Europa podría prescindir de los combustibles rusos
Si bien es poco probable que ahora la OTAN relegue los combustibles de Rusia porque sus efectos se sentirían más allá de la invasión a Ucrania y de la inminente toma de su capital, sí es posible hacerlo. Está visto que las sanciones económicas son insuficientes para evitar este trágico desenlace, a pesar de que la condena mundial es imparable contra el abuso de las armas rusas.
Tampoco sería raro que Rusia decida de motu proprio recortar los suministros de gas a Europa como ya lo hizo con más de 200 productos, en represalia por su apoyo a Ucrania y más ante la inactividad bélica de sus miembros en el conflicto.
Rusia es el segundo productor mundial de petróleo (11,3 millones de barriles al día, MMBls/D) después de EEUU y es el segundo exportador mundial (después de Arabia) con 5 MMBls/D. El 60% de estas exportaciones se dirigen a los países de Europa. Europa importó 4,5 MMBls/D (34% de sus importaciones) de petróleo ruso a través del oleoducto Druzhba que atraviesa Ucrania.
Europa también importa gas natural de Rusia: el 40% de su consumo, equivalente a un promedio diario de 380 millones de metros cúbicos al día, MMm3/D (no incluye alrededor de 40 MMm3/D de gas enviado en barcos metaneros). También importa de Rusia el 30% del petróleo que consume.
EEUU no tendrá los problemas que enfrentaría Europa en caso de paralizarse los suministros por parte de Rusia. EEUU el año pasado sólo importó el 3% de todo su petróleo: es el mayor productor de petróleo y de gas del mundo y puede fácilmente sustituirlos con hidrocarburos de otras fuentes. La única dificultad que enfrentaría la administración Biden es la subida de precios de los combustibles, ya que al ser importador es también vulnerable a las subidas de precio y a la inflación, sobre todo porque en noviembre tiene elecciones de medio término y los demócratas podrían perder el control del Congreso.
Europa sería la más vulnerable por su dependencia de los combustibles fósiles; aunque lidera la lucha contra el cambio climático, no ha desarrollado suficientemente la energía limpia como para enfrentar el cambio.
Según la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés), el mayor destino de las exportaciones de petróleo y gas rusos en 2020 fue Europa (48% de petróleo y 72% de gas); Alemania es el mayor destinatario del gas ruso y Holanda y Alemania comparten el primer lugar del destino del petróleo ruso. Sólo las exportaciones rusas de carbón fueron en menor proporción a Europa (31%). En gran medida, los ingresos de Rusia dependen de las exportaciones de combustibles, especialmente a Europa. En 2021 recibió 250 billones de dólares (B$us) por la exportación de estos combustibles, es decir, el 17% de su Producto Interno Bruto. Este el único motivo por el que sigue exportando combustibles.
El primer impacto de un corte de suministro o de una prohibición a la importación de combustibles de Rusia sobre los países de la OTAN será la elevación de precios; esto ya se experimentó el otoño pasado cuando Rusia disminuyó su exportación de gas a Europa: se produjo una baja de reservas y el alza de tarifas eléctricas y ahora que EEUU acaba de prohibir la compra de petróleo hubo un salto en el precio del crudo por encima de 130 dólares por barril.
El segundo efecto será la escasez de combustibles y sus consecuencias. Sin embargo, se da por descontado que la crisis no sería de la magnitud del embargo petrolero de los países árabes de octubre de 1973, que se prolongó hasta marzo de 1974, que elevó el precio del petróleo en 300%, lo que motivó que los países afectados tomen medidas preventivas como la creación de la IEA, la creación de reservas petroleras estratégicas de considerable magnitud y la diversificación de fuentes de energía, entre otras.
A la fecha, hay cambios que deben ser tomados en cuenta: la energía nuclear ha tenido un considerable desarrollo, igualmente las fuentes de energía renovable (eólica, solar, hidrógeno) para la eliminación de emisiones de gases contaminantes del medio ambiente, que siendo aún insuficientes buscan la sustitución de los combustibles fósiles, especialmente del carbón.
Las fuentes alternativas de suministro tanto de gas como de petróleo han dejado de ser monopolio de los países árabes. Australia, Brasil, Argentina y varios otros países de Sudamérica y de África se han erigido como nuevos poseedores de grandes reservas que se encuentran en pleno desarrollo, pero que ya pueden aportar volúmenes adicionales para cubrir el déficit que podrían dejar los suministros rusos.
La IEA ya presentó un plan de 10 puntos para reducir el consumo de gas ruso significativamente en el curso del año.
Las alianzas entre los países democráticos del mundo y su plena disposición a compartir los recursos disponibles existentes son otros factores positivos en estos difíciles momentos.
Columnas de HUGO DEL GRANADO COSIO

















