Así empezamos
Ha transcurrido el despatarrado y más largo proceso eleccionario de nuestra historia y ya empezamos mal.
Los actuales senadores y diputados ocupan ese lugar a título personal pues al haber expirado su función hace demasiado tiempo atrás, perdieron representatividad, nadie los eligió para ejercer esta prórroga de funciones, pero el consentimiento silencioso de la sociedad les permite usurpar funciones legislativas y a días de la dejación de sus oficios inconstitucionales optaron por eliminar los dos tercios que tanto les sirvió para imponer un régimen de hecho destruyendo el de derecho.
Hoy, el futuro oficialismo no cuenta con los dos tercios de voto, por lo tanto no le conviene mantenerlo y resuelve eliminarlo y esto ya nos indica lo que sobrevendrá, el MAS no tendrá que negociar nada con nadie, impondrá nuevamente su voluntad como cuando tenía los 2/3, mantendrá la concentración vertical de poderes. Y la oposición absurda e inexperta responde irreflexiva e ineficazmente ante esta burda maniobra.
Según una exmagistrada y tribuna, hoy electa senadora opositora, esa determinación legislativa es “inconstitucional”, argumenta que el Estado solo puede actuar dentro del marco de la ley, extremo que es evidente, pero ¿quién “fabrica” la ley?: el Estado, ¿por medio de qué Órgano? ¡del Legislativo!, consecuentemente nada hay que observar.
Este Órgano no tiene atribuciones para modificar los dos tercios para aquellos casos expresamente señalados por la Constitución; sin embargo, esta prorrogada y usurpativa Asamblea, lamentablemente puede modificar sus reglamentos internos, siempre que no vulnere los preceptos constitucionales. ¿Existe alguna norma en la Constitución que prohíba al Legislativo modificar sus reglamentos?, no existe y esto le brinda espacio al MAS para hacer lo que está haciendo. ¿Entonces dónde está la inconstitucionalidad? Podrá ser discrecional esta conducta, arbitraria, abusiva, cínica, pero no es inconstitucional, es antiética. No es admisible exponer argumentos erróneos de esta naturaleza porque con ellos más bien se da ventaja para la reinstalación del totalitarismo.
Si la oposición para enfrentar al oficialismo masista se va a inventar absurdos haciéndole decir a la Constitución cosas que no ha dicho, la “mala suerte” del pueblo está sellada porque a la vuelta de la esquina le esperan además dos grandes monstruos, el rebrote de la Covid-19 y el flagelo económico del que se desprenden múltiples secuelas, a cuyo propósito, la pandemia y la aberración política están relatadas con detalle en mi último libro Covid-19 y elecciones nacionales, Editorial Kipus, que se encuentra en circulación.
El autor es jurista
Columnas de GONZALO PEÑARANDA TAIDA


















