el aborto: “Es fruto del parto de una opción de aborto que tiene el MAS” (El Polígrafo). Dejo, por incompetencia, que los científicos de cualquier cosa expliquen los frutos del “programa” ca(machista).
Chi Hyun Chung, el que otorgó un doctorado Honoris causa a Evo Morales, es más “democrático” que Luis Fernando Camacho. Su obcecación ofende incluso a sus fanes que quieren una sociedad justa, solidaria, mejor: “Gays y lesbianas son enfermos... Son vecinos del prostíbulo y la promiscuidad... Son un movimiento diabólico y satánico... Provocan la ira de Dios” (programa Fama, Poder y Ganas). Huelgan las explicaciones. Entristece que un pastor cristiano no reflexione sobre la intransigencia de su comportamiento. ¿Acaso Jesucristo enseñó en vano la tolerancia y la compasión? Recurro a la ayuda de la perícopa atribuida a Juan (7:53-8:11). Vale.
El autor es economista y filósofo
Columnas de GUSTAVO V. GARCÍA






















