“Mr. President” canta en pandemia
"Where are the sexy ladies?", gritaba el cantante del grupo alemán, Mr. President, en un escenario surrealista en Sabaya, Oruro, en medio de una pareja de elegantes cholitos que lanzaban mistura al público y acompañaban con platillos la canción Coco Jamboo. El show formaba parte de un festejo que concentró a una gran cantidad de gente –y de virus– en honor a San Felipe, patrono de esa localidad, y que aconteció a principios de mayo.
La dudosa fortuna de los pasantes de ese preste provoca menos malestar que la organización de un evento público de cuatro días en el peor momento de la pandemia, repleto de borrachos que brindan y beben del pico de la misma botella, escupen sus penas y fantasías en la cara de sus interlocutores, y tras la resaca se suben al transporte público y asisten al trabajo sin remordimiento.
En este país es fácil transgredir las normas abiertamente, si es que se cuenta con los padrinos adecuados. Otro ejemplo indignante es la concentración masiva de militantes del MAS en Cochabamba que se dio el pasado 17 de abril, por la “defensa de la democracia y del gobierno central ante presuntos afanes desestabilizadores”, después de la tremenda tunda que su partido recibió en las elecciones subnacionales. Participó nuestro Mr. president, Luis Arce, y se convirtió por lo tanto en corresponsable de la tercera ola de contagios y muertes que está arrasando Cochabamba. “No nos mueve el odio, no nos mueve la venganza, sólo un afán inquebrantable de justicia”, dijo, y compartió el micrófono con Evo Morales, justamente una caricatura odiadora, vengativa y manipuladora de la justicia, que, por cierto, hace pocos días, asistió visiblemente resfriado a una entrevista en radio Kawsachun Coca, y estornudó varias veces en una cabina estrecha, sin barbijo ni distanciamiento con el embelesado conductor del programa Evo es pueblo, líder de los humildes.
Pero a Mr. President no lo desestabiliza la oposición –que es más bien débil y no tiene un proyecto alternativo consistente y de carácter nacional–, sino su propio partido, aún liderado por el caudillo depuesto y sus disparatados exministros, y condicionado por sindicatos poderosos y atropelladores que lo hacen tomar las decisiones más incoherentes y absurdas. La última: instruir a la Policía a no sancionar a quienes vulneren las restricciones contra la Covid-19. De esa manera desconoce las autonomías y desautoriza frontalmente las medidas contra la pandemia establecidas por los gobiernos subnacionales, y, además, alienta al desacato justo cuando el virus nos devora y escasean el oxígeno, los medicamentos y las UTI. No alentamos persecuciones, dicen, y en ese instante José María Bakovic se revuelca en su tumba.
Está muy claro que la nuestra es una sociedad que necesita sanciones para comportarse de manera civilizada. Nuestra población es ignorante y sumamente irresponsable, y está repleta de vivillos que no le tienen miedo a la ley y que buscan sacar ventaja en todo momento. En la pandemia, abundan los imprudentes que, envenenados por los líderes del MAS, confunden el virus con una pulseta política, le dicen “pitita” a quien usa barbijo, y se pasean campantes, esparciendo aerosoles virulentos por donde van. Tampoco es menor el número de insensibles que se aprovechan de la desesperación de las personas y revenden en las redes, a precios exorbitantes, los medicamentos para paliar los efectos del coronavirus.
El Gobierno del MAS no tiene una actitud ni un discurso coherente respecto de la pandemia, es lento en su reacción, no toma decisiones racionales, obstaculiza las medidas de las gobernaciones y los municipios, y luego les echa la culpa de la catástrofe. Así, el país se derrumba al ritmo intenso de Coco Jamboo, fusionado con platillos y zampoñas, y con Mr. President batiendo palmas y gritando: "sexy ladies, make some noise!".
El autor es arquitecto, lemadennis@gmail.com
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