El gigantismo ocioso del Parlamento
Se dice que es apremiante achicar el Estado por contener una burocracia parasitaria que no cumple labor administrativa alguna y menos productiva.
Pero pareciera que esta visión se circunscribe únicamente al Órgano Ejecutivo y a las empresas estatales improductivas cuando este mal infecta a casi toda la institucionalidad pública.
Por de pronto corresponde dirigir la mirada a la llamada Asamblea Legislativa Nacional, ámbito en el que existen aspectos intolerables por su mediocridad -para decir lo menos- y su improductividad competencial.
Simplemente recuérdese que existen 166 asambleístas (36 senadores) (130 diputados) y otro igual número de suplentes, es decir existen 332 parlamentarios (¡!), de los cuales la mayor parte no hace nada a los que se añade el regimiento de funcionarios de “apoyo”.
Por lo demás hay una carga pesada referida al mantenimiento de nada menos dos edificios inútiles. Todo pagado por el ciudadano.
El sueldo “nominal” mensual de los asambleístas titulares es de Bs 22.633, mientras que los suplentes ganan Bs 7.544.
Cada parlamentario recibe un teléfono celular, se les reconocen viáticos, pasajes de ida y vuelta a sus regiones, a muchos se les asignan automóviles, etc. y encubiertamente los oficialistas y tránsfugas reciben además “plus” mensuales equivalentes a su “sueldo”, sin contar con las demás cartas y espadas que corren secretamente.
La abundante falta de sesiones de la ociosa Asamblea y la continua inasistencia de los asambleístas es descarada y cuando funciona es común escuchar palabras procaces e infamantes más patadas y puñetes repartidos democráticamente sin “discriminación” de raza ni de género en un ámbito “plurinacional”.
El lector ni siquiera sabe quiénes son los llamados nuevo “diputados supraestatales” y sus nueve suplentes, ni para qué sirven, sin embargo ha votado por ellos, dícese que tendrían la función de “actuar” ante organismos parlamentarios supraestatales, nadie sabe qué es lo que hacen, su sueldo y viáticos pueden incrementarse de acuerdo a los viajes que realicen, en verdad viven de no hacer nada, siempre pagados por el pobre ciudadano.
No existe ningún fundamento para mantener tan abultado número de parlamentarios, siendo más que suficiente que cada departamento cuente con cuatro diputados titulares y cuatro suplentes, sumando 72 diputaciones en total y; tres senadores por departamento con tres suplentes, sumando 54 senaturías.
Redondeando, de 332 parlamentarios se reduciría a 126 asambleístas, ingresándose en un plano de austeridad racionalizándose el gasto fiscal y cualificándose la labor parlamentaria.
Desde luego que sería un absurdo pensar que esta reorganización la realicen los propios parlamentarios observados, este asunto debe ser tratado en una Asamblea Constituyente junto a otros temas cruciales que implican una reforma constitucional a fondo para que Bolivia deje de ser un “riesgo país”.
El autor es jurista
Columnas de GONZALO PEÑARANDA TAIDA
















