Yo le escribí a Madiba
En el año 2003, mi amigo Ahmed me llamo por teléfono, me dijo que venía a Cambridge, pues estaba en Londres y, como tenía una tarde libre quería venir a verme. Él ya había estado en Cambridge. Lo conocí en la universidad de Essex cuando los dos estábamos luchando contra el apartheid en Sudáfrica y contra Banzer en Bolivia. Compartíamos casa y pan, yo un refugiado de mal pan y el un hijo de los del medio, hindú en Sudáfrica, con amor a su patria como yo a la mía.
Ahmed ahora venía de Londres a Cambridge como un hombre nuevo, Sudáfrica había derrotado al régimen inmoral y asesino del apartheid y Nelson Mandela había logrado ser el hombre fuerte de un país múltiple y complejo. Ahmed era ahora el subsecretario de Educación, cargo que no solo le tomaba la vida, sino que le tomaba cuentas de sus compromisos de juventud. La educación liberadora no era ya un cuento.
Ahmed estaba en la brecha más clara de la lucha ideológica. Él con su equipo habían logrado ya crear una universidad del pueblo, habían logrado replantear el tema grande y complejo de la educación liberadora.
Entre festejos de vernos después de casi ocho años, me invitó a su país, me dijo que el pasaje no era caro y que fuera. Ofrecí a mi hija, entonces tenía 9 años, llevarla conmigo a ese viaje. Averiguados los costos y considerando mis economías, Sudáfrica estaba lejos y el pasaje, aunque no muy caro era inalcanzable. Desde entonces mantuvimos comunicación postal con Ahmed, ahora padre con hijos.
Sucede que entre las aventuras de académico pensé que sería interesante contactarme con Mandela. El gobierno de Banzer, en 1978 se había contactado con los gobiernos racistas de Namibia y Sudáfrica para invitar a los golpeados por la fuerza de la liberación a hacer casa en Bolivia. Una delegación de Namibia llegó de regreso de Santa Cruz diciendo que Bolivia era un lugar ideal, que los indios bolivianos eran tan sumisos como sus negros. Con este antecedente escribí a Nelson diciéndole que yo era un boliviano que quería hablar con él sobre Bolivia y sobre los planes que habían quedado truncados para la llegada de los blancos sudafricanos y namibianos y rodesianos a nuestra llajta.
La carta era larga, le explicaba de todo mi andamiaje por las dictaduras chilenas y bolivianas, le comentaba de mi vida en el Reino Unido y además le decía que si tuviera que ir a pie iría a verle.
Me contestó su secretaria. Me decía que Mandela estaba muy ocupado en las fechas que yo proponía, pero que en el momento que encontrara un hueco me contactaría.
Nunca me contactó ni jamás supe de Nelson. Sin embargo, mi basa estaba en Ahmed. Le comenté de mi plan y me dijo que no había problema, que Madiba (Mandela) iba a tomar el té todos los martes a su casa ya que su suegra era íntima amiga de Nelson desde los años de su encarcelamiento.
¿Jesús, Jesús y como sería eso?, pues fácil, me dijo, ven a casa el martes y tomas té con Madiba. Facilísimo le dije yo miserablemente con el centavo contado no podía agenciar un viaje, sin embargo, Ahmed tuvo la gentileza de contarle a Nelson mi intención de visitarle. Nelson en su grandeza y humildad le dijo: “ El martes de la semana que viene te traeré un libro dedicado para Carlos”.
Llegó ese martes y el libro fue depositado en las manos de Ahmed con la dedicación ofrecida: “To Carlos, my solidarity with your freedom struggle” (Para Carlos, mi solidaridad con tu lucha por la libertad) Mandela 30/06/03.
El libro me llegó el mes de julio de 2013 a Cambridge, yo no pude ir a verlo ni siquiera puede hablar con él, Ahmed habló. Yo ya había leído su libro ya lo sentía parte de una lucha universal contra el racismo. Y vaya coincidencia Evo Morales habló con Madiba.
Así se creó un lazo de fuerza entre ese continente negro con un ángel por mentor y un país pequeño que, otrora colonia, ahora ofrecía libertad. Nelson no te conocí en cuerpo, pero sí en alma.
Bendito seas entre los que luchan y entre los que ven al ser humano como virtuoso habitante universal. Hoy veo tu libro y tu dedicatoria y se me hace borbotones en la sangre para seguir tu lucha. ¡Eterna Luz para Mandela!
El autor es filósofo y sociólogo
Columnas de CARLOS F. TORANZOS


















