“Bolivia se nos muere”
El 29 de agosto de 1985, el Dr. Víctor Paz Estenssoro nos enfrentaba a una realidad que muchos ignoraban o no querían ver: “Bolivia se nos muere”. La hiperinflación, el virus de entonces, atacaba de preferencia a los pobres, desempleados, jubilados y asalariados. La economía, no la salud, era el principal desafío a resolver. Paz Estenssoro lo hizo con un programa de enorme costo social pero efectivo. Bien o mal, los historiadores –la Historia no existe–, lo juzgan por haber hecho su trabajo y para lo que fue elegido: gobernar.
En el segundo tiempo del mentecato “proceso de cambio”, el presidente Luis Arce Catacora no visualiza la novedad y malignidad de la Covid-19. “Invento de la derecha” todavía repiten algunos de sus partidarios. Los datos, pese a los desvaríos del vocero presidencial, son contundentes. La muerte, de un ámbito privado y singular, se ha convertido en un problema social. El horror de esta colectivización macabra nos enfrenta a la peor forma de soledad: ausencia de solidaridad.
Abandonados por nosotros mismos nos encerramos en una falsa seguridad donde lo prioritario es seguir vivo, hora tras hora, incumpliendo recomendaciones sanitarias: suicidio diario. ¿Pueblo enfermo? También nación clandestina, además de cadavérica. Cada día un niño pierde a un ser querido que lo deja más indefenso de lo que ya estaba. Cada día se levantan cadáveres botados en las calles o en las puertas de los hospitales como si fueran basura. Cada día un médico muere enfrentando la pandemia sin más recursos que su convicción y heroísmo por salvar vidas ajenas. Y cada día… y otra vez… cada día… la gente, lo mejor que tenemos, se nos muere. ¿Hasta cuándo?
Sordo y ciego, Luis Arce Catacora, elegido para gobernar, es decir, para hacer algo grande, algo mediano, algo pequeño o siquiera “alguito”, no hace MÁS que frases huecas que ofenden al sentido común. Culpa de todos los problemas al “Gobierno de facto” de Jeanine Áñez –el caballero contra la dama en el ajedrez de la política; y, en tiempos de carencia y luto, gobierna regalando ¡dos vehículos! a los ponchos rojos (el Mallku como mínimo pedía veinte tractores). El Gobierno, por lo visto, tiene dinero para regalar vagonetas a sus “SS” (sectores sociales) y no para pagar a los trabajadores de salud o para comprar medicamentos a menos que tengan un precio “confidencial” (secreto de Estado en la novísima escala Richter de la sinvergüencería).
¿Qué pasa con la estrategia del MAS para erradicar el coronavirus? Primero: “No hay que alarmar a la población”. Segundo: “Los médicos se contagian a propósito para culpar al Gobierno”. Tercero: “En dos meses de gobierno ya hay vacunas para todos (…) son hechos”. Cuarto y punto final: “Aguantar hasta que lleguen las vacunas” pontifica Arce una y otra vez. Así de sencillo y claro. ¡Qué envidia debe tenerle Evo Morales por esa lógica impecable que pasa de lo inútil a lo mendaz y tonto!
Para ser otra Suiza (a los mazis les encanta ese país), Bolivia sólo tiene que esperar que llegue el desarrollo. La lección es que hay que ser comprensivo y tener paciencia sin pensar mal, tal cual implica Félix Ajpi, senador del MAS: “Le están cargando los 10 mil muertos al Gobierno, el boliviano tiene que tratar de no llegar al hospital, el Gobierno tiene limitaciones, no puede atender a los 11 millones de bolivianos a la vez”.
¿Estamos en buenas manos? Adivina adivinador. Y, si aciertas, podrás resolver, sin leer a Francisco de Quevedo, la “jerigóngora” siguiente. El “hermano mayor” tiene XXX años y su “novia” la mitad de la mitad y un poquito más. ¿A qué hora fue el “golpe de Estado”? Mejor pregunta a un “mazista” y te dirá que vivimos bien y felices en el tiempo del Huevo y su huevito. En el “proceso de cambio” la inteligencia está exiliada con la reina Prudencia, la ignorancia de fiesta y Bolivia se nos muere…
Concuerdo en que somos lo que hacemos, aunque a veces lo que no hacemos nos define mejor. ¿Hará algo el presidente Luis Arce Catacora? Los médicos le aconsejan que no hay que burlarse de la salud ni despreciar la vida.
Una cosa es la crisis sanitaria que desnuda carencias y limitaciones estructurales que debemos enfrentar con seriedad y responsabilidad. Otra, que un hijo del pueblo, para no herir sensibilidades, nos pida “aguantar” lo inaguantable sin despejar la duda: ¿cómo aguantan los muertos? Todos tenemos derecho a la estupidez de vez en cuando, pero no hay que abusar porque se hace vicio. Catorce años fueron suficientes… y Bolivia se nos muere... Vale.
El autor es economista y filósofo
Columnas de GUSTAVO V. GARCÍA
















