Educación improvisada
Como todos los años, el primer lunes de febrero, es decir pasado mañana, comienzan las clases en los establecimientos educativos de todo el país. Es una constante que ese inicio esté marcado por la improvisación en algunos aspectos: refacciones inconclusas en infraestructuras educativas, ítems para nuevos maestros y otros.
Pero este año, excepcional por la pandemia y las restricciones que impone, esas deficiencias parecen inexistentes, sin embargo, y precisamente por las condiciones sanitarias, la situación es simplemente incierta.
Once meses después de su adiós a las aulas, en la clausurada gestión 2020, la mayoría de los casi tres millones de estudiantes de prekínder, kínder, primaria y secundaria –y sus padres– carecen de información precisa acerca de cómo se iniciarán las clases que, debido al riesgo de contagio de Covid-19, serán virtuales en las ciudades más grandes del país.
Unas clases virtuales para las cuales muchos estudiantes carecen de los necesarios equipos y/o la conexión a Internet, y muchos profesores aún no son suficientes diestros en el manejo de las aplicaciones que les permitan enseñar en línea.
Y en aquellas poblaciones –la mayor parte, fuera del área urbana– donde la propagación de la Covid-19 no reviste un riesgo mayor y son posibles las clases presenciales, tampoco hay certidumbre acerca del inicio de labores escolares. “Nosotros, como dirigentes nacionales, no garantizamos el inicio de clases; no por los maestros, sino que no hay condiciones, lamentablemente”, afirmaba ayer a Los Tiempos el secretario ejecutivo de la Confederación Nacional del Magisterio Rural.
Hay más. Si bien –en general y a diferencia de lo que ocurre en la educación pública– los establecimientos privados se preparan con anticipación para el inicio de clases, este año, y como consecuencia de la debacle educativa de 2020, muchos de ellos están es riesgo de cerrarse. Eso porque “más o menos (…) en el 85%” de los colegios los padres de familia no pagaron las 10 cuotas de la gestión pasada. “Esta situación ha permitido que los colegios entren en crisis económica; no pudieron pagar sueldos desde abril hasta julio y tampoco pudieron cumplir con sus obligaciones de aportes laborales”, informaba anteayer, a Página Siete, la presidenta de la Asociación Nacional de Colegios Privados (Andecop).
El lunes comienzan las clases y, seguramente, esas incertidumbres dejarán de serlo en las semanas siguientes. Como todos los años, el primer mes de la gestión escolar servirá para ajustar lo que quedó pendiente o a medias, como si el tiempo hubiera faltado para evitar las improvisaciones. Improvisaciones que los niños y jóvenes terminan internalizando, como parte de la normalidad y las integran a sus patrones de conducta.


















