Una grotesca ilustración de la historia
Investigaciones históricas enseñan que existen algunos “servicios públicos” que son verdaderamente deshonrosos en su cumplimiento, llamándonos la atención por infamante un caso en particular practicado en la época del rey de Inglaterra Enrique VIII.
El caso en sí refiere el gran poder que acumulaban ciertos hombres que realizaban servicios “especiales” para el Rey. Había un trabajo en especial de baja categoría que mientras más íntima era esta función le proporcionaba inmenso poder al servidor, puesto que se convertía en hombre de íntima confianza del soberano.
En cualquiera de sus palacios en el que se encontrara Enrique VIII, su cámara privada, la suite de habitaciones con su dormitorio era como el santuario de su interior y los mozos de cámara de mayor confianza no sólo eran los amigos de Enrique VIII, sino que eran los que le ayudaban a vestirse.
Ahí dentro en el lugar más íntimo donde hacía sus necesidades el Rey existía un sirviente al que se lo llamaba “mozo del taburete” al que tiempo después se lo llamó “mozo de las heces”, era el hombre que le ayudaba al rey cuando hacía sus necesidades.
Este sirviente tenía también a su cargo la ropa blanca, las joyas y la vajilla del Rey. Uno de sus deberes era el de conseguirle mujeres y concertar citas con ellas.
Enrique VIII confiaba tanto en estos hombres que los llamaba “los principales caballeros de la cámara”.
Pero había uno que sobresalía, era el “hombre del taburete”, era el de más confianza íntima, por eso Enrique VIII le otorgó a este su sirviente estar a cargo de lo que se llamaba el “bolso privado”, es decir, era nada menos que el tesorero personal del Rey. De hecho, prácticamente dirigía la política fiscal de Inglaterra.
Enrique VIII, debido a un abusivo régimen fiscal impuesto por él, se hizo inmensamente rico junto con el gobierno y el que dirigía esa riqueza era nada menos que el mozo de las heces de tal forma que cambiarle la ropa al rey y ayudarle en sus necesidades íntimas era la mejor manera de acumular poder, aunque algunas veces podía costarle la cabeza.
El primer mozo de las heces que le limpiaba el trasero a Enrique VIII y que además supervisaba las evacuaciones intestinales del Rey, para asegurarse que gozaba de buena salud, fue un amigo que tenía desde la infancia y este su amigo de toda la vida tuvo el honor de ser el limpiador de su trasero habiéndose hecho inmensamente rico, administraba más propiedades reales que todos los demás cortesanos juntos.
Este primer mozo de las heces murió de una enfermedad, habiéndole sucedido otro mozo. El último en ocuparse de las intimidades de Enrique VIII fue un protestante extremo que se alió con Cromwell y se convirtió tiempo después en un cortesano.
Nos preguntamos si en nuestro tiempo seguirán existiendo los “hombres del taburete”; lo único que sabemos es que existen algunos que son capaces de utilizar los medios más bajos para conseguir ventajas, algunos (as) son sirvientes (as) de un político y al día siguiente lo son de su adversario sin rubor alguno, no importando el tipo de servicio que le presten al líder o jefe.
Columnas de GONZALO PEÑARANDA TAIDA



















