Inflación, recesión y crisis energética
Una de las principales causas de la inflación que vive el mundo se produjo por la expansión monetaria de los bancos centrales para impulsar sus economías. Estas medidas están dirigidas a hacer que el dinero sea menos costoso e incentivar el gasto y las inversiones. Por el contrario, una política de ajuste se implementa para reducir el crecimiento económico, disminuyendo los prestamos e incentivando el ahorro interno. Por lo tanto, la manera de combatir la inflación es reduciendo la disponibilidad de efectivo en el mercado, lo que se logra mediante varias medidas entre ellas la elevación de las tasas de interés, el recorte de emisión de billetes y la reducción del gasto, factores que pueden terminar en recesión con nueva inflación o “estanflación” (estancamiento con inflación), si no se guardan los equilibrios entre ambas medidas. La recesión puede originar nuevamente la expansión monetaria y convertirse en un círculo vicioso.
Actualmente, en los mercados mundiales, el combate a la inflación está despertando los temores a la recesión con la consiguiente bajada de los precios de las materias primas, desde los altos precios de junio pasado.
La inflación tiene como una de sus causales la crisis energética, su transición y la subida de precios. Los precios de la energía y de los combustibles son vulnerables a las crisis globales, a los problemas geopolíticos y a las guerras; incluso meses antes de la invasión rusa a Ucrania, en diciembre de 2021, los precios del WTI subieron de 71 $us/BL a 92 $us/Bl en febrero de 2022 y a 115 $us/Bl en junio.
En Estados Unidos el consumidor está pagando 33% más que el año pasado por diésel y combustible de calefacción, 44% más por el gas natural y 11% más por los alimentos. Estos factores se expresan en la elevación del Índice de Precios al Consumidor (CPI, por sus siglas en inglés). En Europa, debido a los recortes de los suministros rusos de petróleo y gas, los precios de la energía y del gas han tenido elevaciones mayores y los precios de la electricidad se multiplicaron por 10 en el último año. En América Latina se han contabilizado también subidas drásticas de los combustibles; así, entre julio de 2021 y julio de 2022 el precio de la gasolina y del diésel subió en Chile el 32 %, en Perú el 53%, en Brasil 6% y en Colombia y México más del 7%.
Para atenuar la situación, los gobiernos subvencionan los combustibles y los alimentos a través de Programas de Seguridad Social (Social Security programs, que están ligados a CPI), subsidios directos, fondos de estabilización, reducción de impuestos y en Latinoamérica a la mancipación de precios a través de empresas estatales.
La elevación de los precios de la energía se debe en gran parte a la elevación del precio del gas natural que ha superado todas las demás fuentes de energía en la matriz energética mundial, particularmente en Europa. Esto acarrea repercusiones financieras por la incertidumbre y la volatilidad de los mercados. Se debe tener en cuenta que, pese al descenso de precios de los combustibles en los últimos dos meses, las alzas de todos los demás insumos no bajan en la misma proporción. La UE está preparando planes para intervenir en el mercado de energía, lo que significaría una revisión de las políticas energéticas incluyendo impuestos sobre ganancias extraordinarias (windfall tax) de las empresas de energía. Todo indica que el acuerdo de invertir 281 billones de euros para aligerar el impacto de la subida de precios ha sido insuficiente y se teme que haya movimientos sociales de protesta.
Sin embargo, todos los problemas señalados, incluyendo la inflación, tuvieron un dramático agravamiento con la invasión a Ucrania y la reducción de los flujos de gas y de petróleo a Europa. De acuerdo a la IEA el flujo de gas ruso a Europa se redujo de 400 millones de metros cúbicos al día (MM3/D) en febrero de 2022 a 90 MM3/D a mediados de julio. La IEA sugiere medidas tales como proceder a subastar el gas contratado por el sector industrial a cambio de compensaciones, minimizar su uso en el sector de generación, fortalecer la coordinación entre operadores, disminuir la demanda de electricidad en los hogares mediante nuevos estándares y armonizar planes de emergencia a nivel nacional y europeo. Todas estas sugerencias serán irrelevantes si es que no se reponen los niveles mínimos de reservas de gas, si no se ponen en marcha las centrales nucleares en mantenimiento y si no se comprometen nuevas fuentes de suministro de LNG para el próximo invierno que, de no materializarse lo anterior, en este corto espacio de tiempo, será crítico.
La urgencia impostergable del momento es la crisis energética en Europa, antes que el control de la inflación, la transición energética, el control de las emisiones o el cambio climático.
Columnas de HUGO DEL GRANADO COSIO


















