Matar al mensajero
“Los Tiempos, dejo de seguirte”. Con mucho dolor leía el mensaje de una amiga al término de una nota de este medio en redes sociales. ¿Nuestro pecado? El haber publicado la nota de la llegada de Evo Morales a El Alto. Dolor no tanto por perder a una lectora, sino por el concepto que tienen del trabajo de la prensa. Curiosamente, en ese mismo escenario, en El Alto, los simpatizantes de Evo amedrentaron a nuestros colegas porque no publicamos lo que los masistas quieren leer. Así, los periodistas aparecemos en medio de un fuego cruzado, de ambos lados.
No es la primera vez que nuestros lectores reclaman qué es lo que deberíamos cubrir y qué no. Como si el dejar de dar cobertura a un hecho hiciese que las cosas no ocurrieran.
El propio Evo protestaba porque los periodistas publicaban los escándalos del Gobierno si él había hecho tanto por nuestro gremio.
O al revés. Alguna vez leí la protesta de un analista político porque cubríamos lo que hacía Evo si tanto daño había hecho él a la prensa.
Bueno, para dejarlo claro, los periodistas no nos debemos a colores políticos ni a las cosas buenas o malas que nos hayan hecho. Nos debemos a la noticia, a la verdad, a lo que consideramos importante para nuestros lectores, sean buenas o malas noticias. Y aunque disguste a los opositores al MAS, lo que haga Morales es importante, pues (los últimos hechos así lo develan) sigue siendo el poder detrás del “trono”. Y lo que haga influye en el país. Y es noticia.
De lo que sí debemos tomar nota los periodistas, eso sí, es que no podemos ponerle el micrófono o la cámara y dejar que él diga o haga lo que quiera. Nuestra cobertura debe ser más crítica. ¿Qué hace Morales, con qué atribuciones, qué bienes públicos utiliza para sus actividades políticas, hasta dónde son gestiones de Gobierno y hasta dónde movidas del MAS? Responder a esas preguntas, esa debe ser nuestra tarea. Lo demás (el censurarnos por cubrir lo que para algún sector es mala noticia) es sólo matar al mensajero.
El autor es periodista
Columnas de LUIS FERNANDO AVENDAÑO



















